¿Por qué la oposición se rasga las vestiduras?

La oposición política y mediática se ha rasgado las vestiduras luego que el presidente Evo Morales afirmara, en una masiva concentración en Villa Tunari, que los partidarios de defender el 21 de febrero (referéndum en el que se impuso por estrecho margen el rechazo a la reforma del artículo 168 de la Constitución), en realidad lo que hacen es defender la mentira y a los “vendepatria”.

Las palabras de Morales provocaron una inmediata reacción de los opositores. Los dirigentes de partidos de derecha y una parte de los medios de comunicación, que actúan en estrecha coordinación con los primeros, lanzaron su grito al cielo para “defender su inmaculada imagen”. No es la primera vez que el presidente del Estado Plurinacional les dice esas y otras cosas más, pero esta vez les dolió como no había ocurrido antes.

¿Qué pasó?

En primer lugar, los últimos estudios de opinión no expresan una relación entre la magnitud de la campaña que lleva adelante la oposición con los resultados que obtienen sus principales figuras. Es verdad que los virulentos ataques contra el gobierno, aprovechando hechos reales y fabricados, han logrado desportillar varias veces la imagen de Evo Morales, pero ni han impedido que el líder indígena marche primero en la preferencia electoral de la gente ni mucho menos han logrado posicionar como alternativa a alguna figura opositora.

La sistemática campaña de mentiras y manipulaciones de la oposición solo provoca éxtasis en sus propios seguidores, que en un alto porcentaje está conformado por los mismos que nunca se tragaron la victoria de la izquierda y mucho menos que un indígena, sin profesión, sea presidente de la Bolivia que la consideraban solo para ellos. Hay, se debe reconocer, otro grupo integrado por personas que en diferentes momentos ocuparon algún cargo en el gobierno y que, con la conocida lógica altoperuana, se convirtieron en sus mayores detractores a días o semanas de haber perdido el puesto. Y, finalmente, están ex izquierdistas que reniegan de su pasado a manera de justificar su posición política durante dos décadas de neoliberalismo. El común de todos ellos es su rechazo a que “los indios” ocupen lugares simbólicos y reales de poder, que siempre los concibieron de uso exclusivo para ellos.

No es que el gobierno haya logrado revertir el impacto de las campañas de mentiras de todo tipo que despliega la oposición, pero ciertamente la gente no es tonta para creer todo lo que la derecha inventa a través de algunos medios de comunicación y las redes sociales. La sobredosis está más bien generando rechazo y quizá alentando una posición crítica.

En segundo lugar, aun en el caso hipotético que las campañas de mentiras afecten la imagen de Morales en alguna medida, lo evidente es que ninguno de los jefes de la oposición ha logrado capitalizar el descontento en los sectores sociales donde objetivamente existe. Las razones son varias, pero la más importante tiene que ver con su comportamiento de “vendepatria” que acompaña a todos los jefes y dirigentes de la oposición, sin excepción.

La mayor parte de la población sabe, aunque lo asimila de manera diferente y en distinto grado, que la explotación de los recursos naturales y las empresas estatales fueron entregadas a precio de gallina muerta a las transnacionales y que el Estado carecía de la más mínima soberanía para oponerse a las recetas dictadas por el FMI, cuya única meta era garantizar la estabilidad, pero con bajo crecimiento y sin ninguna justicia social. La gente lo sabe.
Es por esas dos razones, entre otras, que las palabras de Morales provocaron impacto en la oposición.

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