abril 25, 2019

La nueva empresa pública

por: Miguel Angel Morales *

Los economistas de la oposición elevan el grito al cielo advirtiendo que el nuevo modelo no tiene nada de nuevo, que se está volviendo al ya conocido y fracasado ‘capitalismo de estado’, creando por doquier empresas públicas. Advierten que se está reviviendo a los elefantes blancos, empresas deficitarias que generaron enormes pérdidas para el Estado.

La teoría económica liberal esgrime numerosos argumentos para afirmar que el Estado no debe ni puede meterse en la actividad económica, no debería tener empresas que participen en el mercado.

El Estado debe ser un regulador de la economía

 

Desde el punto neoliberal el Estado tiene un rol limitado en la economía: garantizar la libre competencia, hacer cumplir las leyes, regular, ser el árbitro pero no el jugador. Los jugadores son los empresarios privados, que están en competencia por ganar más plata, y al hacerlo generan empleo y traen el bienestar para el país. Y como en el país no hay buenos jugadores, se traen refuerzos del exterior, el capital transnacional.

Sin embargo, la historia reciente del país muestra que este rol limitado del Estado en la economía no trajo el esperado bienestar para los bolivianos. La mano invisible de la economía concentró la riqueza en pocos bolsillos.

Los empresarios, haciendo su trabajo, que es ganar plata, no lograron generar suficientes empleos, los beneficios del desarrollo quedaron concentrados en pocas manos, el excedente económico se exportósin generar inversión local. Por ganar más plata, priorizaron el mercado externo provocando una severa escasez alimentaria, con dolorosas consecuencias sociales e imprevisibles desenlaces políticos.

El capital transnacional que llegó en refuerzo de los nacionales se ubicó en la explotación de minerales e hidrocarburos, que son la base de la economía nacional; más de la mitad de los ingresos púbicos provenía de los impuestos que se pagan en este sector, aspecto que despertaba susceptibilidades e inquietudes. El dejar los sectores estratégicos de la economía en manos extranjeras pone en riesgo la soberanía de cualquier gobierno.

En consecuencia, en el modelo actual el Estado tiene un papel mucho más activo en la economía. Se han creado y reconstituido empresas públicas en sectores estratégicos, que participan directamente en mercados de bienes y de factores, compensando distorsiones y generando nuevos equilibrios económicos con mayor justicia social y equidad.

El Estado es mal administrador

 

Se cree que, por definición, el Estado es un mal administrador, que las empresas públicas terminaran siempre en quiebra. En cada rincón del país se encuentran restos de empresas públicas creadas en el pasado y de las que sólo quedan infraestructuras abandonadas, monumentos a la ineficacia y la corrupción.

Se cree que la ineficacia y la corrupción son enfermedades congénitas del Estado, son males que están presentes en todas instituciones públicas. Pues nada más falso e injusto. Nadie puede negar que, en este y en anteriores gobiernos, existen funcionarios expertos en estas andanzas; pero tampoco se puede negar que, en este gobierno y también en otros, han existido servidores públicos ejemplares, honestos y eficientes. No se puede generalizar.

Por otro lado, al acusar al Estado de mal administrador se da a entender que el sector privado es buen administrador. Ya quisiéramos que sea así, pero lamentablemente tampoco es cierto, porque dentro del sector privado también la corrupción y la ineficiencia hacen su agosto.

En realidad, la ineficiencia y la corrupción son los enemigos número uno de cualquier empresa, sea pública o privada. Y cada quien debe luchar contra estos males con tratamientos y remedios propios.

La nueva empresa pública

 

El gran desafío del gobierno es lograr que las nuevas empresas públicas sean rentables y sostenibles, que no caigan en los mismos errores del pasado, en la ineficiencia y corrupción.

Existen dos medidas que permiten ser optimistas. Por un lado se ha promulgado la ley Marcelo Quiroga Santa Cruz, que castiga de manera severa la corrupción y el mal uso de los recursos públicos. No hay duda que el nuevo marco legal es un factor disuasivo importante para los ‘vivos’.

Sin embargo, como se dice en Bolivia, hecha la ley, hecha la trampa; existen siempre mecanismos para burlar la ley y ocultar los negociados. Por ello que la Constitución ha previsto la vigencia del control social. Gracias a ello, el ciudadano común, sin necesidad de ser autoridad o licenciado, podrácontrolar cómo se manejan los recursos públicos. Por ahora, el control social no ha sido implementado, pero es una necesidad inevitable para consolidar la nueva empresa pública. El ojo del ciudadano deberá jugar el rol el mismo rol que juega el ojo del patrón en la empresa privada.

El desafío consiste en diseñar, en cada empresa, el mecanismo de control social adecuado, capaz de cumplir efectivamente la función de vigilancia sin que se constituya en un órgano de extorsión y enriquecimiento de los delegados.

Tanto el control social como la ley anticorrupción son necesarias pero no son suficientes para lograr que las empresas públicas sean exitosas. Es necesario además asegurar que el personal contratado en las empresas sea el idóneo.

Al seleccionar al personal para la empresa ya no debe importar si el candidato ‘tiene derecho’ porque trabajó en la campaña electoral, o si tiene recomendaciones del diputado; se debe descartar esa vieja práctica que llevó al fracaso de la vieja empresa pública y reemplazarla por una nueva que seleccione al personal por su formación y experiencia, por su idoneidad.

En el caso de la empresa pública, en particular, es fundamental que la gerencia esté a cargo de una persona honrada y competente, experta en el tema.Ojo, la experticia no siempre está garantizada por altos estudios universitarios. En nuestro país existen personas honradas que sin haber terminado el colegio son mejores expertos en negocios que algunos masterados en el exterior.

Pero además de la experticia es necesario que el personal tenga un claro compromiso con la empresa pública, que su prioridad sea fortalecerla y no así favorecer a la empresa privada, o priorizar sus bolsillos, como sucedía en la mayoría de las empresas públicas del pasado.

En síntesis, lo que cuenta son las personas. La nueva empresa pública requiere, para alcanzar el éxito, personas con una mentalidad nueva basada en sólidos principios de búsqueda del bien común, la verdad, la justicia y la excelencia.

*     Economista, mig.morales@yahoo.com

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