diciembre 9, 2019

Los hilos de la conspiración

Un político avezado como el Dr. Guevara Arze decía que “nadie conspira en Bolivia con notario público”. Lo decía poco tiempo antes del golpe militar de Todos Santos, (1979). Los comprometidos —dirigentes y parlamentarios del MNR, de ADN y hasta del MNRI— negaban rotudamente y disimulaban su participación. Mas varios de ellos resultaron ministros del breve gabinete que encabezó Natusch. Cuando se produjo el secuestro del Dr. Siles Zuazo que era la señal para el comienzo de otro golpe, también los políticos de la derecha juraban y rejuraban que no estaban complotando. Fracasado el operativo golpista, muy pronto se aclaró que militares y hasta muy altos funcionarios del gobierno de la UDP estaban de alguna manera comprometidos.

Conspiración internacional

Podríamos dar más ejemplos de la historia reciente del país. Es innecesario. Ahora nos ocuparemos de la conspiración en marcha, contra el gobierno de Evo Morales. Es el régimen de mayor perfil antimonopolista, antineoliberal y antiimperialista de los últimos tiempos. Esto es precisamente lo que más irrita al imperialismo que ha puesto en marcha todos sus mecanismos de desestabilización y a sus agentes internos para derrumbar gobiernos que le son contestarios. Lo decimos en plural porque la conspiración imperial alcanza a varios países latinoamericanos: Siempre Cuba, pero ahora también Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia en la primera línea. Empero es sobre todo nuestro país el blanco inmediato, tomado como el eslabón débil de la cadena de países con giro a la izquierda o simplemente a posiciones progresistas y antimonopólicas como la Argentina, que nacionalizó la REPSOL.

La conspiración es extensa

A esta altura de los conflictos y movimientos es posible afirmar que los hilos conspirativos, movidos por el imperialismo, son muchos y muy entrelazados gracias a la labor ante todo de los medios de comunicación, en su gran mayoría en poder de los grupos de poderosos y con muchos comunicadores – consciente o inconscientemente – sumando su potencia comunicativa al molino de los complotados.

No sólo es probable, sino seguro que el gobierno de Evo ha cometido errores. Pero a nuestro juicio, ninguno de principio, sino de método, por medidas inoportunas, mal calculadas y mal propuestas. En esa circunstancia se aprovecha la convulsión social presente para desestabilizar al gobierno. Paralelamente, es evidente que la derecha no posee liderazgos definidos ni aceptados; tampoco ideas. Ni Banzer ni García Meza aportaron alguna. Están en el proceso de forjamiento de lideratos. Los más visibles son Doria Medina y Juan del Granado. Ambos con una foja de servicio al neoliberalismo más o menos equivalente y con una común matriz político ideológica: el mirismo, desaparecido orgánicamente pero persistente en sus supérstites conductuales. Cada uno aspira a ser el que recoja sobre todo el desaliento de las capas medias y se nutra del soporte de las agencias del imperio y de la oligarquía. Veremos quién llega a la recta final…No creemos que tengan el desprendimiento suficiente como para aceptar el candidato único derecha, como ha logrado el imperio en Venezuela con Capriles Radonski.

Palancas sensibles

Hay otros hilos que van hacia sectores populares y hasta a los órganos de seguridad. Nos referimos a las demandas de algunas comunidades indígenas que quieren aplicar forzadamente la tesis de la propiedad de la “tierra y territorio” y desplazar por ejemplo a cooperativas o pequeñas empresas mineras. La cuestión del TIPNIS (Territorio Indígena, Parque Nacional Isiboro Sécure) se ha reavivado con la IX marcha indígena que al igual que la VIII tiene la intención de llegar a La Paz, entrar a la Plaza Murillo e intentar una asonada contra el Palacio Quemado. Con gran irresponsabilidad se difunde una consigan macabra: colgarían a Evo Morales como se colgó a Villarroel en 1946. Todo por una necesaria carretera que supuestamente destruiría el corazón de la amazonia.

Las esposas de los policías organizan una huelga de hambre y piden para ello instalaciones de la COB, a fin de que el gobierno nivele los sueldos de sus esposos al de los militares. Los médicos siguen con una huelga y movilizaciones que ya duran más de 45 días, pidiendo la derogatoria de un decreto que afecta a su cómodo horario de trabajo. Como la huelga en sí tiene un efecto limitado han acudido a los estudiantes de medicina para practicar violencia callejera y bloqueos de carreteras. Incluso – ¡vergüenza! inaudita -queman banderas de Cuba

Entre Tarija y Chuquisaca, en cualquier momento, puede producirse un choque regionalista que se disputa las regalías e impuestos del yacimiento “Margarita”, compartido por ambos departamentos. En fin, el recuento de conflictos es de no acabar y continúan retroalimentándose.

Desorientación sindical

Lo que parece inexplicable, en este proceso de conflictos y conspiración, es la actitud que ha tomado gran parte de la directiva de la COB, jugando el papel de un eje articulador. Esa posición aunque sabemos que, de lejos, no abarca a la totalidad, ni siquiera a una franca mayoría de la base, aparece gracias, otra vez, a los medios de comunicación, como la determinante de la suerte del conflicto general. La derecha sutilmente sufraga sus reuniones, proporciona recursos para sus encuentros, marchas, etc. A ello se suma la vocinglería ultraizquierdista, sobre todo del trostskismo, que piensa que ha llegado la hora de “derrocar al indio e instaurar la dictadura del proletariado”. En este afán están estimulando hasta reuniones como una llamada “cumbre sindical” al margen de los estatutos y con aviesas intenciones que incluso van contra los dóciles dirigentes recientemente elegidos, en congreso de Tarija.

Hay que admitir que nunca el movimiento sindical estuvo tan confundido ni nunca habían llegado a tanta pérdida del norte político y el cumplimiento de su misión histórica. Se ha llegado al colmo de tolerar y, hasta en contra de sus disposiciones estatutarias introducir en el Comité Ejecutivo a elementos descalificados y públicamente conocidos como ex (¿?) agentes de pasadas dictaduras militares.

A pesar de este panorama de pocas luces, hay que confiar en que los elementos sanos de las direcciones sindicales, hoy apabullados y arrinconados por la vocinglería ultra, vayan reaccionando. Tal vez sea útil decir que es hora de emprender una contraofensiva ideológica y política y recordar aquí algo dicho por Lenin: “Todo lo que sea inclinarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elemento consciente, el papel de la vanguardia política, equivale… a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros”.

Es impostergable, a nuestro juicio, organizar la dirección del Proceso de Cambio, armarlo sin vacilar de una ideología revolucionaria; adoptar un programa mínimo que refuerce el camino de la transición y superando el desaliento emprender una contraofensiva que derrote la conspiración. Hay suficientes reservas y experiencias para hacerlo.

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