diciembre 9, 2019

Las causas del golpe fascista

Para entender las causas y los orígenes y del golpe de Estado del 21 de agosto de 1971 es imprescindible referirse a algunos antecedentes del proceso político de aquellos años, tanto en el plano nacional como internacional. El momento más importante en el plano interno es, sin lugar a dudas, octubre de 1970. Pero este no aparece en el tiempo porque sí. Fue un periodo de gran inestabilidad política. Dos años antes se produjo el ascenso del Gral. Alfredo Ovando mediante el clásico expediente del golpe. Mas de inmediato se notó una diferencia con los golpes “clásicos”. Éste venía acompañado de un “Mandato Revolucionario de las Fuerzas Armadas” encabezando un gabinete con dos alas muy diferenciadas: el ala civil donde estaban presentes gentes de que habían adoptado posiciones progresistas: Marcelo Quiroga Santa Cruz, Edgar Camacho Omiste, José Ortiz Mercado, José Luís Roca. En la otra ala, la militar, estaban personajes como Juan Ayoroa Ayoroa. Ni todos los civiles eran probadamente progresistas ni todos los militares eran “gorilas”, según la terminología de la época.

La medida más importante del gobierno de Ovando fue la nacionalización de la transnacional Gulf Oil Co. Para quienes no conocían los remotos antecedentes ideológicos de Ovando esta medida fue una sorpresa; para el imperialismo fue una bofetada. Éste puso en tensión todos sus mecanismos conspirativos. La preocupación del imperio fue agudizada por declaraciones de Ovando. Dijo que con el Perú “había una Confederación ideológica”. Eran los tiempos del gobierno progresista de Velasco Alvarado que nacionalizaría los campos petroleros de Talara.

Contra el gobierno del Gral. Ovando se conspiró abiertamente y se cometían acciones provocadoras como la toma de la Universidad a manos de grupos fascistas. El pretexto fue que había estallado una revolución universitaria que puso su conducción en manos de la izquierda. Detrás de esta acción estaban Ayoroa y el propio Arce Gómez. También en ese periodo se produjo el estallido de la Guerrilla de Teoponte que significó un contraste grave para el prestigio del gobierno y la autoridad de Ovando dentro de las Fuerzas Armadas. El sector derechista de éstas empezó a cobrar caro la tolerancia de Ovando con la izquierda. Se comenzó a vivir una situación de tensiones permanentes con atentados, extraños asesinatos de connotadas personalidades. Podríamos decir que los organismos de inteligencia extranjera estrenaban en el país la “estrategia de la tensión”.

El golpismo militar y reaccionario se expresó en una suerte de golpe incruento que obligó a Ovando a renunciar. Pero el triunvirato digitado por el Gral. Miranda no duró ni 12 horas; fue derrotado gracias a una gran movilización popular y a la manifestación de un sector de las FF AA que se hizo fuerte en la base aérea de El Alto. El hasta hace poco Comandante de las Fuerzas Armadas, Gral. Juan José Torres se puso al frente del pronunciamiento de la guarnición de El Alto y esta acción militar se combinó con la declaratoria de la huelga general que determinó un ampliado de la COB. Es útil puntualizar que Juan Lechín, Secretario Ejecutivo de la COB y jefe del Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional (PRIN) tenía una posición ambigua frente a la disputa de las fracciones militares y al propio movimiento de masas de marcado tinte radical y antifascista. Sin embargo, su posición no fue mayoritaria y por 22 contra 20 votos se decretó la huelga general que “respaldaba a los militares antifascistas”. Este es un momento importante en el esclarecimiento de las posiciones político-ideológicas de aquel período. Por primera vez después de la Guerra del Chaco y la nacionalización de la Standard Oil Co. por el gobierno del “socialismo militar” del Gral. Toro, se admite la existencia de sectores y militares progresistas. Fue la primera derrota del anticastrismo pequeñoburgués. Obviamente la resistencia a los militares y a sus gobiernos, se asentaba en las represiones antiobreras y las incursiones sangrientas a las minas. Estaba fresca la memoria popular de la masacre minera de junio de 1967, paralela a la campaña guerrillera del Che Guevara.

Lo anterior: nacionalización de la Gulf, derogatoria de la ley de seguridad interior; la revolución universitaria, el recuerdo de la campaña del Che. En el ámbito externo, el triunfo de la Unidad Popular con Allende en Chile, el auge de los movimientos y gobiernos progresistas (Velasco Alvarado y otros); el establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con la URSS; el avance triunfal del ejército del Frente de Liberación Nacional de Vietnam y otros éxitos de fuerzas revolucionarias y antiimperialistas constituían el telón de fondo de la derrota del golpismo derechista y pronorteamericano y del ascenso de Torres.

Lo central del desenlace de los acontecimientos de Octubre de 1970 fue, como lo apreció el PCB: “no sólo la derrota momentánea de las aspiraciones restauradoras de la reacción (…) sino que también se entronca en el marco de un ascenso revolucionario de las masas a nivel continental” y concluye: para los “fines yanquis y reaccionarios debía ser paralizado”. El documento transcribe la caracterización del gobierno de Torres dada por el III Congreso del PCB: “es la expresión de la ruptura de la unidad política de las FF AA que proyecta un sector patriótico y democrático” (enfrentado) “al sector contrarrevolucionario, pentagonal y fascistizado”. Estos análisis —que a la postre resultan los más objetivos y exactos— demuestran que se conocía a los conspiradores, el estado de situación y la combinación de factores que posibilitaron el éxito del golpe. Señalaremos algunos de ellos: Primero, el papel de la embajada estadounidense a cargo de Siracusa y a quién se llama “coordinador político de la alianza Paz-Gutiérrez” (MNR y FSB) y del Coronel Ross, “responsable del frente militar”. A partir de la debelación del núcleo motor del golpe, se infiere otras conexiones internacionales (“gorilismo brasileño, argentino, paraguayo), la acción desinformadora y desestabilizadora de los medios (¡cuándo no!) en manos de la reacción. En segundolugar, la penosa situación del campo político de la izquierda. El sectarismo, el dogmatismo, la falta de claridad en los objetivos y la difusión de “análisis” despistados e irresponsables. Hubo grupos de la ultraizquierda que calificaban a Torres de “gorila” y hasta de fascista, nada más que por ser militar. Y, tercero, algo muy importante como enseñanza histórica: “La ausencia absoluta de un Comando o Dirección única que organizará la seguridad., la defensa y resistencia del proceso ante el embate conspirativo.” Eh ahí resumidas las causas esenciales del éxito reaccionario que instalara en el país una dictadura de francos rasgos fascistas y que oprimiera al pueblo boliviano. La historia debe servir de algo más que lugar de simples recordaciones y lamentos por lo pasado.

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