julio 23, 2019

Circuito coca cocaína descontrolado

La explosión de tráfico de drogas dentro del territorio nacional, del paso de la ilegal mercancía utilizando Bolivia como tránsito y de la exportación ligada a clanes de mafia internacional, ligadas a la vez con espacios estatales, evidencia que el circuito coca cocaína salió de todo control.

Hace casi dos décadas nos opusimos a los abusos contra los cocaleros bolivianos, sobre todo en las provincias cochabambinas, pues la lucha contra las drogas se concentraba en el eslabón más débil: los campesinos. Era claro, además, el doble discurso de Estados Unidos y de varios socios europeos que no admitían con el mismo énfasis su responsabilidad en el creciente mercado de estupefacientes.

Es útil recordar de forma permanente que el auge del consumo de drogas está relacionado con la guerra de Viet Nam, el envío de tropas invasoras a Indochina y la poco disimulada repartija de marihuana y de cocaína a los jóvenes soldados, enloquecidos en una selva que nunca entendieron. El uso de los derivados de la amapola está ligado a guerras imperiales fomentadas desde el Siglo XIX por Gran Bretaña. Otras invasiones modernas, disimuladas o directas, a Jamaica, a Panamá, también tuvieron el componente de la lucha contra las drogas. Un asunto intocado es el de los bancos y de las regiones que prosperan con un modelo de libre mercado porque acogen sin muchas preguntas dólares dudosos.

Ahora, la batalla es distinta, más triste de alguna forma, porque nos muestra que la ambición no es sólo parte de los neoliberales capitalistas sino que alcanza al indígena.

Los ejemplos de acusados de narcotráfico en un puñado de meses son abundantes: la familia de Margarita Terán, que creímos combativa antiimperialista; el Mallku, que retratamos como sabio aymara; el alcalde rural, que pensábamos nuevo líder de los pobres; el asesor de un ex senador oficialista. Ahora, un grupo de policías, pescados “in fraganti” como señala su propia jerga. Un general y varios oficiales, retratados con la imagen del propio Presidente de la República, responsables de tareas de inteligencia y espionaje, con altos puestos en la estructura del mismísimo Ministerio de Gobierno.

Mientras, lo repetimos desde 2007, crecen los cultivos de coca, a simple vista, distorsionando el paisaje yungueño, la economía campesina, la provisión de productos tropicales y cítricos que ahora llegan desde Perú. Hay demasiado dinero que nadie explica de dónde sale, demasiadas fortunas emergentes.

Las soluciones contra el mayor negocio de la globalización —la cocaína— son complejas y no las tocamos en este pequeño artículo. Mientras tanto, no podemos cerrar los ojos al daño irreparable que penetra a la sociedad boliviana, sus valores, su capacidad productiva y su seguridad alimentaria, su gobierno. (Recordar a Tito Solari.)

Admitir un cato por cocalero pareció una demanda justa; hoy esto aparece descontrolado y la cantidad de coca cultivada obviamente fomenta fábricas de cocaína. Las ofertas de otros usos, algunos tan acertados como las pomadas, no son alternativas.

El circuito alcanza comunidades originarias en diferentes fronteras y se escuchan demasiadas historias de las mega redes, en las que el campesino también quiere ganar sus dólares (1.500 por cada kilo blanco), igual que dirigentes, autoridades, policías y funcionarios.

Y aunque cueste admitir, la falta de control internacional (DEA y otros) facilita las transacciones.

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