octubre 19, 2018

El mar nuestro de cada día


Por Julio A. Muriente Pérez *-. 


Desde Puerto Rico alcanzamos a comprender la trascendencia del reclamo del hermano pueblo boliviano por tener una salida soberana al mar. Paradójicamente, porque nuestra condición de isla-nación nos provee de océano y mar por todas partes; aunque en nuestro caso el gran ausente es el poder soberano sobre nuestro mar territorial y sobre nuestra patria toda.

Para nosotros y nosotras el mar es una suerte de dios omnipresente. Puede ser ruta de libertad o privación de la misma. En nuestro caso hemos sufrido dos invasiones imperiales desde el mar. Al pueblo boliviano le usurparon en 1879, 120 mil kilómetros cuadrados de territorio y 400 kilómetros de costa en una guerra motivada por los intereses mezquinos de empresarios adinerados, intereses extranjeros y gobiernos interesados en expandir su influencia económica y política en la región del Pacifico sudamericano.

Puerto Rico, mientras tanto, carece de la prerrogativa soberana para disponer de su mar soberanamente, desde el azote de otra guerra expansionista, apenas veinte años después de la Guerra del guano y el salitre.

Suele suceder que quienes ganan esas guerras de rapiña piensan que la agresión está finiquitada si se firma un acuerdo poco después, donde en realidad lo que se plasman son los desacuerdos y arbitrariedades no resueltas. Así sucedió en 1904 entre Bolivia y Chile. Igualmente pasó en 1898, cuando Estados Unidos y España firmaron el tratado de Paz de París, meses después de que Puerto Rico —junto a Cuba, Filipinas y Guam— había sido tomado como botín de guerra. Ese ha sido el caso de la imposición de un acuerdo espurio e ilegal por parte de Estados Unidos para imponer por más de un siglo una base militar en territorio cubano.

Al escribir estas líneas todavía la Corte Internacional de Justicia reunida en La Haya no ha dictado sentencia sobre la demanda incoada por el gobierno de Bolivia hace varios años. El reclamo del gobierno y el pueblo bolivianos es tan justo como sencillo: Chile tiene la obligación de negociar un acuerdo con Bolivia que garantice la salida soberana al mar, a través de una tierra que le pertenecía y que le fue tomada hace casi 140 años.

En materia de soberanía nacional, de respeto y dignidad, la letra del tratado boliviano-chileno de 1904 puede carecer de legitimidad tanto como el tratado de 1898 en el que Estados Unidos pretendió legalizar la conquista y ocupación de nuestra patria. No hay contratos o acuerdos eternos, sobre todo cuando se suscriben en condiciones de desigualdad e imposición. Por su propia naturaleza pierden todo crédito o reconocimiento.

La prepotencia manifestada por diversos gobiernos de Chile, con lenguaje propio de conquistadores y no de vecinos y pueblos hermanos, anticipa nuevos obstáculos y dificultades sobre un asunto que podría resolverse de forma apropiada se prevalecieran la ecuanimidad y el respeto entre las partes. Unos y otros se hacen eco de las indeseables palabras del excanciller —bajo el primer gobierno del derechista Sebastián Piñera— Alfredo Moreno, cuando afirmó sin contemplaciones en 2010 que, “Chile no tiene temas fronterizos pendientes con Bolivia, ya que fueron acordados en el tratado de paz de 1904”.

El reclamo de Bolivia por tener derecho al mar ha trascendido sus fronteras y se ha convertido en bandera latinoamericana, caribeña y mundial. En ese sentido podemos decir con plena convicción que todos y todas somos Bolivia.

Lo que acontezca este primero de octubre en La Haya será un capítulo importante, aunque no necesariamente decisivo, en la lucha porque este reclamo justo se haga realidad. Cualquiera sea el veredicto, habrá que perseverar en las nuevas jornadas que se avecinan. Estaremos atentos a lo opinión de los jueces y estaremos más atentos aun a las palabras del presidente Evo Morales, quien estará representándonos a todos y todas allí ese día, como ícono de dignidad y vergüenza.


*         Catedrático, Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.


 

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