octubre 21, 2018

El 11 de septiembre boliviano


Por José Galindo *-.


Eran años de rebelión popular, no hay duda., y no es exagerado afirmar que el actual Estado Plurinacional de Bolivia nació allá, en aquella recóndita población amazónica de Porvenir. Quizá por ello, a diferencia del 11 de septiembre chileno y el 11 de septiembre estadounidense, el 11 de septiembre boliviano tiene dos caras. Una trágica y amarga, por la sangre derramada, y otra fundacional, por los eventos que desencadenaron aquellas muertes.


A partir de 2008, muchos bolivianos deberían recordar el 11 de septiembre de cada año como una fecha signada por la tragedia, pero también como algo especial. Más de una veintena de personas murieron en un enfrentamiento en Porvenir, departamento de Pando. El hecho reflejaba sin sutiliza lo que sucedía en el resto de Bolivia. Eran tiempos de cambios violentos y resistencias brutales, y todo el país temblaba mientras emergía una nueva configuración en las relaciones de poder a nivel nacional. En aquella población perdida en medio de la inmensa selva amazónica dos proyectos políticos se disputaban el destino de su generación. Por un lado, campesinos simpatizantes del entonces novato presidente Morales; por el otro, regionalistas que se oponían fieramente al gobierno central en nombre de la autonomía regional.

La batalla terminó con la derrota de los segundos, pero fueron los primeros los que pagaron el mayor costo humano. Al día siguiente, la resistencia al gobierno de Morales en Pando y en el resto de los departamentos que se rebelaron fue rápidamente neutralizada. Lo que algunos aún llaman “el golpe de Estado Cívico Prefectural” sólo había durado unos días. La toma de instituciones que los líderes de la oposición regional organizaron para desgastar al gobierno central hubiera durado más si se hubiera controlado el grado de violencia ejercido contra indígenas y campesinos, pero no sucedió así, y ya no importa preguntarse porqué. El hecho es que se derramó mucha sangre ese día y eso tuvo consecuencias.

Bolivia es un país de extremos, dicen algunos, pero ya se había vivido una masacre hace 5 años, y casi dos decenas de muertos indignaron hasta a los más cínicos conservadores del escenario político nacional. Se declaró el Estado de sitio, se desplegó al ejército y a la policía y se arrestó a los líderes más notables del movimiento cívico de Pando. Lo que siguió después fue el desbande desorganizado del resto de la oposición regionalista en el resto de los departamentos del país. Un posterior escándalo que involucraba a muchos de estos líderes con terroristas croatas puso el último clavo sobre el ataúd de lo que había sido por un par de años una oposición formidable.

La oposición parlamentaria en La Paz, por otro lado, nunca significó un verdadero peligro para el gobierno del MAS y la misma quedó indefensa luego de la derrota de sus agresivos aliados en el interior del país. El proyecto constitucional al que se resistían como sus vencidos compañeros fue aprobado bajo la presión de multitudinarias masas campesinas que cercaron el Congreso y luego llegarían incluso a cercar a la embajada de los EE.UU. Eran años de rebelión popular, no hay duda., y no es exagerado afirmar que el actual Estado Plurinacional de Bolivia nació allá, en aquella recóndita población amazónica de Porvenir. Quizá por ello, a diferencia del 11 de septiembre chileno y el 11 de septiembre estadounidense, el 11 de septiembre boliviano tiene dos caras. Una trágica y amarga, por la sangre derramada, y otra fundacional, por los eventos que desencadenaron aquellas muertes.

El departamento de Pando cambió mucho desde entonces. Toda una élite que se había formado en décadas fue desplazada en días. El gobierno central, que siempre había sido tan descuidado con ésta región, estuvo más presente que nunca. Luego de levantado el Estado de Sitio quedaba poco de aquella soberbiamente violenta oposición. Los que no fueron arrestados sólo tenían tres opciones: abandonar el país, retirarse de la política o unirse al gobierno. Y eso fue lo que justamente hicieron. Para las elecciones sub nacionales de 2010 el MAS logró controlar la gobernación y más de la mitad de las alcaldías de ese departamento. Para las elecciones sub nacionales de 2015, 13 de las 15 alcaldías eran del MAS, además de la gobernación. Los políticos eran los mismos, sólo que ésta vez bajo otra bandera. El vicepresidente Linera llamaría después a ésta estrategia “la incorporación del adversario ya derrotado”. Es difícil saber si todos aquellos políticos locales que se unieron al oficialismo realmente comulgaban o comulgan con las ideas del Proceso de Cambio, pero lo cierto es que tampoco tenían posibilidad de resistencia.

Decíamos que hasta entonces ésta región había sido tradicionalmente olvidada por el Estado. Se debe advertir, por cierto, que el reclamo regionalista no estaba ausente de mérito. Muchas regiones del país, aunque particularmente ésta, fueron históricamente olvidadas o ignoradas por los diferentes gobiernos que controlaron Bolivia desde La Paz. En el caso de Pando, ubicado en el norte, detrás de selvas y bosques que se extienden millones de kilómetros, la negligencia fue mayor. Siempre fuimos un Estado pobre, aún lo somos hoy, y Pando, tan lejos y con tan poca población, poco más de 120 mil habitantes actualmente, era el hijo al que nadie notaba salvo en circunstancias excepcionales, como cuando estalló el boom de la goma a finales del siglo XIX.

El hecho es que la intervención del gobierno central no sólo vino acompañada de militares, policías y fiscales, sino también de lo que comúnmente se llama desarrollo. Aun suponiendo que el gobierno central lo haya hecho con fines meramente electoralistas, el hecho es que se llegó a ésta región con millones de millones de dólares en programas financiados desde el Ejecutivo: dos plantas de energía fotovoltaicas, un hospital de tercer nivel, una ampliación y modernización de sus principales carreteras y su aeropuerto, infinidad de proyectos de riego, vivienda, educación y otros sectores, sin contar la ampliación de la burocracia local y el control monopólico del empleo público que tenía entonces el MAS. En total, entre 2008 y 2015 se invirtieron en Pando 3 mil millones de dólares desde el gobierno central. Es decir, el 3%, más o menos, del PIB nominal que tiene el país.

Escándalos como los del Fondo Indígena, por supuesto, nos obligan a relativizar todo entusiasmo. En Pando cambiaron los jugadores y algunas de las reglas del juego; sin embargo, el clientelismo, el prebendalismo y, debe admitirse, la corrupción, continúan siendo rémoras allá y casi en todas partes del país. No obstante, aquella inmensa suma de dinero y su inversión en proyectos que beneficiaron a personas que nunca antes habían pensado en la bolivianidad como una ventaja, llevó al partido oficialista a pasar de sólo el 4% de los votos en las elecciones municipales del 2004 a concentrar el 65% de los votos en las elecciones sub nacionales de 2015. Indudablemente se estaba haciendo algo bien. Así sea sólo por el desplazamiento de los viejos líderes y su reemplazo por un inmenso presupuesto.

No obstante, no existen estudios profundos para medir actualmente cual es realmente el avance de ésta región en cuanto a indicadores sociales. Las mega inversiones y los mega proyectos que se ejecutan allá incluso el día de hoy no siempre están relacionados con negocios comunes a la gente local, que por cierto está dedicada casi completamente a la agricultura, al comercio o al transporte. El principal dato que se tiene al respecto proviene de la Fundación Jubileo, que estima que en 2001 la población pandina que vivía en la extrema pobreza alcanzaba al 34% del total, mientras que en 2001 esta se redujo al 16%.

El resto del país, también se dice, ha cambiado en formas similares, con más de 3 millones de bolivianos ingresando a la clase media entre 2006 y 2012 y un incremento en el PIB per cápita que va de mil dólares en 2005 a más de 3 mil dólares en 2015. El índice de Gini se ha reducido en más de 10 puntos porcentuales, de 63 a 45, lo cual es una buena noticia, pues mientras más cerca de cero estemos más equitativamente está distribuida la riqueza. Bolivia, en conjunto, ha crecido a un promedio de 4% al año durante la última década. Muchos indican que dicho logro se debe sólo a la casualidad, aquella que elevó el precio de las materias primas entre 2008 y 2012, pero Venezuela también vendía petróleo como principal industria y está lejos de compartir nuestra situación. La nacionalización de los hidrocarburos, o como se quiera llamarla, no puede dejar de ser un factor a tomar en cuenta éste éxito económico.

Muchos cambios para una región y para todo un país, está claro. El punto de todo esto es recordar que los mismos tal vez no hubieran sido posibles de no haber sido por aquella fatídica tarde en el municipio de Porvenir, tan violenta y tan fundacional. La tragedia debe ser recordada, para festejar o condenar el presente, como un hito de nuestra historia. Los medios de comunicación le dedicaron muy poco espacio a ésta fecha durante los últimos días. En una época tan informada como lo es ésta, la ignorancia no parece una explicación plausible. Tal vez, para muchos, es mejor no recordar.


*         Politólogo.


 

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