septiembre 28, 2020

Caso Alexander: separar rumores de hechos

El escándalo que ha irrumpido estos días en toda la discusión pública de nuestra sociedad a raíz de un audio filtrado que revela la condena de un médico supuestamente inocente de la violación y muerte de un bebé huérfano en un centro de acogida, ha consternado a todos, pero también ha levantado sospechas de cuáles son los móviles que llevaron a que se conozca el contenido de la grabación y los actores que están detrás.

Toca lo más hondo de nuestra sensibilidad colectiva, por los personajes que interpretan este drama y por las implicaciones que se perciben para todos los miembros de nuestro país. Un joven y humilde licenciado de medicina, presuntamente condenado de manera injusta por el ultraje a un menor de edad, y una juez cínica y prepotente que no tuvo escrúpulos para arruinar su vida. Para añadir, como elemento tragicómico, la suspensión de la administradora de justicia tardó cuatro días en suceder, debido a que ella pidió una baja médica.

Coincidencia o no, la polémica levanta más polvo en días en los que se seleccionan fiscales, y en los que otro médico, muy diferente al primero, enfrenta cargos judiciales por haber extirpado un riñón bueno a un niño enfermo de cáncer. Todas historias reales, difundidas por los medios, y condenadas por un mínimo de sentido de humanidad.

No obstante, por muy emotiva que sea la situación, se debe primero separar los rumores de los hechos. Hay un audio, cuya validez debe ser verificada prontamente, así como determinar las circunstancias en las que se produjo la grabación. Hay en marcha una auditoria del papel de los fiscales en el caso, que también debe dar resultados concretos y contundentes. De ahí se desprenderá, si hay víctimas, medidas para resarcir a las víctimas y para procesar a los responsables.

La discusión en los medios y en las redes sociales, no obstante, multiplicarán las consecuencias de este hecho debido a tres razones: nuestro heredado sistema judicial ya se encuentra deslegitimado hasta la raíz; existen intereses particulares que saltan a la palestra justamente cuando se disputa un cargo influyente dentro del sistema de justicia y estamos en la antesala de una competencia electoral que anuncia ser muy polémica e intensa.

Hay muchos actores en juego, con muchos intereses. Los argumentos de la oposición hacen aflorar viejos argumentos que ponen en evidencia que quizá lo que menos les importa es el caso Alexander: no hay independencia de poderes y los implicados están relacionados con el partido gobernante. La reacción que esperan: todo lo que haya decidido ésta corrupta justicia es nulo desde cualquier perspectiva. Una articulación de plataformas ciudadanas, competidores políticos y medios de comunicación es de esperarse. Todo apuntando al proceso de Cambio como un todo.

La posición de este medio es la de respaldar los pedidos de una investigación profunda e imparcial, sean cuales sean las consecuencias y, como se ha dicho antes, caiga quien caiga. Pero tratar de relacionar el terrible hecho con las elecciones venideras o la pronta designación de un fiscal, sería, por otra parte, tan condenable como el propio caso Alexander.

Para aclarar lo que sucedió no se debe esperar mucho. Las pruebas irán surgiendo, desde aquella Justicia hoy en severa crisis hasta los medios de comunicación, cuya labor investigativa no estará, sin embargo, exenta de sesgos. Hay que mirar más allá de lo aparente.

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