Festividad de San Bartolomé, celebración de historia y folclor

La Paz-. Cuando se trata de carnavales bolivianos, el realizado en Oruro en honor a la virgencita del Socavón seguro es el más conocido, pero hay más de estas festividades en las cuales se fusionan la cultura y la religión.

Dentro de estas se encuentra la entrada de San Bartolomé o de los Ch’utillos, fiesta que se celebra el 31 de agosto en el departamento de Potosí, al sur del país.

Se dice que esta data de los tiempos de la colonia. En la ciudad de Potosí, aproximadamente desde 1589, se difunde el mito de que San Bartolomé luchó contra el demonio y ganó la batalla. Desde entonces los habitantes del lugar comenzaron a rendirle culto y dieron inicio a la conmemoración.

Las raíces de esa creencia se encuentran en la época precolombina de los collas, vocablo que denota pertenencia al Collasuyo de lo que fuera el Imperio Incaico y que hoy se utiliza para designar a los habitantes del altiplano.

De acuerdo con la creencia popular, ese festejo fue hecho tradición y convertido por los jesuitas en una fiesta pagano-religiosa.

La historia cuenta que los jesuitas que vivían en ese tiempo en Potosí habían asumido el liderazgo religioso y propagaron la noticia de que el diablo se había ocultado en una quebrada llamada ‘La Puerta’ (ubicada a siete kilómetros de esta ciudad) y se decía que cualquier persona o animal que pasaba por allí moría.

Los indígenas de Cantumarca empezaron a adorar a ese ser sobrenatural, rindiéndole culto a cambio de favores, convencidos de que en esa cueva habitaba el demonio.

Bajo la influencia y ayuda de los religiosos de la época y de los españoles entronizaron la imagen de San Bartolomé e hicieron correr el rumor que el santo había vencido a Satanás.

Es de ese mito donde nace la fiesta de San Bartolomé, fiesta patronal que se celebra en la localidad de ‘La Puerta’ a finales de agosto, pero la mayoría de los potosinos empiezan a celebrarla desde el principio del mes.

Durante la conmemoración, miles de personas y devotos acompañados de bandas de músicas típicas, danzan al ritmo de caporales, morenadas, diabladas, tinkus (encuentros, en quechua) y otros ritmos, mostrando la variedad de la riqueza cultural y folclórica de Bolivia.

Igualmente, es una festividad donde se exhibe fina platería y diversas artesanías, y se hace gala de los famosos confites potosinos, comidas típicas y helados artesanales.

También es conocida como entrada o festividad de los Ch’utillos, siendo este último el nombre que reciben los participantes que se disfrazan de jinetes argentinos o mexicanos.

Dentro de las principales atracciones de esta entrada, figura su celebración en la ciudad de Potosí, la urbe boliviana más importante de la época colonial que aún guarda en sus calles, casonas y su gente la magnificencia de esa época.

Otro aspecto que seduce es el desempeño de los danzarines, especialmente de aquellos que representan las danzas típicas de Potosí: el tinkus, los potolos, la cueca potosina y la pinquillada.

DANZAS TRADICIONALES DE POTOSÍ, ATRACTIVOS PERENNES

El tinkus: es una danza que representa un enfrentamiento de carácter ritual que se realiza en las poblaciones del norte de Potosí y sur de Oruro. El significado de la palabra Tinku es encuentro y viene de la palabra quechua tinkuy, que significa encontrarse.

La coreografía de este baile rememora desde el arte los viejos conflictos en comunidades de esas localidades del país.

Destaca por sus movimientos enérgicos y vestuarios coloridos, que se complementan con grandes sombreros llenos de cuentas y plumas.

Los potolos: se dice que esta danza es originaria de las poblaciones de Potolo, en Chuquisaca y de Potobamba, en Potosí. Representa el acarreamiento del agua y una especie de cortejo masculino a las mujeres de la región.

Su vestimenta está caracterizada por un sombrero de cuero de oveja con forma semicircular y un ala muy angosta, y por un atado abultado en la parte posterior del cuerpo a la altura de los glúteos que ayuda a los sutiles y rítmicos movimientos de cadera de los danzarines.

La cueca potosina: es un baile que llegó a Bolivia en el siglo XIX por influencia peruana. Desde entonces, varias regiones del país han adaptado este ritmo y le han impreso su sello distintivo.

En el caso de la variante potosina, se distingue no solo por la elegancia de sus pasos, sino también por el vestuario. Las mujeres portan vistosas faldas plisadas a la altura de la rodilla y altos sombreros de copa, mientras los hombres visten impecables trajes generalmente de color oscuro.

La pinquillada: esta es una danza que se realiza especialmente en época de lluvia y del florecimiento de los nuevos productos. Es una costumbre de los habitantes quechuas del norte de Potosí para agradecer a la Madre Tierra o Pachamama por sus bondades. Su principal atractivo es su música, interpretada con pinquillos, especie de flauta andina hecha de madera y caña hueca.

Esta manifestación fue declarada en 2016 como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia.

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