abril 25, 2019

Taboada y Allende

por: Sergio Salazar

A pocos días de que Bolivia presente la memoria ante el Tribunal de La Haya, me vi obligado a buscar respuestas a esta problemática. En mi librero encontré un texto sobre las aventuras que pasó el periodista y escritor Néstor Taboada Terán en los años 70 en Santiago, previa a las elecciones y posesión del presidente electo Salvador Allende.
Es evidente que eran otros tiempos, donde el mundo entero experimentaba avances sin precedentes, las revueltas universitarias en los 68’, la guerrilla del “Che”, las dictaduras militares en el sur, las guerras en el sud oeste asiático, la aparición de los Beatles, en resumidas cuentas me quedo con la frase del Gabo Márquez “todo cambio entonces, los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inicio la liberación del sexo y otras drogas para soñar”.

Néstor no se había dado cuenta que esto resultaría uno de sus libros con más trascendencia histórica en esta coyuntura que vivimos como pueblo boliviano y a pocos días de presentarse la memoria ante la Corte Internacional de justicia (CIJ) de la Haya. Volviendo a las memorias del autor; comienza resaltando el panorama de la lucha electoral que vivía chile en ese mes de junio de 1970, de la violencia política unida al problema social, de los partidos y los sindicatos obreros, hasta de las intentonas de golpe de Estado dirigidas por Viax y Gamboa, estas últimas para evitar el triunfo de la Unidad Popular.

En la primera entrevista al Dr. Allende aborda el programa que circulaba por el país; estaba claro que planteaba las medidas que constituyen el comienzo de la construcción del socialismo, de una autodeterminación y no intervención, de un gobierno popular, de una integración latinoamericana a través del socialismo, como único camino para la liberación real y efectiva, y en el caso particular con Bolivia la propuesta pasaba por establecer fraternales relaciones.

Néstor es invitado por la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) a la posesión del presidente electo, va a Chile con sus amigos Marcelo Quiroga Santa Cruz y Simón Reyes, pero el autor cuenta, como anécdota, que en la lista de invitados por la sociedad de escritores se encuentran: Jean Paul Sarte, Simone de Beauvoir, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa, Miguel Angel Asturias, Gabriel García Márquez, mijail Sholojov, entre muchos más.

A los seis días logra una entrevista con el Presidente de la República de Chile, Dr. Salvador Allende, en la cual le solicita un mensaje al pueblo boliviano, y el líder socialista dice: “Caminaremos juntos en la gran tarea histórica de América Latina”, que se hallaba a iniciar el tiempo de la reparación de los agravios, la injusticia centenaria que pesaba sobre Bolivia. Taboada recuerda que quedó sorprendido cuando escucho: “Chile tiene un gobierno popular y Bolivia también. Y el Perú. ¡Bolivia retornará soberana a las costas del mar pacífico!. Está más que claro que una declaración como esa toma por sorpresa a todo un pueblo que no sale de sus montañas, sobre todo si provenía de los labios de un chileno y nada menos que de un Presidente.

Los aires en Chile eran diferentes, por ejemplo, se construyó el primer monumento al “Che” en América Latina, de bronce, cerca de tres metros de alto y 1.400 kilogramos, con un uniforme de campaña y en actitud desafiante; el alcalde Tito Palesto lee un emotivo discurso relevando la presencia de Selvira Leigue, madre de Coco e Inti Peredo. Fue el mejor homenaje en esa construcción de una patria socialista. O por ejemplo también el encuentro con René Ríos Boettiger, más conocido como Pepo, padre y creador de condorito, que le obsequió una caricatura original de esta misma, una edición especial con un nuevo personaje de los andes, “Condorito y Titicaco, un solo corazón”.

En su tercera intervención y en audiencia de despedida, Allende le da la noticia de que acababa de firmar el decreto para el restablecimiento de relaciones diplomáticas, comerciales, culturales y consulares con el gobierno de Cuba, pues no hay que olvidar que Chile rompió relaciones con la mayor de las Antillas, como ocurrió con todos los países latinoamericanos, incluyendo Bolivia, por ordenes de la Organización de los Estados Americanos (OEA), o como se lo denominara por el “Ministerio de Colonias de USA”. Allende, sostiene Taboada Terán, endurece su rostro y mirando al escritor boliviano le dice: “En este plan de reparación de injusticias también he resuelto que el hermano país de Bolivia retorne al mar. Se acabe el encierro que sufre desde 1879 por culpa de la intromisión imperialista inglés. No se puede condenar a un pueblo a cadena perpetua…. Un pueblo que esclaviza a otro pueblo no es libre. Ahora no somos un gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo”.

A las pocas horas de terminada la charla, el Cónsul General de Bolivia en Chile, Don Franz Ruck Uriburu, aparece en la casa donde se quedaba alojado nuestro autor, ¡Allende me ha dicho que hable con usted para tomar providencias!, y de inmediato le ofrece el cargo de Agregado Cultural; evidentemente Taboada no acepta el cargo, simplemente estaba en Santiago para mostrar su solidaridad con el gran líder socialista.

Estaba claro que Allende no solo era el constructor del socialismo, sino un reparador de entuertos latinoamericanos. La noticia la recibió el pueblo boliviano con mucho escepticismo y la clase dirigente con estupor. Es donde nace la anécdota de que un periodista en Palacio de gobierno le dice al General Banzer que si Allende devuelve al mar a Bolivia, esta se convertiría en una República socialista, y el General responde con una golpiza.

Para terminar con este homenaje a nuestro autor, veremos un pasaje de la época: el 13 de marzo de l972, es detenido y torturado, por más de cuatro meses, con el objetivo de conocer detalles del ofrecimiento que hiciera Salvador Allende para que Bolivia vuelva al mar. Su biblioteca fue quemada en la plaza con más de 2.000 volúmenes, y el escritor expulsado al exilio, desde donde pudo ver ese tremendo 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet dio muerte a Salvador Allende, quien cayó defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había legitimado a sus asesinos…


*    Es estudiante de derecho y activista del proceso de cambio.

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