julio 23, 2019

Seres sobrenaturales y mágicos de Bolivia

Solo trajimos el tiempo de estar vivos entre el relámpago y el viento. Eugenio Montejo

Sabemos que los mitos y las leyendas son productos de una compleja y sistemática construcción colectiva, que tiene que ver con lo que imaginamos y creemos y son elementos constitutivos y vitales de nuestra conciencia individual. En este sentido podríamos decir que los límites de nuestra imaginación son también la última frontera de nuestro mundo.

Mitos y leyendas son territorios en los que se confunde la realidad con la ficción, lo sagrado y lo profano, la verdad y la fantasía. La leyenda pertenece al folclore y por ello corresponde a la más enraizada sabiduría popular de una cultura. Es un relato hablado que conserva la tradición de un pueblo y se va enriqueciendo con el tiempo, transfigurándose, porque expresa la relación de los seres humanos con la historia, la naturaleza y el cosmos.

Ambos, mitos y leyendas, por su carácter simbólico y, su relación con el inconsciente, están más cerca de la poesía que de la investigación científica; sin embargo al igual que la ciencia intentan explicar el mundo, el origen de los dioses, la aparición del ser humano, el origen de los seres, las cosas, el bien y el mal, así como del apocalipsis. Si creemos que lo que imaginamos es posible, entonces la magia es posible porque está en nuestros pensamiento y en nuestro lenguaje.

Los protagonistas de los mitos y leyendas habitan en la imaginación popular y no pueden ser explicados de manera racional porque son historias para ser contadas. Los mitos y las leyendas han creado seres zoomorfos o antropomorfos de carácter benévolo o malévolo de acuerdo a las necesidades espirituales, sociales, políticas y cosmográficas de los grupos humanos, conectando a través de la magia la razón y la fantasía.

Por todo el mundo se han escuchado y se escuchan aún los relatos de seres mitológicos o personajes legendarios y en el territorio de lo que ahora es Bolivia, se los ha venido contando desde mucho antes de la Colonia. Los pueblos y civilizaciones que habitaban este territorio, conformado por el País de las altas montañas, el País de los valles floridos y el País de los grandes ríos, poseían una fantástica memoria oral, algunos como productos de un complejo entramado cosmogónico y otros como simples explicaciones de lo sobrenatural.

Hace ñawpas en Abya yala, tierra madura, rebautizada América por los colonizadores, mucho antes que la piedra fuera labrada, que los ríos fueran domesticados y que los valles florecieran en quinua y tarwi, estaban las voces de nuestros ancestros. Voces de los temores creadores de dioses, convocando la vida de aquellos que dejarían sus huellas enterradas en ciudades olvidadas en el altiplano, en viejos tejidos depurados en los valles y en antiquísimas vasijas de cerámica en los llanos. Estaban las voces de los que fuimos, esperando por los que vienen, aguardando a los guaraníes, a los movimas, a los gwarayos, a los aymaras, a los incas, a los urus y chipayas y a los numerosos ayllus de las montañas y a los grandes señoríos de los Pacajes. A los cientos de pueblos que poblaron los Moxos y construyeron la civilización de la llanura y a los navegantes de todos los ríos, lagos y arroyuelos. Voces de los sin nombre que deambulan por las ciudades buscando sus sombras para reencontrarse. Voces del tiempo de Tunupa y Tumpa, de la serpiente y del jaguar, de la vicuña y del tigre, que fueron dioses y divinidades que los hombres y mujeres adoraron tanto como la simiente de sus vientres.

La fábula era muy difundida en el imaginario de los indígenas del territorio boliviano, gracias a la tradición oral de las 36 nacionalidades nos han llegado hasta hoy muchas historias en las que los personajes son animales que hablan entre ellos y con los seres humanos. En sus mitologías es muy frecuente que los espíritus y los animales tengan relaciones sexuales con los seres humanos para engendrar dioses, semidioses o simplemente humanos. Lo mismo podríamos decir de sus alegorías míticas con representación animal, que como en la babilónica sus dioses eran representados como león o toro; la egipcia con Anubis, el chacal o el buey Apis y la griega con Afrodita en cisne o Zeus en águila.

Con la Colonización ciertos mitos se transformaron y llegaron algunas leyendas que se repiten por toda la América Latina como la Llorona, la Viudita, el Caballo del Diablo y otros que son entidades fantasmagóricas con tendencias demoníacas. Además de los seres sobrenaturales y criaturas fabulosas, hemos incorporado en esta muestra a plantas, flores y lugares sagrados que configuran la identidad de cada una de las naciones indígenas de Bolivia y que, en algún momento de nuestra existencia formaron parte, y forman parte, de nuestros más íntimos temores y esperanzas.

La República y la modernidad también crearon sus propios mitos y leyendas que tienen que ver con figuras políticas, algunas de ellas convertidas en presencias míticas de santos populares que obran milagros entre sus devotos.

Como se comprobará en esta pequeña selección, nostálgica, melancólica y testimonial, tanto de los mundos andinos como de los mundos amazónicos, muchos de los seres mágicos, elementales, esenciales, incluidos, tienen la misión de proteger la naturaleza, un principio que ahora más que nunca debemos tener presente porque estos seres pueden brindarnos protección e inspiración.

Vivimos un momento histórico especial, en el que los pueblos indígenas interpelan a la sociedad y al Estado boliviano, y si bien la Constitución Política del Estado reconoce a las 36 naciones que habitan el territorio nacional, el clima político ha enrarecido la visión de la espiritualidad de nuestros pueblos indígenas que se encuentra en peligro de inminente extinción y puede que todo su maravilloso bagaje místico y mitológico quede convertido en fósiles culturales. La comprensión de los seres sobrenaturales, de los lugares sagrados y de las energías secretas y cósmicas que las definen, nos permitirá mirar integralmente la realidad que vivimos en nuestro país, tan diverso y tan único a la vez.

Son 80 seres sobrenaturales o lugares mágicos En algunos casos hay diferencias respecto a sus orígenes y formas, yo he optado por consultar mis recuerdos y reforzarlos con diccionarios y libros de investigaciones antropológicas de varios autores, para recrearlos e imaginarlos como ahora se los presento. Como me gusta escribir cuentos breves he optado por pequeñas descripciones sugerentes y me he tomado licencias poéticas para retratar o exponer a algunos de ellos, pero no alteran el fondo mismo de la esencia de estos seres sobrenaturales o lugares mágicos. Recordemos que sin el canto de los poetas, muchos mitos y leyendas no se hubieran difundido o, quizá, ni siquiera se hubiesen creado, porque la palabra crea el mundo y lo que en el sucede. En los espacios míticos, donde los pueblos desarrollan sus historias cosmogónicas, en este organismo mitográfico, la palabra posee personalidad propia, poder espiritual y mágico, sirve para encantar, para hechizar, para curar, para propiciar, bendecir y para maldecir a los seres humanos y animales. Las palabras sagradas nos hacen entrar en comunión con la divinidad, porque son la fragua de los sueños y la vida misma. En este espacio, los sueños y las palabras son hilos de un mismo tejido secreto e insondable. Por eso he mantenido los nombres en su idioma original, porque cuando se los invoca, con las palabras de otros tiempos, a estos nombres trashumantes, también se nomina a la magia primigenia con la que los pueblos indígenas se comunicaban con sus divinidades. Esas palabras, suspendidas en el tiempo, expresan la verdad misma de los seres sobrenaturales y lugares sagrados que representan.

Nunca tenemos que olvidar a nuestros seres sobrenaturales y mágicos, benignos o malignos, que heredamos como un legado para el futuro, porque cuando el último de ellos desaparezca nuestra sensibilidad espiritual, nuestra humanidad, se habrá ido con ellos.

Cacó

Según la cosmovisión de los Chacobos, Cacó fue el fruto de las relaciones entre una mujer y un tigre, que se amaron en el vasto silencio nocturno de la selva, donde solamente los dioses saben quienes la habitan, y fue el creador de los ríos y de los animales, así como también de otros seres humanos que fueron en un principio pequeños tatús que deambulaban por la selva tan antigua como nuestra memoria.

Cóndores

Son las aves sagradas de la mitología andina, representan el poder y la fuerza. Aves veneradas por los quechuas y los aymaras, quienes decían que con sus poderosas garras jalaban al sol para que apareciera en las alboradas. En Los Andes existe un acontecimiento denominado Yawar fiesta (Fiesta de sangre) en la que hacen combatir a un cóndor y a un toro. El cóndor representa a los habitantes andinos y el toro a los conquistadores españoles. En las amplias y negras alas del cóndor vuela la historia andina. Alto el cóndor, alta su sombra.

Duendes

En todas las culturas del mundo existen los duendes. Cada cual los representa a su manera: pequeñitos, narigones, de pies grandes, en fin… Los hay malos y buenos. En el Oriente boliviano el duende es un niño simpático que anda descalzo, lleva puesta una camisa que parece de su hermano mayor y un enorme sombrero de paja. Con artimañas infantiles convence a los niños que están solos para llevárselos a sus recónditos dominios montaraces. Para alejarlo basta con que el niño haga algo asqueroso y el duende se alejará inmediatamente repelido.

Dueños

En la cosmovisión de los pueblos del Oriente el Dueño es un espíritu protector de ciertos lugares de la naturaleza, así como de los animales y las aves. Los lugareños de cualquiera de las etnias del Oriente hablan con exaltada reverencia del “Dueño del monte”, del “Dueño del curichi”. Los Dueños forman parte tanto del simbolismo como de la espiritualidad de estos pueblos y distinguen la pertenencia de los pueblos o naciones indígenas a un sistema de creencias. Los isoceños-guaraníes los llaman Iya.

Inti

El dios Sol. En la incesante religiosidad andina es la deidad que acompaña a Viracocha y es el dador de todas las riquezas naturales con las que bendice a sus siervos. Padre de Manko Kapac y Mama Okllo de quienes desciende la dinastía inca. El 21 de junio, solsticio de invierno, se celebra la fiesta del Inti Raymi en la que los habitantes andinos rinden culto al padre Sol.

Jichi

Para los chiquitanos Ishi-tuursh, deidad del agua que tiene el encargo divino de cuidar que las lagunas no se sequen y proteger a los peces. Si alguien lo mata, la laguna se seca inmediatamente como por arte de magia, dejando una mortandad de peces en el piso todavía húmedo. El Jichi es una inmensa serpiente o un dragón amazónico, genio tutelar, es un ser esencial en la cosmovisión animista de los pueblos orientales de Bolivia; su nombre glorifica la naturaleza.

 

Llama

Es uno de los animales preferidos en los ritos “mágicos” andinos. Los fetos o sullus de llama, símbolos de pureza, sirven para preparar “mesas” (ofrendas que son preparadas con confituras, coca y otros elementos “mágicos”) que son usadas para la buena fortuna y, en especial, para fertilizar las tierras para que las cosechas sean abundantes. Los adivinos del Tawantinsuyu veían la buena o mala ventura en el corazón todavía palpitante de las llamas.

Pachamama

En la religión andina la Pachamama es la divinidad mayor. Es la madre Tierra en su integridad cosmogónica de tiempo y espacio, proveedora de todos los bienes y protectora de cuanto existe y habita en ella. Es la tierra y la hierba que sobre ella crece, el maíz y la quinua, la yuca y el motojobobo. Su olor es el aroma del mundo, mezcla de tierra y agua. Es omnipresente y se le rinde tributo o “challa” con ofrendas rituales. La relación con la Pachamama es la más profunda y espiritual comunión entre los seres humanos y la naturaleza.

Serpiente

Katari en aymará, Amaru en quechua y Mboi en guaraní. Es otro de los animales míticos que completa la trinidad andina con el cóndor y el puma. La serpiente por su manera de deslizarse por la tierra, zigzagueando, eternamente fugaz, y su extraordinario poder contra sus víctimas, es comparada con el rayo o Illapa. Dicen que la Serpiente-rayo es la dadora de agua porque hace que los cielos se abran dejando caer la lluvia.

 

Tigre

Es uno de los animales más importantes e influyentes en la mitología de los pueblos amazónicos. Es un dios de la selva y las pampas, que ostenta estirpe e historia; los tigres son sabios, y entienden todas las lenguas. Solamente algunos chamanes saben sus nombres secretos y el guerrero que logra matar a uno de ellos posee su espíritu y se llena de la fuerza y la valentía del felino. En algunos pueblos se cuenta de hombres que se convierten en tigres y salen a cazar animales. En los Reinos Dorados el Tigre divide el umbral entre la vida y la muerte.

Ilustración página 18:

  • Pachamama

Ilustraciones página19:

            De arriba a abajo y de izquierda a derecha:

  • Inti
  • Cacó
  • Cóndor
  • Serpiente

Be the first to comment

Leave a Reply

%d bloggers like this: