diciembre 8, 2019

Repasando las Cumbres de las Américas: ¿Para qué han servido?

por: Vicente Prieto

A partir de este momento histórico la OEA servirá para que los países latinoamericanos y caribeños informen a Estados Unidos y sus adláteres las decisiones soberanas tomadas en foros propios, CELAC, ALBA, CARICOM, UNASUR, etc., y no para pedir permiso o aceptar y aplicar las recetas diseñadas en USA.

La Cumbre de las Américas, evento organizado por la OEA, reúne cada cierto tiempo a los mandatarios de los países del continente americano para tratar temas diplomáticos, y sobre todo comerciales, de interés continental. Por lo regular va acompañada de diferentes foros que abordan temas económicos, sociales y otros inherentes al funcionamiento de América como bloque, aunque siempre ha primado la visión hegemónica y unilateral de los Estados Unidos, imponiendo su criterio y decisiones al resto de la comunidad latinoamericana y caribeña. Esta lógica injerencista ha sido rota en los últimos tiempos, gracias a la acción coordinadora y unificadora de las alianzas regionales sin USA, como la CELAC, UNASUR, CARICOM, entre otras.

Haciendo un recuento de las Cumbres celebradas, en Miami, 1994, se realizó la primera, que generó un “plan de acción” que llamaba al “fortalecimiento de la democracia en América”, “promoción de la prosperidad mediante la integración económica y el Libre Comercio” antesala del ALCA; “erradicación de la pobreza y la discriminación” y el “desarrollo sostenible y la conservación del medio ambiente para las futuras generaciones”. A partir de ella se generaron Cumbres de las Américas en Santiago de Chile en 1998, Canadá, 2001; Mar del Plata, Argentina en 2005; Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, en 2009; Cartagena de Indias en 2012 y la séptima, recientemente en Panamá. Aparte se han celebrado dos Cumbres extraordinarias, en Bolivia, 1996 y México en 2004.

Por lo general, los temas centrales en todas las ediciones de este cónclave regional han estado centrados en el establecimiento de mecanismos de libre comercio con preponderancia de los Estados Unidos en el intercambio y, como es previsible, con condicionantes genuflexas hacia el imperio norteño, camuflados tras los discursos del desarrollo sostenible, la reducción de la pobreza y, sobre todo, el establecimiento de “democracias” inclinadas hacia el neoliberalismo; en casi todas las cumbres primó el criterio estadounidense y la sumisión del resto de los gobernantes.

En la cita de Mar del Plata terminó la hegemonía de Estados Unidos en estas citas, debido a la fuerte oposición de Venezuela, liderada entonces por el fallecido Comandante Hugo Chávez y de Argentina, cuyo anfitrión, el también desaparecido Néstor Kirchner, ya había dado pasos firmes contra la injerencia norteamericana en su país y la región. Es en esta Cumbre que queda derrotado para siempre el proyecto ALCA, propuesto y promovido por E.U.A, y comienzan a configurarse las asociaciones regionales al margen del imperialismo yanqui, como el ALBA, UNASUR y a los días de hoy, la CELAC. Estos nuevos esfuerzos multinacionales de relacionamiento estarían signados por la solidaridad, el intercambio comercial justo y el respeto por las decisiones soberanas de los pueblos, accionar que se contraponía a las maneras de relacionamiento con los Estados Unidos.

A pesar de los esfuerzos diplomáticos e incluso amenazadores de la potencia norteamericana por recuperar el control en las Cumbres subsiguientes, ya las asociaciones regionales alternativas se habían hecho fuertes y países como Venezuela, Brasil, Argentina y Ecuador hacían el equilibrio contra las decisiones imperiales, secundados cada vez por más gobernantes latinoamericanos y caribeños.

La Séptima Cumbre de las Américas, efectuada los pasados días 10 y 11 de abril, fue convocada ante un escenario frágil para la paz regional, luego de que el presidente norteamericano Barack Obama lanzara un Decreto Presidencial declarando a Venezuela como “una amenaza inusual” para la seguridad estadounidense. De hecho éste era el tema fundamental para discutir en la cita panameña, sin embargo, los medios de comunicación afiliados al imperio intentaron utilizar el tema Cuba-Estados Unidos y sus pretensiones de acercamiento como “cortina de humo” para soslayar la delicada situación regional generada por la injerencia imperialista en América Latina.

Si la intención de Estados Unidos era utilizar a Cuba para fraccionar la unidad del bloque latinoamericano y caribeño, esta táctica falló y Obama recibió la reacción indignada de la comunidad asistente al evento, que casi unánimemente pidió al gobernante yanqui la anulación del Decreto belicista e injerencista y presidentes como Evo Morales y Rafael Correa exigieron que se disculpara ante América Latina.

Esta Séptima Cumbre, a diferencia de las anteriores, no dejó una Declaración escrita o un plan de acción definido, porque Obama se negó a firmar el Documento elaborado y signado por el resto de los países asistentes, exceptuando, lógicamente a Canadá, debido a que en dicho documento se exigía la anulación de su Decreto Presidencial contra Venezuela y se planteaban temas específicos sobre reducción de pobreza, transferencia tecnológica sin condicionamientos, respeto a las soberanías nacionales, protección y uso racional del medio ambiente, entre otros reclamos de los países latinoamericanos y caribeños.

En esta cita histórica, más allá de la participación de Cuba y el mediático tema del posible restablecimientos de relaciones entre la isla revolucionaria y Estados Unidos, se marcó la ruptura de la comunidad regional con las decisiones hegemónicas e injerencistas de la potencia norteña, tal como lo expresara el presidente ecuatoriano Rafael Correa en el cierre de la Cumbre de los Pueblos, paralela al cónclave principal, y el fortalecimiento de las alianzas alternativas sin USA en el relacionamiento entre los países de esta parte del mundo. Al decir de Correa, a partir de este momento histórico la OEA servirá para que los países latinoamericanos y caribeños informen a Estados Unidos y sus adláteres las decisiones soberanas tomadas en foros propios, CELAC, ALBA, CARICOM, UNASUR, etc., y no para pedir permiso o aceptar y aplicar las recetas diseñadas en USA.


* Vicente Prieto, periodista cubano que colabora con La Época.

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