Argentina: El show debe continuar


Por María Giménez *-.


La apuesta hacia la financiarización de la economía y el libre mercado, en un escenario de guerra comercial entre potencias, así como los indicadores económicos del país (inflación, recesión, endeudamiento, riesgo país, etc.) ponen en evidencia que el show puede seguir, pero en algún momento termina, y siempre, después de un show, hay que volver a la realidad.


La política económica neoliberal en crisis

En términos de política económica, los instrumentos y medidas implementadas no resolvieron el problema de la restricción externa, que históricamente atraviesa la política económica de Argentina, sino que lo agudizaron. El macrismo puso la economía a disposición del “mercado” y liberó todas las restricciones para el control del flujo financiero, pensando que llegaría la “lluvia de inversiones”. Pero esto nunca pasó.

La quita del control cambiario, la eliminación de las retenciones a las exportaciones, la reducción de la retención a la soja, la eliminación del impuesto a la riqueza, el retraso cambiario, el aumento de la tasa de interés, la eliminación de los encajes a las inversiones, las eliminaciones del control de las importaciones y las exportaciones, liberando el comercio exterior, la restricción monetaria, la inflación en niveles elevados, el gasto público (el primer año se incrementó), la eliminación de las obligaciones de las exportadoras en liquidar las divisas, (llevando el período a 10 años), llevaron a una restricción de éstas, demandadas por los sectores productivos para el funcionamiento del país.

El déficit en la balanza de cuenta corriente, sumado a que los capitales especulativos comenzaron a fugar en el primer trimestre del año, encerraron al país en una corrida cambiaria sin precedentes, profundizando la crisis económica y de divisas y poniéndolo nuevamente en un ciclo de restricción externa, que parece tener sólo al endeudamiento como alternativa superadora.

Pero todo esto no fue obra del “desarrollo de las fuerzas del mercado”, sino que hubo cálculo económico y geopolítico, hubo ganadores y perdedores.

Recordemos las reuniones privadas “que se desarrollaron en el domicilio particular de un banquero que vive por la zona de San Isidro. Se trata de Enrique Cristofani, presidente del Banco Santander. Los otros participantes fueron Gabriel Martino del HSBC, Gustavo Manrique del Banco Macro, Martín Zarich del BBVA, y Sergio Grinenco del Banco Galicia. Por parte del gobierno estuvieron el ministro de Finanzas, Luis Caputo, y el entonces presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger”, según señalara N. Castro, en el diario Perfil.

La situación política y económica que atraviesa el país, tiene más que ver con los intereses de estos actores, que disputan por poner a sus cuadros a gestionar, de acuerdo a sus intereses.

La política en Cambiemos

Desde hace meses, la coalición Cambiemos se encuentra atravesando por una encrucijada, ya que hacia adentro de la misma, conviven distintos intereses corporativos internacionales, enfrentados entre sí.

Esta encrucijada comienza a resolverse en Argentina a partir del 28 de diciembre de 2017, en un hecho inédito, cuando el Ejecutivo avasalló la autonomía del Banco Central, cambiando las metas de inflación y poniendo en evidencia la tensión hacia adentro de la política económica del gobierno.

Hasta la victoria de Donald Trump en 2016, Sturzenegger ejercía cómodamente el control del Banco Central (BCRA), ya que se encontraba respaldado por los globalistas financieros, que en las elecciones estadounidenses estaban representados por Hillary Clinton, y que en Argentina se observó en el apoyo del HSBC (Rothschild) al entonces presidente del BCRA. Esteban Bertella (ex HSBC), cercano a Gabriel Martino, CEO de ese banco, cumplió un rol fundamental en la gestión de Sturzenegger: tenía a su cargo la administración de las reservas internacionales y la autorización del giro de utilidades de las firmas multinacionales.

El cambio en las relaciones de fuerza a nivel mundial que generó el resultado de las elecciones en EE.UU., impulsó a los sectores vinculados al republicanismo norteamericano neoconservador (Caputo, Blackrock, JP Morgan), a iniciar una serie de corridas, en busca del control del estratégico BCRA. La feroz interna se resolvió y la correlación de fuerza se inclinó hacia el neoconservadurismo, a partir del nombramiento de Luis Caputo en el BCRA.

El sector agroindustrial y los denominados grupos económicos locales apoyarían la maniobra neoconservadora y, a su favor, obtendrían algunos lugares en el gabinete macrista.

Ya a fines de 2017 Luis Miguel Etchevehere, presidente de la Sociedad Rural Argentina, asumió la cartera de agroindustria, y el 6 de julio se decretó la vacancia de los ministerios de Producción y de Energía: salieron Francisco Cabrera y Juan José Aranguren (ambos globalistas) y son reemplazados por Dante Sica (economista vinculado al expresidente Eduardo Duhalde y a los industriales paulistas de Brasil) y Javier Iguacel (directivo en PeCom de Perez Companc y Pluspetrol de Rodríguez del Rey), respectivamente.

El pasado 13 de agosto, en la visita de James Mattis, Secretario de Defensa de EE.UU. al país, se planteó la incorporación argentina a la agenda neoconservadora mundial: la lucha contra el terrorismo, los descalabros del narcotráfico en la región, el nuevo rol de las Fuerzas Armadas en el mundo, la crisis de Venezuela, la cumbre del G20 en Buenos Aires y el avance de China en América Latina.

La instalación de las bases en la Patagonia y en la Triple Frontera (con Brasil y Paraguay), los acuerdo para la explotación del yacimiento de Vaca Muerta con la trasnacional estadounidense Chevron, el congelamiento y posible caída de los contratos de las Hidroeléctricas Néstor Kirchner y Cepernic que tiene licitadas Electro Ingeniería con China, convierten a Argentina en un escenario de disputa para los jugadores de las grandes ligas.

Con estas jugadas, da la impresión de que el neoconservadurismo de Cambiemos, pretende encaminar al país hacia un orden social con un disciplinamiento por abajo y con acuerdo por arriba, con la conformidad de la mayoría de los grandes empresarios de la industria, de los servicios y de la logística de la Unión Industrial Argentina, dispuestos a contribuir también con el ordenamiento y disciplinamiento de su fuerza laboral.

¿Vamos hacia un barranco?

Una Argentina envuelta en los problemas externos, y “el mejor equipo de los últimos 50 años” sin iniciativa para resolver la crisis que genera aplicando una política de libre mercado y de financiarización de la economía (con tristes recuerdos de la crisis del 2001), no trae buenos presagios para el pueblo argentino. Está claro que toda su energía está puesta en lograr la centralización de los negocios y las riquezas en las manos de las grandes corporaciones locales y transnacionales.

Algunos indicadores de la crisis son el riesgo país, que se encuentra en 745 puntos básicos, (el más alto de los últimos 10 años); el dólar tocó los 31 pesos, la inflación proyectada a 35% para todo el año, el nivel de actividad es el más bajo de los últimos años, generando un proceso de “estanflación”, ese concepto censurado en el entramado mediático cogobernante.

El pueblo argentino en su totalidad, usado de rehén, se encuentra atrapado en una brutal transferencia de ingresos desde sus bolsillos a las energéticas, las multinacionales, las bancas comerciales y los fondos financieros de inversión.

La represión, el lawfare y el abusivo show mediático que llevan adelante los poderes concentrados, esconden, tras su legitimidad, la brutal situación que atraviesa Latinoamérica y el mundo en su conjunto: desigualdad, exclusión, marginalidad para las mayorías, y concentración de las riquezas del mundo sólo en unas pocas manos. Ante esta situación, los sectores populares asumen un rol protagónico en el redireccionamiento de la política económica del país, en favor de sus propios derechos.

Con el paro general del 25 de junio, los sectores populares reabrieron la disputa planteada en diciembre de 2017, con el paro y movilización contra la reforma previsional, logrando un amplio nivel de consenso social. El movimiento obrero y las organizaciones sociales, contaron con el apoyo de universitarios, de empresarios pymes, y de algunos grandes empresarios que ahora empiezan a sentir que se quedan fuera de la pelea.

La Multisectorial 21 F, con su propuesta programática lanzada recientemente, las movilizaciones (fuertemente reprimidas) en defensa del Astillero Río Santiago, así como las grandes manifestaciones en defensa de la universidad pública, y las distintas acciones populares, que en su diversidad expresan la posibilidad de conformarse como oposición al neoliberalismo, deben ser articuladas estratégicamente para alcanzar, no sólo una victoria electoral, sino también el desarrollo de un fuerza organizada programáticamente, con visión latinoamericana, que impulse a los sectores populares de la región a consolidarse como fuerza social con escala global, a favor de los excluidos y excluidas del sistema.


*            Redactora-investigadora argentina del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (www.estrategia.la)


 

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