Brasil: infancia en riesgo; futuro amenazado

Brasilia-,  Sin ser vistos aún por el poder público como sujetos de derecho, niños y adolescentes están expuestos hoy en Brasil a riesgos que van de la pobreza extrema a la explotación infantil, o la amenaza creciente de una muerte prematura.

‘Faltan políticas públicas para garantizar los derechos previstos en el Estatuto del Niño y del Adolescente’, (ECA, por sus siglas en portugués), lamentó durante una reciente audiencia pública en la Cámara de Diputados la representante del Comité Nacional de Enfrentamiento a la Violencia Sexual contra menores, Glícia Salmerón.

Creado en julio de 1990, el ECA establece como deber de la familia, la sociedad y el Estado asegurar a niños y adolescentes, ‘con absoluta prioridad’, el disfrute de los derechos referentes a la vida, la salud y alimentación, educación, deporte y cultura, a la dignidad, al respeto, la libertad y la convivencia familiar y comunitaria.

Sin embargo, después de 28 años de vigencia del Estatuto, los menores ‘todavía no son vistos por el poder público como sujetos de derecho’, lamentó Salmerón, citada por la Agencia Cámara Noticias.

La apreciación de la especialista guarda relación, sin dudas, con el alarmante panorama de este grupo poblacional, descrito en un informe presentado este año por la Fundación Abrinq, una organización sin fines lucrativos cuya misión es promover la defensa de los derechos y el ejercicio de la ciudadanía de niños y adolescentes.

En Brasil viven en hogares pobres un 40 por ciento de los niños y adolescentes de hasta 14 años de edad, lo que representa una población de 17 millones 300 mil personas. De ellos, cinco millones 800 mil, o un 13,5 por ciento, están en situación de pobreza extrema, detalla el documento.

La realidad resulta más chocante aún si se considera que, de acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el uno por ciento de la población del país (889 mil ciudadanos) tienen 36,26 veces más ingresos que la mitad de los 208 millones de brasileños que pueblan el país.

De otro lado, el compromiso contraído en el ámbito de la Organización de Naciones Unidas (ONU) de erradicar el trabajo esclavo e infantil está lejos de cumplirse.

En el país, y de acuerdo con el propio IBGE, cerca de 2,7 millones de menores son explotados precozmente y a diario por lo menos siete de ellos sufren accidentes graves.

De acuerdo con estadísticas del Ministerio Público del Trabajo, entre los años 2012 y 2017 más de 15 mil 600 niños y adolescentes fueron víctimas de percances peligrosos, que provocaron 187 muertes y más de 500 amputaciones.

Las cifras, sin embargo, pudieran ser mucho mayores, pues según el propio Ministerio Público del Trabajo las estadísticas no consideran las víctimas del narcotráfico y de otras actividades ilícitas e insalubres.

Además, que existe una tolerancia social en torno a la cuestión del trabajo infantil, pues la sociedad brasileña tiene el discurso de que es mejor que el menor trabaje antes que esté robando o involucrado con las drogas, denunció la procuradora Patricia Sanfelici.

SOCIEDAD VIOLENTA

Un estudio realizado el pasado año en 14 países por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reveló que hay al menos cuatro asuntos que preocupan a los menores: la violencia, el terrorismo, la pobreza y la baja calidad de la educación.

En el caso de Brasil, el principal temor de los encuestados (82 por ciento) es precisamente la violencia. Y la preocupación tiene sólidos fundamentos.

La más reciente edición del Atlas de la Violencia, elaborado por el Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA, por sus siglas en portugués) y por el Fórum Brasileño de Seguridad Pública, revela que en 2016 Brasil registró una cifra récord de 62 mil 517 muertes violentas, el 71,1 por ciento de éstas causadas por armas de fuego.

Del total de asesinatos ocurridos ese año, el 71,5 por ciento fue de ciudadanos negros y las regiones donde se produjeron crecimientos más significativos en el número de víctimas fueron el Norte y el Nordeste, lo cual -según expertos- demuestra que ‘la violencia letal no está distribuida de forma homogénea en el tejido social brasileño’.

Esta calamidad está sujeta a la interferencia de factores demográficos, socioeconómicos y también a la actuación del propio Estado, responsable por las políticas públicas de seguridad, dijo al periódico Brasil de Fato el especialista del Fórum Brasileño de Seguridad Pública, David Marques.

En la última década analizada (2006-2016), 553 mil personas murieron en el país como consecuencia de actos violentos; con una tasa de 30 asesinatos por cada 100 mil ciudadanos en 2016, la cual es 30 veces superior a la de Europa, detalló.

Puntualizó además que entre 2006 y 2016, la tasa de homicidios entre la población negra aumentó un 23,1 por ciento, mientras entre los no negros cayó 6,8 por ciento.

Lo mismo sucede entre las mujeres negras, pues en ese período el índice de asesinatos creció 15,4 por ciento y tuvo una reducción de ocho por ciento entre las no negras.

De otro lado, más de un 18 por ciento de los homicidios perpetrados tuvieron como víctimas a personas que tenían menos de 19 años de edad, en su gran mayoría jóvenes pobres, negros y que viven en regiones periféricas de las grandes ciudades.

También empeora la violencia contra las mujeres, niños y niñas. De acuerdo con el Atlas, el 68 por ciento de las violaciones tiene como víctimas a menores de 18 años y casi un tercio de los menores de hasta 13 años son agredidos por amigos y conocidos de la familia.

Para completar el dramático cuadro, luego de 13 años de continua reducción, las tasas de mortalidad infantil (antes de completar un año de vida) y de niños de entre un mes y cuatro años de edad volvieron a crecer en 2017, como consecuencia de la reducción de las inversiones en programas sociales decretada por el gobierno de Michel Temer.

Además de recortar los recursos para planes como la Red Cigüeña, destinado a cualificar la atención pre-natal y del parto, se redujo el alcance del programa Más Médicos sobre todo en el área más crítica, que es el semi-árido del Nordeste brasileño, explicó el ex ministro de Salud Alexandre Padilha.

Otro factor importante que incide en el aumento del número de óbitos en edades tempranas es la desnutrición infantil, que de acuerdo con el Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional creció del 12,6 al 13,1 por ciento entre 2016 e 2017 entre menores de cinco años.

Eso, sin olvidar que, según advirtió el diputado federal del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) Glauber Braga al comentar el informe de la Fundación Abrinq, Brasil ‘está caminado a pasos largos’ de regreso al Mapa Mundial del Hambre, del cual salió en el año 2014 tras reducir hasta un tres por ciento la población ingiriendo menos calorías que lo recomendado por la FAO (cinco por ciento).

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