agosto 20, 2019

La señora del perrito

Unos minutos antes cerrar esta edición de La Época, una serie de acontecimientos que se dieron en pleno centro de la ciudad nos invitan a reflexionar acerca de uno de los últimos hechos noticiosos que han resonado en los medios y en las redes sociales: el caso de la señora que sacrificó brutalmente a su perro luego de que este último se comiera a dos de sus gallinas.

El hecho, condenable en la medida de nuestras sensibilidades más subjetivas, pasaría como solamente otra anécdota morbosa sino no hubiera sido cometido por una señora de pollera o chola, como peyorativamente la llamaron algunos en sus cuentas de Facebook.

La marcha a favor de los derechos de los animales que acaba de concluir, por lo tanto, no es solamente una marcha en contra del homicidio de los caninos, sino que es una macha que, por el tratamiento que le han dado los medios de comunicación a la noticia, tiene claros contenidos racistas. Es decir, desde esta editorial no cuestionamos que este acto de crueldad contra los animales sea condenable, sobre todo desde que se ha comenzado a cuestionar el presupuesto modernista de que el hombre es el centro de todas las cosas.

No, no cuestionamos que aquello que sucedió fue cruel. Pero sí condenamos que aquella condena venga acompañada del también brutal asesinato civil de la señora que mató al perro, con la captura y reproducción de su imagen acompañada de música dramática y comentarios discriminadores. En resumen, ¿es condenable matar al perro de esa forma? Sí, lo es. ¿Es condenable violar la privacidad de esa señora sin detenerla con la mala intención de capturar el morbo? Sí, lo es. ¿Es condenable criticar el accionar de la señora con comentarios racistas y discriminadores? Si, lo es. Y esto es lo central, ¿es condenable que los medios de comunicación reproduzcan esas imágenes sin censurar el rostro de esa señora, matándola así socialmente frente a todo el país? ¡Si, definitivamente lo es! Se censuran hasta los rostros de los violadores de niños en las pantallas. ¡Hasta los violadores de niños tienen derecho a la privacidad!

Es decir, y tal vez sea la opinión de quien redacta esta editorial, matar un perro de esa forma es exageradamente cruel, pero denigrar a la persona que lo mató y añadir epítetos racistas a su condena es también inhumano. El desarrollo de la especie humana dirá en el futuro si los perros y gatos y gallinas son sujetos de derecho, pero lo avanzado hasta ahora ya establece que las personas sí lo somos, y que nuestra dignidad no puede ser mellada ni en las más extremas circunstancias. Reclamamos ética periodística a los noticieros que cubrieron irresponsablemente esta noticia dejando notar los prejuicios más racistas de nuestra sociedad que aún prevalecen.

Y, sí, detesto que alguien mate a un perro de esa forma.

Carlos Moldiz

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