Los paceños conservan su espíritu revolucionario 209 años después

La historiadora Patricia Montaño hace una lectura del grito libertario en La Paz de 1809, pero desde las condiciones del siglo XXI y en medio de un proceso de cambio.

Voltear el rostro al pasado y repasar los acontecimientos de La Paz en julio de 1809, es admirar el coraje del pueblo paceño, que protagonizó una insurrección inédita en el continente. El mérito de esa Revolución fue que erigió el primer gobierno independiente de Sudamérica, con avances sorprendentes para ese tiempo, como cierta forma de democracia y la inclusión de indígenas.

En los 209 años transcurridos desde entonces, la sociedad paceña evolucionó, pero la historia muestra que el espíritu rebelde que los paceños exhibieron en el siglo XIX, sigue siendo el mismo hasta el presente, pese a la feroz represión sufrida en aquella ocasión.

La rebeldía paceña data de siglos y se refleja en la conservación de la cultura y del idioma aymara, como una forma de resistencia ante la invasión inkaica sufrida hacia el año 1470 y la posterior conquista española en 1532.

Además de haber mostrado su “ñeke” (coraje) en diferentes acontecimientos de la historia colonial y republicana, el año 2003, fueron las ciudades de La Paz y El Alto, las que se levantaron contra el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Si bien la Masacre de Octubre se dio en El Alto, los barrios paceños estuvieron movilizados para defender los recursos naturales y expulsar a ese gobierno saqueador.

El escarmiento de 1809

Cuando el 25 de octubre de 1809, José Manuel de Goyeneche entró a la ciudad de La Paz con el ejército realista, constató que dos tercios de la población estuvieron comprometidos con la Revolución. Los principales dirigentes se encontraban prófugos y fueron capturados uno a uno. Algunos cabecillas, como Victorio García Lanza, dieron pelea a los españoles en los Yungas, en dos batallas que más parecieron masacres porque los patriotas estaban armados solo con palos y piedras.

En la sentencia a 86 sublevados, 14 fueron condenados a pena de muerte y el resto encarcelado o desterrado. A todos se les confiscó sus bienes y sus familias quedaron en la miseria.

Tamaña represión debería haber servido de escarmiento a los paceños, porque Goyeneche se propuso dejar a La Paz “purgada de los desastres y sus autores”. Sin embargo, pese a que los paceños quedaron horrorizados por los macabros acontecimientos, la sed de independencia siguió creciendo en sus corazones y apenas dos años después del desastre retomaron la lucha por la libertad, apoyando al primer ejército auxiliar de Juan José Castelli.

Los realistas de 1809 estuvieron equivocados si creyeron que el sacrificio de Murillo y sus compañeros sería el último levantamiento paceño.

Los antecedentes

En 1809, los mayores recordaban todavía los cercos de Túpac Katari a La Paz en que la población estuvo a punto de capitular por el hambre y fue rescatada las dos oportunidades por tropas realistas. La insurrección resultó ahogada en sangre indígena, siendo ajusticiados Túpac Katari, Bartolina Sisa, Gregoria Apasa y todos sus líderes. Para escarmiento general, sus cabezas y miembros fueron colocados en picas.

Sin embargo, el antecedente inmediato a la insurgencia paceña del 16 de julio de 1809, fue una frustrada rebelión de 1805 que tuvo como eje Cusco-La Paz y que fracasó tras ser descubierta. En La Paz, los líderes eran Pedro Domingo Murillo, Ramón de Loayza y Basilio Catacora entre otros, que fueron a juicio, el que fue benigno con los alzados “quizá por gozar éstos de influencias”. No corrieron la misma suerte los líderes Gabriel Aguilar y José Manuel Ubalde en Cusco, quienes fueron ahorcados en la plaza principal.

Los preparativos de 1809

Las reuniones para la conjura fueron adquiriendo mayor importancia en los meses previos al levantamiento en las casas de los conjurados que se organizaron comisiones para cumplir tareas concretas. Entre tanto, un grupo de mujeres patriotas dirigidas por Vicenta Juariste Eguino y Simona Manzaneda, se dedicó a la fabricación de pólvora para los arcabuces revolucionarios.

El 16 de julio, concluida la procesión, Murillo y Graneros, acompañados por otros, se apoderaron del Cuartel de Milicias, desarmaron a la guardia y arrestaron a los capitanes, apoderándose del comando de las armas de fuego de la ciudad.

La turba enardecida hizo prisionero al gobernador Tadeo Dávila y exigió la renuncia del obispo Remigio La Santa acusando a ambos de estar al servicio de Carlota de Portugal. Luego se produjo el cabildo dirigido por Pedro Domingo Murillo ya sumió las funciones correspondientes al Gobierno. Los doctores Catacora y Bueno se encargaron de redactar el Plan de Gobierno.

El primer gobierno libre de Hispanoamérica

Según el historiador Herbert Klein: “Los líderes locales paceños decidieron actuar con toda claridad y llevar a cabo una revolución completa. Bajo la dirección de un vecino llamado Pedro Domingo Murillo, los rebeldes se declararon a sí mismos Junta Tuitiva. Ésta fue la primera declaración de independencia de una colonia americana española. Iba a iniciar el largo período de guerras americanas de independencia para el Alto Perú duraría quince años, hasta la llegada de Antonio José de Sucre”.

El 22 de julio, el Cabildo conformó la Junta Tuitiva a modo de poder ejecutivo, organismo integrado por abogados y sacerdotes. La Presidencia fue confiada a Pedro Domingo Murillo, que desplegó sus condiciones de jefe y su poder de conducción, así como su carácter organizador.

Los sublevados elaboraron un Plan de Gobierno que el Cabildo aprobó el 22 de julio, en el que figuraban el reemplazo de las autoridades de las provincias (partidos), la suspensión de los envíos de fondos al Virreinato del Río de la Plata y la constitución de una Junta para llevar los objetivos revolucionarios a buen destino.

El Cabildo dio a conocer el nuevo gobierno el nuevo gobierno de la intendencia de La Paz al Virrey de buenos Aires, a la Audiencia de charcas y a todas las autoridades de la carrera de Lima y Buenos Aires.

Los insurrectos respaldados por el Cabildo, quemaron la lista de los deudores a las cajas reales con el argumento de que nada se debía a la Corona. Desde el pueblo de Huarina se movilizaron 400 aymaras para evitar el obispo fugara de la ciudad.

Una de las preocupaciones del Cabildo fue la conformación de un ejército que defendiera el nuevo gobierno, por lo que rápidamente organizó dos compañías de caballería integrada cada una por 50 hombres. Se estima que llegó a 10 compañías de infantería y caballería que se constituyeron en un ejército de 1.400 hombres.

Indígenas

Según José Luis Roca, hay que destacar el esfuerzo de la Junta Tuitiva por estructurar una alianza de clases capaz de enfrentar al opresor común. Una de las partes más novedosas del Plan de Gobierno fue la decisión de incorporar al “congreso representativo de los derechos de pueblo” a un indio por cada provincia. Pensando en una alianza interclasista, la Junta buscó una coincidencia de intereses de todos los estamentos sociales, incluyendo a indígenas y europeos.

El Plan de Gobierno se aplicó y cumplió. Durante su funcionamiento, el Cabildo incorporó en calidad de “vocales representantes” a Francisco Katari Inka Kollu, indio principal de Yungas, al cacique Gregorio Rojas y al apu José Sanco en representación de Pacajes.

Los documentos

La Revolución Paceña, permite, en su calidad intelectual, rememorar a la Revolución Francesa de 1789. Existen tres valiosos documentos de la gesta de 1809: La Proclama de la Junta Tuitiva, el Plan de Gobierno y la Apología de la conducta de la ciudad de La Paz.

La Proclama es ampliamente conocida y considerada uno de los documentos más bellos de la historia, con su célebre inicio: “Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria”. El historiador José Luis Roca determinó que la Proclama circuló en 1809, encontrándose la existencia de cinco ejemplares.

Menos conocido, el Plan de Gobierno, aprobado el 21 de julio de 1809, fue la primera Constitución Política de América Latina. Hacía un llamado a la unidad y a la confederación de las regiones americanas para contrarrestar con mayor efectividad las maniobras europeas. El plan fue enviado a otras provincias de Charcas, al Perú, al Río de la Plata, al Paraguay y también a Chile.

El tercer documento, la Apología de la de la conducta de la ciudad de La Paz, fue catalogado por Roca como el documento más completo, coherente y cerebral de todos los que produjo la Revolución. Aunque contiene algunos conceptos que ya figuran en al Plan de gobierno, a diferencia de éste, que debía tratar asuntos contingentes, la Apología se concentra en temas profundos de filosofía política, pero un lenguaje lleno de vitalidad.

La Apología se ocupó de impugnar la teoría del origen divino de las monarquías absolutistas y exalta los derechos del pueblo guiándose por los postulados del Contrato Social de Rousseau.

Una ciudad devastada

Tras la ejecución de los nueve protomártires, realizada el 29 de enero de 1810, además de los destierros y prisiones, la ciudad quedó devastada. Los hijos y las viudas de los héroes no pudieron recibir el apoyo de la población debido a la excomunión y el “anatema” de que habían sido objeto sus padres, quedando “malditos por todas las generaciones” y “por los siglos de los siglos”.

En ascuas, por la posibilidad de ser denunciados y afligidos por los que habían logrado huir. Los herederos de los mártires se disgregaron y huyeron. Habían quedado en la absoluta pobreza al ser confiscados los bienes de sus padres.

La Paz, la heroica, quedó desolada, pero no vencida.

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