abril 19, 2019

Cuando la limosna es tan grande… es porque piedras trae


Por Fernando Rodríguez Ureña *-.


Ese no es el refrán verdadero, pero parece el real. En el caso boliviano, resulta muy sugestivo el gesto “amistoso” de la OEA y sus instancias de fomento electoral y monitoreo de los procesos democráticos.

Cuando todas las expresiones políticas del capitalismo en sus versiones librecambistas como proteccionistas (neoliberales y nacionalistas/desarrollistas) cuestionaban las elecciones primarias y el derecho a elegir y ser elegido del presidente y el vicepresidente de Bolivia, el representante del órgano veedor de estos procesos, se manifiesta para dar su bendición sobre los mismos.

¡Y del mismo modo en que la derecha más reaccionaria gritaba Traición! ¡Traición! la semana pasada apareció en las redes una foto de Evo que junto a Carlos Romero aparecía con la crema innata del empresariado cruceño, a quienes esa derecha amenazaba y les prometían represalias futuras, de igual manera y con el mismo ímpetu, gritaba ¡Traición!, ¡Traición! cuando Luis Almagro entre sonrisas anunciaba que la OEA enviaría veedores para nuestras primarias. Y si esto es así, no nos extrañe que en octubre tengamos también observadores internacionales, portadores de la misma bendición.

Es que vivimos un tiempo “de cambios” en el que los golpes de estado han cobrado otras dimensiones y metodologías. El clásico golpe de Estado militar, violento, restaurador del “orden y la paz” que se habían perdido en la sociedad, si bien no está descartado, en la actualidad cobra otros ribetes y metodologías.

Hoy los golpes los producen jueces y abogados, informáticos, comunicadores, psicólogos sociales, expertos de bolsa, quienes producen un conjunto de tareas de desestabilización de procesos progresistas y revolucionarios usando las técnicas del golpe suave: operaciones psicológicas, guerra sucia noticiosa, guerra de cuarta generación mediante las redes sociales, desprestigio de dirigentes políticos con acusaciones “moralistas”, guerra económica, persecución judicial y otras acciones combinadas de potentes efectos desestabilizadores, que tienen como caldo de cultivo sociedades despolitizadas y desideologizadas como efecto del neoliberalismo actuando durante décadas en el continente.

En estos contextos, los derechos humanos, la democracia y el desarrollo, se instrumentalizan y cambian de signo: habiendo sido bandera de los procesos progresistas, se transforman y se convierten en instrumento de conspiración del capitalismo, que les otorga otro contenido, fundamentalizando los derechos individuales, especialmente los relacionados a las libertades y la propiedad. En el caso de la democracia el voto se convierte en sinónimo de libertad política, cuando este es sólo un aspecto de la democracia, extirpando paralelamente toda forma de democracia participativa orientada a la construcción del poder popular.

Respecto al desarrollo, surgen potentes corrientes verdes, ecologistas, que en una doble moral satanizan la afectación a la naturaleza, pero paralelamente producen grandes desastres ecológicos por concebir “al factor tierra y su riqueza”, un recurso que debe ser explotado al límite, buscando la maximización de la ganancia.

Por estas razones, no podemos dejar de pensar que el capitalismo y sus expresiones políticas, usen también los procesos electorales como un instrumento de conspiración para la desestabilización y caída de gobiernos contestatarios.

Hoy mediante el uso de la tecnología se puede acceder a bases de datos y hakearlas, produciendo desconciertos como por ejemplo el cambiar la militancia de políticos y ciudadanos en determinadas tiendas políticas, operación que produce desconfianza en los órganos electorales, porque implica “meterse” en temas íntimos como la adscripción política. Ese ensayo ya se realizó exitosamente en Bolivia.

Y si esto es posible, también puede ser posible el hackeo de datos de votación entre la boca de urna y el escrutinio oficial, produciendo “fraudes falsos”, generando desconcierto, enojo y acciones violentas, como condiciones materiales para producir revueltas que terminen derrocando gobiernos progresistas y revolucionarios, una vez que “los observadores internacionales” certifiquen que los datos en boca de urna, no corresponden a los del escrutinio.

¿Especulación? ¿Imaginación desbordada? ¿Ciencia ficción política? Cierto, pero en todo caso absolutamente posible en nuestras actuales condiciones de intentos de restauración del control imperialista sobre nuestro continente y sus riquezas.

Por eso es preocupante la sonrisa de Almagro cuando expresa formalmente el reconocimiento de nuestros procesos electorales, mediante el envío de observadores.

Estemos atentos, vigilantes, redoblando nuestra seguridad informática y construyendo mecanismos de inteligencia que sean capaces de detectar con anticipación estas posibilidades de conspiración, usando como arma, el “falso fraude oficialista”. No descuidemos esos frentes.

* Sociólogo. Militante Guevarista.

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