septiembre 18, 2019

A propósito del XXIV Encuentro del Foro de São Paulo


Por Roberto Regalado *-.


Ojalá que lo que está ocurriendo fuese el fin del ciclo progresista pues, de acuerdo a la creencia existente en la Antigüedad de que la historia se mueve mediante ciclos recurrentes, estaríamos a punto presenciar el inicio un nuevo ciclo revolucionario.

Estas líneas que, en forma atropellada, escribo para cumplir en tiempo un encargo con el que me honra el semanario La Época, de La Paz, Bolivia, pueden parecer disonantes a aquellos compañeros y compañeras que, en los días previos a la celebración en La Habana del XXIV Encuentro del Foro de São Paulo, vaticinan que ese evento producirá con toda fluidez una declaración que denunciará al imperialismo norteamericano y a las oligarquías criollas, como únicos causantes de todos los problemas que enfrentan los gobiernos y las fuerzas de izquierda y progresistas de la región, y que concluirá con una categórica profesión de fe de que la estrategia enemiga será derrotada, sin especificar cómo ni cuándo.

Concuerdo con ellos y ellas en los elementos muy ciertos y meritorios en que basan sus análisis: el encuentro está llamado a ser trascendental y exitoso debido a la autoría intelectual del Foro compartida por Fidel y Lula; el respeto y el cariño con que las fuerzas de izquierda y progresistas de la región distinguen a la Revolución Cubana; la actitud dinámica y constructiva siempre mantenida por el Partido Comunista de Cuba en el Foro; y la influencia positiva que la capital cubana ejerce en todo evento que en ella se realiza.

Precisamente, por los elementos ciertos y meritorios que hacen de La Habana una sede ideal y del Partido Comunista de Cuba un anfitrión competente para enfrentar con objetividad, valentía y decisión cualquier ofensiva imperialista, espero que los debates en el XXIV Encuentro del Foro de São Paulo sean francos y profundos, con los inevitables choques de opiniones y la reflexión el abordaje a fondo delas discrepancias que afloren en sus sesiones, y que todo ello desemboque en un diagnóstico actualizado y “aterrizado” de la situación y perspectivas de las fuerzas de izquierda y progresistas de la región; el doloroso pero imprescindible “parto” de un nuevo consenso entre los miembros del Foro; un plan de acción para reencauzar y revitalizar los proyectos y procesos de transformación revolucionaria y reforma progresista que hoy están en peligro de extinción; y, si esto último ya no fuera posible en todos los países, emprender nuevos proyectos y procesos revolucionarios o reformadores, que se apropien y beneficien de las experiencias positivas y negativas de los que les precedieron.

Muchas veces he dicho que si el Foro de São Paulo no existiera habría que crearlo, pero su experiencia ha sido difícil, muchas veces traumática y en ocasiones llegó casi a la crisis terminal. Ello se debe a que, en su seno, por primera vez convergieron corrientes políticas e ideológicas divergentes de todo el espectro democrático, progresista, de izquierda y revolucionario de la región. La primera amenaza a la vida del naciente Foro se produjo durante sus primeros cuatro años, porque uno de sus “polos” estaba deslumbrado por el fin de las dictaduras y su sustitución por democracias liberales, convencido de que serían la panacea, y el otro no se percataba de que se había cerrado una etapa de lucha violenta y se estaba abriendo una etapa de lucha política legal. Como ni los “reformistas” ni los “revolucionarios” estaban en condiciones de demostrar, con hechos, sus respectivas tesis, aquella contradicción fue cediendo el primer plano a temas que los unían.

La segunda amenaza se desató cuando la elección de Lula a la Presidencia de Brasil revivió el exacerbado culto a la democracia representativa en el sector que, a esas alturas, ya no llamábamos reformista–término con connotaciones negativas–, sino reformador. Imbuida de la tesis de la panacea democrática, que tan lamentable resultado está teniendo en Brasil y otros países, la dirección del PT quiso llenar un “expediente de buena conducta”, y en el Encuentro de Antigua Guatemala, en 2002, presionó para cambiar la definición antiimperialista y antineoliberal del Foro, y excluir de él a las insurgencias colombianas. Por ambas razones “ardió Troya”. Durante dos años y medio fue imposible realizar el siguiente encuentro. El Grupo de Trabajo continuó funcionando, pero si se hubiese reunido la plenaria, el Foro habría estallado en pedazos. Esta segunda crisis se superó en la medida en que continuó la elección de gobiernos de izquierda y progresistas, y todos nos percatamos de que unos planteaban una transformación revolucionaria y otros una reforma progresista, en dependencia de las condiciones, correlaciones de fuerzas y tendencias políticas predominantes en cada país, es decir, que nadie era una “amenaza” para los demás.

La experiencia enseña que en los momentos pico de cambio en las condiciones y características de la lucha popular en América Latina y el Caribe, se producen crisis que obligan a construir un consenso –como en los primeros años del Foro– o a reconstruirlo –como cuando comenzó la cadena de elecciones y reelecciones de gobiernos de izquierda y progresistas. Desde 2009, año del golpe de Estado “de nuevo tipo” contra el presidente Zelaya, se viene produciendo un nuevo cambio. El imperialismo y las oligarquías han perfeccionado su estrategia destinada a cerrar los espacios democráticos conquistados por las fuerzas de izquierda y progresistas de América Latina, expulsarlas de las posiciones que ocupan en los poderes del Estado, desacreditarlas, criminalizarlas, judicializarlas, expulsarlas definitivamente de la democracia burguesa, y restablecer la democracia neoliberal, basada en la alternancia dentro del sistema restringida a fuerzas políticas oligárquicas y pro imperialistas.

Ojalá que lo que está ocurriendo fuese el fin del ciclo progresista pues, de acuerdo a la creencia existente en la Antigüedad de que la historia se mueve mediante ciclos recurrentes, estaríamos a punto presenciar el inicio un nuevo ciclo revolucionario. Pero esto no tiene base científica. Base científica tiene la concepción leninista de “ventanas de oportunidad”, y el problema es que la ventana de oportunidad abierta en la década de 1990, que generó espacios de lucha social y política legal dentro de la democracia burguesa en la región, se está cerrando, y no sabemos cómo ni cuándo se volverá a abrir.

¿Qué hacer? Las opciones extremas conocidas son retroceder en espera del milagro de que alguna institución del sistema nos “haga justicia”, o atrincherarnos en los poderes del Estado en espera de que pase la tormenta, pero ninguna de ellas garantiza la recuperación de los procesos transformadores y reformadores que veníamos desarrollando. Por eso me preocupa y me asusta que, sin proponérselo ni percatarse de ello, haya compañeros y compañeras que le “rinden culto” a Gene Sharp, quienes con la sana intención de denunciar su estrategia, terminan sublimándola. También me preocupa y me asusta que, para combatir al ejército de la guerra mediática imperialista, hayamos construido un ejército de guerra contramediática que, inadvertidamente, está “peleando con los códigos del enemigo”.

Enfrentar la guerra mediática únicamente refutando sus argumentos, no basta para ganar la batalla fundamental, que es la construcción de hegemonía y poder popular. El “secreto” de la estrategia de Sharp es que detecta y explota las insuficiencias y los errores de los gobiernos y las fuerzas políticas de izquierda y progresistas. Si no reconocemos y erradicamos nuestras insuficiencias y errores, podemos seguir denunciando a Sharp y su estrategia, guerra mediática incluida, hasta el día en que nos destruyan. No basta con responder a la guerra mediática diciendo que la derecha gana elecciones con igual o mayor abstencionismo, y con igual o menor margen de votación que la izquierda. Eso es cierto pero, a los efectos de la derecha, esa precaria victoria es suficiente para reimponer por la fuerza el neoliberalismo, pero para la izquierda es insuficiente debido a que no garantizar la necesaria estabilidad de su proceso de transformación revolucionaria o reforma progresista, y ese constituye su objetivo estratégico.

Lo que más me preocupa es que con la guerra mediática está pasando algo parecido a la especulación financiera, que nace de la economía productiva, se separa hasta divorciarse de ella, y llega a dar la impresión fetichizada de que es la fuerza principal y dominante. Lo principal en el enfrentamiento entre la derecha y la izquierda es la lucha política e ideológica en todas sus expresiones, una de las cuales, muy importante por cierto, es la guerra mediática, pero hay una tendencia a confundir los términos.

Trátese de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Uruguay o Venezuela, en nuestro ejército de guerra contramediática predomina la tendencia a “meterlo todo en el molde” de la denuncia a la estrategia de Gene Sharp. Los artículos son casi idénticos. En algunos casos pareciera que lo único que cambia es el nombre del país. Las y los autores se esmeran en comparar las fotos del ómnibus quemado y de los rostros encapuchados, y en detallar lo que se repite en todos los casos. Esto es muy bueno, necesario y oportuno. Esa parte de la tarea está bien cumplida, pero: ¿y los problemas de fondo qué? ¿Por qué amplios sectores sociales, con los cuales debimos y pudimos construir hegemonía y poder popular, durante cinco, diez, quince o más años de gobiernos de izquierda y progresistas, hoy sirven de carne de cañón a la estrategia imperialista, ya sea con su abstención electoral, su voto a favor de candidatos neoliberales o su participación en protestas o incluso en vandalismo? Estos son temas sensibles y complejos en torno a los que aparecerán y entrarán en conflicto puntos de vista diferentes.

Tomará tiempo articular el nuevo consenso requerido para hacer frente a los retos del presente y del futuro, pero confío en que el XXIV Encuentro del Foro de São Paulo dará el primer paso en esa dirección.

* Roberto Regalado es politólogo, doctor en Ciencias Filosóficas y licenciado en periodismo, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Be the first to comment

Leave a Reply

%d bloggers like this: