noviembre 20, 2018

Libertad de expresión


Por Oscar Silva-.


De manera general el termino “Libertad de expresión” en el vocabulario político no significa otra cosa que la posibilidad de manifestarse a favor o en contra de los otros, parece que se considera mayor libertad cuando está dirigida a nuestros contrarios y es menos libertad cuando está dirigida contra los nuestros. Ese es al parecer el rasero con el que la oposición, incluidos sus medios de comunicación, miden la existencia o no de esta libertad y su ejercicio.

No pretendo ingresar en esta oportunidad al ámbito doctrinario, ni constitucional, ni siquiera normativo de lo que es y lo que significa este derecho y si es que puede considerarse como tal.

Vamos a irnos a lo más cotidiano, a lo más simple.

Cuando cualquier medio de comunicación opositor publica una mentira que afecta la imagen del presidente o del gobierno está ejerciendo su libertad de expresión. Cuando alguien critica esa publicación está atentando contra la libertad de expresión, está atentando contra la democracia.

Así de simple. Este hecho que puede ser irrelevante porque finalmente todos los bolivianos estamos conscientes de la plena libertad y democracia en la que nos encontramos viviendo, se ha reavivado a raíz de las declaraciones del director del grupo Los Kjarkas, acerca del presidente Evo Morales y su gobierno.

Y la polémica se acrecentó ya que unos días antes, el vocalista de un grupo mexicano se refirió a la situación política boliviana, lo cual constituye no solo un exabrupto sino una falta de respeto al país que los recibe. Pero, como una demostración más de la amplia e irrestricta libertad de expresión que existe para propios y extraños, el gobierno boliviano ignoro el tema, dada además la poca relevancia e importancia que podían tener esas declaraciones en el contexto de la vida nacional y se las tomo “como de quien viene”. La oposición trato de posicionar vanamente el tema a través de redes sociales y de los medios de comunicación vinculados al cartel de la mentira, pero sus resultados fueron por demás desastrosos.

Para pena de esta inconsistente y deleznable oposición, la posición asumida por Gonzalo Hermosa acerca del presidente y del proceso de cambio, fue el factor detonante para poner en evidencia la fragilidad de su discurso de defensa de la democracia y de la libertad de expresión como parte fundamental de dicha defensa.

El principal y más importante grupo de música boliviana de toda nuestra historia, eso ni duda cabe, sufrió una arremetida descarnada, brutal, alejada de toda ética y fundamentalmente contraria a su discurso de libertad de expresión, de todos los sectores opositores y de todos sus medios de comunicación. La única razón, haber expresado su punto de vista sobre un tema de interés nacional, como cualquier otro ciudadano lo hubiese hecho o como lo hacemos cotidianamente respaldando el proceso de transformación histórica que vive nuestro país.

Pero que eso lo diga Gonzalo Hermosa y lo ratifiquen los Kjarkas, les movió el piso. Que otra cosa que no sean insultos de todo calibre podían servir para intentar contrarrestar en alguna medida y a eso llego su capacidad de respuesta.

Sin embargo, mas allá de la importancia de las declaraciones del compositor boliviano, lo que quedó en evidencia es que la oposición no tiene discurso, no tiene coherencia, ni tiene fundamento, cuando habla de democracia y menos cuando habla de libertad de expresión. Cayeron en su propia trampa. ¿Qué otras cosas intentaran inventar ahora en su enfermiza persecución al líder de la revolución boliviana?

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