julio 23, 2019

Evo Morales participó en 2006 en el Programa de Transición al Socialismo del Siglo XXI. Superar el capitalismo con el Socialismo del Siglo XXI

por: Heinz Dieterich *

La absoluta mayoría de los seres humanos quiere vivir en una sociedad que les proporciona democracia, autodeterminación, protección de la naturaleza, un aceptable nivel de vida económico mediante un trabajo estable y un sentido real de la vida. Los levantamientos populares en los países árabes lo demuestran una vez más, como antes lo habían mostrado las insurrecciones populares de la Patria Grande que pusieron en el poder a los gobiernos de Evo, Correa y Chávez, entre otros.

Esas insurrecciones populares exitosas son la mitad del progreso que los pueblos anhelan. La otra mitad está en el proyecto de desarrollo que escogen y en el equipo gubernamental al que le encargan la construcción del futuro. Entre los proyectos de desarrollo posibles que pueden escoger están el capitalismo neoliberal, el capitalismo socialdemócrata (keynesiano) o desarrollismo, el Socialismo del Siglo XX y el Socialismo del Siglo XXI.

Por experiencia y razón rechazan al neoliberalismo, que es la negación de su existencia y dignidad; ya no pueden optar por el Socialismo del Siglo XX, el modelo soviético, porque como dijo Fidel, ya ni siquiera les sirve a los cubanos. Queda la Tercera vía, el capitalismo socialdemócrata o desarrollismo criollo que, de hecho, es la vía que todos los gobiernos progresistas de América Latina (Bolivia, Venezuela, etc.), han adoptado y que para la región ha sido bautizado por Álvaro García Linera como «capitalismo andino». En el mejor de los casos, ese modelo puede llevar a un régimen como en Costa Rica o Chile, es decir, una economía de mercado con un Estado parlamentario y ambos dominados por el gran capital del país y las corporaciones transnacionales. En el peor de los casos, recae en el neoliberalismo.

La experiencia de la historia y de la última década de la Patria Grande indican, que los movimientos populares que no quieren luchar por un régimen de este tipo, tienen una sola vía abierta, que podemos llamar la Cuarta Vía a la Liberación. Esa consiste en el desarrollo simultáneo de la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin, es decir, ciertos elementos de la economía de mercado, con el socialismo del futuro, el Socialismo del Siglo XXI.

¿Qué es el Socialismus del Siglo XXI?

Los ignorantes, los reformistas y los propagandistas de la burguesía cacarean por el mundo que no se sabe todavía qué es el Socialismo del Siglo XXI, y que por tal razón no se puede implementar. Mentiras. El Socialismo del Siglo XXI es un cuerpo teórico o paradigma científico de la sociedad postcapitalista, desarrollado por científicos del mundo entero, que ha identificado las principales instituciones económicas y políticas en que se basa esa civilización superior a la capitalista burguesa. Es decir, que ha identificado el ADN de la evolución social del género humano que determinará su desenvolvimiento en el Siglo XXI.

O, para decirlo con el lenguaje de Marx y Engels. Hoy día, conocemos los principales elementos del Modo de Producción del Socialismo del Siglo XXI, así como el tipo de superestructura (Estado, cultura) que lo acompaña. Y, al conocer esa estructura y dinámica básica de la sociedad y del Estado poscapitalista, es decir, el objetivo estratégico de nuestra lucha, la ciencia nos proporciona también la posibilidad, de trazar sistemáticamente el programa de transición que nos llevará a esa nueva civilización.

Ese programa de transición al Socialismo del Siglo XXI ya ha sido elaborado y publicado por el Bloque Regional de Poder Popular (BRPP) —que fundamos en 2006 con 5 mil participantes y Evo Morales en Sucre, Bolivia (ver www.socialismoxxi.org)— para América Latina y la Unión Europea. La sección de científicos críticos del BRPP se constituyó después en la «Asociación de Científicos para una Economía Política Socialista» (SSPE), y entre ambas organizaciones hemos formado la Tricontinental del Socialismo del Siglo XXI, que potencia el trabajo en la alianza entre las organizaciones respectivas latinoamericanas, europeas y de China.

No hay pretexto, por lo tanto, salvo los intereses de clase de los gobernantes y de sectores de la inteligencia, de no iniciar la construcción del Socialismo del Siglo XXI, simultáneamente con el desarrollismo burgués, que los gobiernos progresistas de América Latina hoy practican.

Socialismo XXI: fase superior del Socialismo del Siglo XX

El Socialismo del Siglo XXI tiene una historia evolutiva de doscientos años (bicentenaria), en la cual se pueden distinguir cuatro fases de desarrollo. Su fase fundacional se remonta a los tres países industriales más avanzados de Europa, Gran Bretaña, Francia y Alemania, después de la Revolución Francesa. Con la obra de Marx y Engels el socialismo de la época moderna entró en su fase de madurez. Los dos genios unificaron las aportaciones individuales y nacionales a la propuesta antisistémica en un sofisticado modelo científico de las leyes de desarrollo de la sociedad humana. Este segundo estadio evolutivo del socialismo moderno se conoce como «materialismo dialéctico histórico». Siete décadas después, la Revolución Rusa, conducida por el más brillante revolucionario y científico marxista de su tiempo, V.I. Lenin, creo el Socialismo Práctico o Socialismo del Siglo XX. Esa tercera fase de la evolución del socialismo termina con la caída del modelo soviético (1990) y abre el camino al cuarto estadio de evolución del anticapitalismo moderno: el Socialismo del Siglo XXI.

La relación entre los cuatro estadios del socialismo moderno no es de ruptura, sino de evolución. Esa afirmación se entiende con facilidad con los conocimientos de la física y biología avanzada que nos han revelado las leyes generales del movimiento de la realidad. En esa perspectiva, dialéctica materialista, la revolución no es la contradicción de la evolución, sino su ultima ratio (último medio).

Las diferencias entre el Socialismo del Siglo XX y del Socialismo del Siglo XXI son tan grandes como las que existen entre un niño y un adulto, tanto en lo referente a los dos modos de producción, como en cuanto a sus formas de democracia y Estado, como ilustran algunos ejemplos.

La regulación y dirección de la economía del «socialismo realmente existente» se realizaba via una combinación de precios administrativos y precios de mercado, no mediante el valor de trabajo y el intercambio de equivalencias. Los precios administrativos fueron determinados por el Estado a raíz de consideraciones sociales, políticas y militares y, en forma secundaria, económicas. Los precios de mercado se tomaron del mercado mundial y se adecuaron a los parámetros nacionales.

La no-determinación del valor de los productos y servicios por su valor de trabajo ( time inputs ) y su respectivo intercambio por el principio de equivalencia, significaba en la economía monetarizada del «socialismo realmente existente» que no se podía abolir el sistema de trabajo asalariado. Significaba también que los trabajadores no tenían el derecho al pleno valor creado por su trabajo, sino solo a la parte salarial y algunos servicios sociales que las elites les asignaban. Pero, si no se acaba con el trabajo asalariado, como insistían Marx y Engels, no se puede acabar con el capitalismo; como tampoco se puede acabar con él mediante la estatización de los medios de producción, sino sólo mediante su socialización (Vergesellschaftung). Hoy sabemos que esa socialización tiene que ser trimodal: planificación y ejecución democrática, valorización por el tiempo de trabajo e intercambio de equivalencias.

El tipo y el volumen de los «fondos socialmente necesarios » como salud, educación, defensa etc., no fueron decididos por las mayorías, sino por las elites. El Socialismo del Siglo XX, al igual que el capitalismo, no permiten que las mayorías deciden por plebiscito, por ejemplo, las tasas de impuestos, ni tampoco, si prefieren impuestos directos o indirectos

La propiedad y el poder fáctico sobre el plusproducto social es ejercido en «el socialismo realmente existente» por el Estado, no por los productores inmediatos. Pero, el Estado es siempre una estructura de violencia que responde a la distribución del poder de la sociedad. Cuando las elites se enajenan de las mayorías, éstas dejan de ver al Estado como su Estado. En consecuencia, la fábrica, la tierra y los servicios de la economía estatal se convierten en una fuerza externa alienada e impositiva. Sin identificación entre trabajadores y propiedad productiva no se defiende el sistema cuando entra en crisis. Por eso, los trabajadores del «socialismo realmente existente», como en Polonia, actuaron ante la caída del sistema como los campesinos hindúes ante las conquistas externas: con indiferencia atentista o inclusive, como protagonistas de su destrucción.

* Heinz Dieterich nació en 1943 en Alemania. Estudió sociología y economía hasta el doctorado en la RFA. Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, Ciudad de México. Varios doctorados honoris causa. Treinta libros publicados.

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