abril 25, 2019

Releer Juan de la Rosa

Es suficientemente sabido, por décadas la principal fuente y referencia sobre la confrontación el 27 de mayo en la Coronilla es Nataniel Aguirre y su obra Juan de la Rosa. Liberal y federalista, Aguirre la editó en 1885, cuando aún el fragor de los disparos en la Costa del Pacífico no se apagaba. Convencidos como estamos que Aguirre escribió la novela, no vamos a inmiscuirnos (por ahora) en el debate sobre su autoría. Lo importante es más bien establecer sobre qué bases documentales construyó Aguirre su narrativa. Fueron —sostenemos— testimoniales y orales en gran parte. Dado el impacto que causó el ingreso de las tropas invasoras a la entonces Ciudad es muy probable que aquellos hechos, como todo drama, estuvieran permanentemente presentes en la memoria colectiva. De ella abrevó el autor como lo reconoce en su obra. Incluso se guió del texto de historia —aun inédito— de su progenitor Manuel María, que niño aún(al igual que Juanito, el personaje central de la novela), presenció el combate de las mujeres cochabambinas (pero también varones) contra las fuerzas de Juan Manuel de Goyeneche.

Empero, aparte de la rica y atrayente estructura ficcional propia de la novela, Aguirre estaba impelido de construir una retórica que sustentara la identidad cochabambina en momentos de disputa entre las regiones por la hegemonía política en el país. De ahí, que más que precisar, quería construir una lección cívica; más que hablar del pasado en sí mismo, quería usarlo para proyectar el porvenir. Además carecía de fuentes fidedignas, que hoy están disponibles para el historiador. Para mencionar solamente tres de ellas, imprescindibles: El parte oficial de Goyeneche, con pormenores de la batalla, el informe del cartógrafo militar Javier Mendizábal testigo de la batalla y autor un plano de la disposición de fuerzas. Finalmente el relato de Francisco Turpín, integrante de las tropas del Regimiento No. 6 del Ejército Auxiliar del Río de La Plata, apostado en Cochabamba. Habla por tanto desde su experiencia vivencial. ¿Cambian estos (y otros) testimonios lo narrado por Aguirre en 1885? No totalmente porque la batalla y el sacrificio ocurrieron en efecto. La matanza de las mujeres y la ejecución de varios líderes cochabambinos también. Los documentos aludidos presentan una nueva dinámica que obliga a repensar los actores sociales involucrados en la batalla y las motivaciones de las mujeres. Incluso invita a cuestionar los nombres de los personajes reiteradamente nombrados como protagonistas centrales; en otros términos releer Juan de la Rosa.

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