diciembre 9, 2019

Presagios de Tormenta Se vienen horas difíciles. Pero no hay que arredrarse.

Aún no ha concluido completamente el conflicto originado por la marcha de indígenas, que se oponían al proyecto de carretera que debía pasar por el TIPNIS, y ya se anuncian otros más. Eso no debe admirar a nadie que conozca mínimamente el dinamismo de la política boliviana. Se sabe que aún antes de que se instalara en la presidencia Evo Morales, ya se tenía preparados planes destinados a frustrar el trabajo de este gobierno. Esa es la regularidad más grande y más normal en estas situaciones. Además, ha sucedido en todas partes del mundo. Donde emergía un gobierno popular o revolucionario o donde gobiernos democráticos sustituían a dictaduras la resistencia estallaba precoz; era, virtualmente, un acto reflejo de las clases desplazadas del poder y de sus sostenedores, generalmente externos, manipuladores que mueven los hilos desde la metrópolis. ¿Acaso no sucedió así después de la Revolución Rusa de 1917? 14 países intervinieron tratando, como dijo un político británico, de ahogar a la criatura en su cuna. ¿No sucedió otro tanto con la Revolución Cubana y la intervención yanqui en Bahía Cochinos? ¿No sucedió otro tanto con muchas otras revoluciones que no eran necesariamente de orientación socialista? No inventamos nada. Son hechos inscritos en las páginas de la historia universal. Hay que tomarlos en cuenta a cada instante. Es el deber de la seguridad más elemental. Lo que no quiere decir que no hay que corregir todo lo que es necesario y criticar las deficiencias constructivamente, incluso severamente, si se da el caso.

Las revoluciones y golpes que se sucedieron en América Latina contra gobiernos progresistas, de orientación socialista o popular son, también una historia conocida y muy larga para repetirla y nuestra intención es sólo despertar los recuerdos del lector.

Desde antes y después de enero del 2006 son numerosos los hechos que revelan la presencia de resistencias de diverso orden. Siempre, la derecha y el imperialismo, sabían dónde había que meter cuñas; donde había que sembrar cizaña; dónde debían mantener sus agentes y partidarios; dónde infiltrar sus operadores; cuándo utilizar como palancas los errores del adversario, sus visibles deficiencias y, por último, transformar todo eso en un articulado sistema de conspiración. En algún momento los planes estallaban, como la racha de desórdenes, paros cívicos, algunos de proporciones, como los de Sucre, Santa Cruz, el Beni y Pando. Menos mal algunas de ellas provocaron tal repudio en la opinión pública que recibieron la condena unánime no sólo nacional, sino del mundo. Nos referimos a los vejámenes contra campesinos quéchuas, constituyentes y el ataque a las instalaciones y equipos de la policía, etc. etc. en Sucre el 2008.

El plan más consistentemente elaborado fue con el que operó el Comando encabezado por el mercenario boliviano-húngaro, Eduardo Rózsa Flores. Éste se traía la “técnica” de terrorismo-guerra civil-secesión del país. “Técnica” inventada por los planificadores de la CIA y puesta en práctica en Kosovo por… ¡vaya casualidad! el ex embajador estadounidense, expulsado de nuestro país, Philip Goldberg. Este “enganchó” allí a Rózsa y luego se lo trajo al país. El complot fue oportunamente desbaratado, aunque provocó la chillería de la derecha y los medios manejados por esta que hasta tuvieron el desparpajo de negar las abrumadoras pruebas que imputan a muchos conspiradores, sobre todo orientales.

También han sabido utilizar, o mejor será decir “disfrazar, con la apariencia de inocentes pedidos o causas justas, a organizaciones sociales y sindicales, comunidades indígenas. El caso de la marcha por el TIPNIS es, en ese sentido, muy elocuente. Partiendo del comienzo se debe insistir en algo que quedó claro desde un inicio: los dirigentes de la marcha, comprometidos y sostenidos por ONGs y por una entidad como USAID, del gobierno de los EUA, jamás quisieron llegar a un acuerdo ni discutir y allanar las posibles diferencias que podía haber en el tratamiento del tema. Su objetivo era deteriorar la imagen del presidente, simular la defensa del medio ambiente, del parque nacional Isiboro Sécure y con esta bandera llegar a sede del gobierno. Con una concertación y machaconería dignas de mejor propósito los medios de comunicación lanzando imágenes y discursos a raudales, lograron sensibilizar a la opinión pública. Sumaron, sin esfuerzo, la ayuda de la vocinglería opositora de la derecha, de la ultraizquierda y los resentidos.

Alcanzaron su objetivo de llegar a La Paz rodeados de un halo de vencedores. El gobierno cometió errores de tratamiento e hizo algunas concesiones. Lo que le ha valido perder autoridad y la deserción sobre todo de capas sociales medias. Al cierre de la edición todavía los dirigentes de la CIDOB (marchistas) juegan con los términos haciendo piedra de toque de los problemas la interpretación del término INTANGIBILIDAD. En este asunto es donde se revela el fondo del problema. Los dirigentes de la marcha tienen serios y “metálicos” compromisos con depredadores de materias primas (madera y otros), con agencias extranjeras de turismo de aventura (igualmente depredador). Han propuesto, para el Decreto Supremo reglamentario, un Art. 8 que lo dice todo: la intangibilidad se refiere “a las amenazas externas, producidas por terceros y/o el Estado”. El Art.10 completa la figura: “El aprovechamiento exclusivo de los recursos…del TIPNIS por los pueblos que lo habitan”. Es una interpretación, por supuesto, inaceptable a los intereses del pueblo y del Estado Plurinacional de Bolivia. La cuestión queda mucho más clara cuando recogemos la experiencia del exterior. Comunidades de la CONAIE (indígenas del Ecuador) pretendieron negociar directamente, áreas con reservas probadas de hidrocarburos, con transnacionales petroleras. Le causaron serios dolores de cabeza al Estado ecuatoriano. Aquí, el Sr. F. Vargas fue muy explícito en este sentido. Declaró a los medios que la se debía interpretar la intangibilidad, como referida exclusivamente al Estado boliviano.

Todo esto debe ser una prevención severa para lo que se está planeando. Se vienen horas difíciles. Pero no hay que arredrarse. El llamado a remozar la agenda de Octubre y a platearse una nueva tiene dos objetivos: precisar el rumbo del desarrollo social y acentuar su contenido revolucionario, de transición, recuperando la correlación social de fuerzas por el Cambio. Lo segundo es un problema de dirección y organización. No se puede seguir sin instrumentos orgánicos de dirección y sin claridad en los métodos de acción.

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