noviembre 18, 2018

Un titular audaz y una disculpa necesaria

En la edición del domingo 30, impulsados por un sentimiento patriótico generalizado pocas veces visto en el país y con la firme convicción de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) iba a emitir una sentencia que de paso a la reparación histórica de la injusticia cometida con Bolivia tras la ocupación militar chilena de 1879, en la que el país perdió su cualidad marítima, La Época tituló en su portada “Sentencia histórica” y en su epígrafe hizo alusión a un “histórico triunfo”.

La decisión de titular de esa manera fue audaz, pues el fallo recién se conocería en la mañana del lunes. Lo supimos desde el momento en que analizamos las distintas alternativas. Evidentemente, como ocurre casi siempre, la realidad terminó superando los buenos deseos. La Corte Internacional de Justicia emitió un fallo negativo contra la legítima aspiración boliviana de que se determine la obligación de Chile de dialogar con Bolivia para encontrar una salida soberana al Pacífico.

Al escuchar la fundamentación de los magistrados de La Haya, punto por punto, hasta llegar a la fase conclusiva, podemos decir que se nos cayó el mundo. Y no era por el titular principal que se nos había ocurrido colocar en la portada. Para ser sinceros, en ese momento era lo que menos importaba, pues estábamos seguros de que nuestros lectores comprenderían el origen de nuestro error, plenamente entendible por el predominio del sentimiento nacional que esperaba algo de justicia de parte de La Haya después de 139 años.

El mundo se nos vino abajo. La Haya legalizó la ocupación militar chilena de 1879 y, por tanto, la idea bastante antigua de que la guerra otorga derechos. Los magistrados de la CIJ, a pesar de que en 2015 rechazaron la objeción chilena a la demanda boliviana, lo que implica que encontraron materia para su estudio, aprobaron con artera impunidad una sentencia que niega la obligación de Chile a negociar con Bolivia una salida al mar. Es más, un fallo salomónico, hubiera sido que la negociación era obligatoria, pero sin que esa salida al mar fuese con soberanía.

Pero bueno, analizar las razones por las que La Haya tomó esa decisión injusta son ahora necesarias e importantes. Desnudar las contradicciones del fallo, más que imprescindibles. En esta edición empezamos ese análisis a partir de consideraciones geopolíticas que también se requieren. En todo caso, lo que nos corresponde es pedir a nuestros lectores, las más sinceras disculpas por haber transgredido algunas reglas básicas del periodismo.

A los analistas e intelectuales de la derecha, a los que bien el escritor boliviano René Zavaleta los llamaría “perros guardianes de la burguesía”, no tenemos nada que pedirles. Su doble moral ahora los lleva a pedir la cabeza del presidente Evo Morales y a coincidir con la derecha chilena. En cinco años de procesada la demanda en La Haya respaldaron la iniciativa porque no les quedaba otra, aunque nunca creyeron en ella. Sabemos que sus críticas no son por el error cometido, sino por refutar semanalmente sus mentiras construidas para dañar el proceso de cambio más profundo de nuestra historia.

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