octubre 21, 2018

Acción política en el siglo XXI


Por José Galindo * -. 


Puede ser a través del voto, de la protesta, de la campaña, o incluso del asesinato o el secuestro que una acción se vuelve política, lo que nos sugiere que lo que define como tal a una acción no son los medios de los que se vale sino sus principios, así como sus fines. Es bueno detenerse por un momento a reflexionar un poco más acerca de lo que es una acción política concretamente en orden de poder ejercer correctamente nuestros deberes y derechos ciudadanos.

El término acción política puede ser interpretado de muchas formas: como una acción orientada a la conquista y conservación del poder; como una acción que busca influir en el espacio de toma de decisiones de una sociedad; como una acción que busca transformar o conservar un estado de cosas específico, etc. La descripción del concepto no es sencilla porque el adjetivo que lo acompaña, “política”, es polisémico y puede significar muchas cosas. Sin embargo, en lo esencial, nos remite a la intervención de un sujeto en un determinado orden de cosas a través de una multiplicidad de posibles medios pero con un fin, meta u objetivo ya establecido.

Puede ser a través del voto, de la protesta, de la campaña, o incluso del asesinato o el secuestro que una acción se vuelve política, lo que nos sugiere que lo que define como tal a una acción no son los medios de los que se vale sino sus principios así como sus fines. Es bueno detenerse por un momento a reflexionar un poco más acerca de lo que es una acción política concretamente en orden de poder ejercer correctamente nuestros deberes y derechos ciudadanos.

Sociedades menos “políticas” que la nuestra tienen al voto como principal medio de acción política con el que cuenta un ciudadano, que puede otorgar o negar sólo en determinadas circunstancias, teniendo que resignarse a la simple contemplación de la cosa pública fuera de ellas. Puede formar parte de protestas (o “demostraciones” como las llaman en otros lugares), hacer campaña por un partido o una causa, o expresarse a través de las redes sociales y los medios de comunicación, pero la efectividad de sus acciones estará siempre limitada por su condición de individuo y las ventanas de oportunidad donde sus acciones efectivamente tengan resultados o por lo menos no sean totalmente irrelevantes.

Acá, por otra parte, una historia de golpes de Estado, levantamientos armados, protestas que han terminado con mandatarios huyendo o incluso con el asesinato de presidentes y ministros parece demostrar que los medios para hacer política en Bolivia son mucho más abundantes como peligrosos. Mucho depende, sin embargo, del contexto o el escenario de la política: las calles, los medios, la asamblea, los pasillos, etc., y también de los sujetos que adelanten acciones que puedan ser consideradas “políticas”: individuos, corporaciones o sindicatos, partidos, organizaciones sociales, agrupaciones ciudadanas, juntas vecinales, comités cívicos regionales, municipios o incluso regiones enteras.

En su ensayo “¿Se involucrarán? Conocimiento político, participación y actitudes de las generaciones X y Y”, Suzane Soule parte de la premisa de que una democracia requiere de ciudadanos activos e involucrados con su perpetuación como sistema para poder ser considerada funcional y estable, lo que no habría estado sucediendo con las generaciones que sucedieron a la que vivió la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, su trabajo parte de la hipótesis de que a mayor información disponible mayores posibilidades de que una persona se involucre activamente en asuntos relacionados con política. Entre las conclusiones más interesantes de su trabajo, se encuentra el hecho de que a pesar de vivir en tiempos con mayores medios para mantenerse informado y comunicado, las generaciones X y Y demostraron no estar consientes ni de sus derechos como ciudadanos ni de asuntos de importancia nacional en casi 53% de los encuestados para el estudio, lo que explicaría el ausentismo electoral que ha caracterizado a la sociedad estadounidense desde entonces hasta las elecciones presidenciales de 2012, las últimas en las que participó Obama.

Nuestra generación, por otra parte, es testigo de otros tiempos, con democracias liberales atravesando crisis de representación no pensadas hasta hace una década y que han llevado a más de un Estado occidental a ser conducido actualmente por líderes considerados como populistas, y de derecha. Al mismo tiempo, la profundización de la desigualdad entre naciones y dentro de las mismas, que dibuja una distribución de la riqueza donde el 1% más rico controla el 99% de los recursos materiales de la humanidad. Finalmente, las redes sociales y el Internet en general se han mostrado como medios de comunicación mucho más efectivos, aunque efímeros en sus consecuencias, para estimular la generación de opiniones y la movilización de las personas. Fenómenos como éstos han impulsado la participación política de los individuos más allá de las elecciones hacia otras formas de acción y participación política como la militancia partidaria y la militancia de causa, que explica la emergencia de movimientos sociales como Occupy Wall Street o los Indignados en EE.UU. y España respectivamente. No se debe pasar por alto, además, de que incluso los actos terroristas perpetrados contra países del Primer Mundo pueden ser considerados como acciones políticas que reflejan problemas de actualidad, por muy condenables que sean.

En Bolivia y Latinoamérica, particularmente aunque desde otros contextos, la participación política y la acción política no han atravesado por el periodo de desafección política de las democracias occidentales, sino que se han estimulado hasta llegar a circunstancias polarizantes y muchas veces violentas. Los sujetos de la acción política, al mismo tiempo, se han transformado tan rápidamente que sindicatos han sido desplazados por movimientos sociales y estos por organizaciones corporativas y, ahora, agrupaciones o plataformas ciudadanas cuyos métodos de acción varían pero van más allá de los espacios formales como las elecciones, organizándose particularmente desde el Internet y los medios de comunicación. Las formas de hacer política parecen estar enriqueciéndose o al menos mutando algunas de sus características, aunque tampoco se puede afirmar que se están revolucionando.

Aún así, muchos apuntan a que dichas plataformas o agrupaciones ciudadanas no parecen constituirse en organizaciones estables capaces de convertirse en actores decisivos del escenario político boliviano, casi la misma crítica que se esgrimida contra los movimientos sociales hace un par de décadas. Dicha observación no carece de mérito, sin embargo. A diferencia de los movimientos sociales, la convocatoria de éstas plataformas ciudadanas es mucho más limitada que la de los movimientos anti sistémicos de inicios de éste milenio. De la misma forma, sus acciones parecen tener como principal origen y principal fin alas redes sociales, tratar de influir en la opinión pública, pero sin llegar a los fines que se planteaban otros sujetos conservadores, como la oposición cívica y regional de 2008, inclinadas incluso a la perpetración de actos terroristas y altamente violentos. La acción política de estos tiempos, al parecer, no es radical, en el sentido de que no se juega la vida cuando se la emprende, ni se va más allá de consignas y memes.


*         Politólogo


 

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