agosto 22, 2019

New Orleans: Cuerpo y espíritu

por: Pilar Uriona Crespo

El nombre de “New Orleans” ha sido sinónimo de producción artística: allí aparecieron el jazz, el dixieland y el blues como crisoles de géneros musicales abiertos a la innovación. A la vez, desde el 2005, ha estado asociado a un fenómeno natural, el huracán Katrina, y a la negligencia política de George Bush, cuya tardía actuación para enfrentar un estado de emergencia derivó en la muerte de casi 2.000 habitantes del estado de Luisiana.

Sin embargo, visitar la ciudad que, tras el desastre, ha recuperado su estética característica, resurgiendo a la vida con los mismos colores vivos y con la misma armonía, permite descubrir que New Orleans es mucho, muchísimo más que los lugares comunes que evoca.

Allí, el mestizaje se siente con los ojos, cuando uno descubre que en la ciudad conviven la arquitectura europea con las rejas artesanales trabajadas por los lugareños con estilo propio; con la boca y el olfato, cuando se prueba la comida cajún o criolla, que fusiona condimentos y sabores españoles, franceses y africanos; con los oídos, cuando se escucha en las calles solistas o grupos musicales que interpretan a Louis Armstrong, rescatan a la Creole Jazz Band o rinden homenaje a Billie Holliday; con la piel, cuando el calor y la humedad que llega del Mississippi te recuerdan que estás en una tierra que desborda intensidad.

Pero también con el espíritu, cuando uno se entrega y se deja llevar por las fábulas e historias verídicas vinculadas a la práctica del vudú que, contrariamente a lo que se socializa desde el comercio hollywoodense del cine de terror, que nos habla de muertos que vuelven a la vida y son manipulados por poderosos hechiceros, es una religión y una tradición de resistencia que año tras año moviliza a miles de peregrinos.

Y es que el cuerpo y alma de esta ciudad están impregnados de una vida febril, misteriosa y amigable, donde coexiste una historia oficial, que conmemora y mantiene el recuerdo de las victorias sureñas del General Lee en la guerra de secesión y una historia secreta, que habla de formas devocionales potenciadas por mujeres libres de color y criollas católicas, que hicieron de la danza, las canciones, los conjuros y los ritos una fuente de poder.

Esta historia oculta es la que flota en el aire y concede a New Orleans su peculiar encanto y la que nos recuerda que allí han vivido y viven personas que de manera deliberada y consciente han aprendido a tomar a su cargo sus cuerpos, sus casas, sus dioses y sus contradicciones, conjurando la teatralidad y la simpleza para hipnotizarnos con algo que en la ciudad se respira y que no es otra cosa que el carisma.

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