julio 23, 2019

El brexit con marcha atrás


Por David Torres *-.


El brexit es un buen ejemplo de que la democracia es, según palabras de Churchill, el peor de los sistemas de gobierno posibles con excepción de todos los demás. De hecho, la democracia funciona tan bien que hasta se puede dar marcha atrás en caso de equivocación o de que no salga lo que los patronos tenían planeado.

Tampoco sería la primera vez que un pueblo europeo mete la pata y tienen que venir los de arriba a sacarlos del apuro, como sucedió con los daneses y el Tratado de Maastricht, que tuvieron que repetir la votación porque la primera lo hicieron mal, o con los irlandeses, que dijeron que no la primera vez al Tratado de Niza y les dieron otra oportunidad para que dejaran de hacer el tonto. Debe de ser porque los mandamases europeos no tienen ni puta idea de democracia; podían aprender de Franco, que montaba unos referéndum estupendos que eran la envidia de los demócratas: siempre le respaldaban a la primera, todos a una y con un cien por cien de participación.

Los británicos, además, siempre han sido muy suyos, muy de libras en vez de euros, muy de yardas en vez de metros y muy de conducir por la izquierda. El brexit está resultando la versión económica de aquel célebre titular de periódico con que anunciaron la imposibilidad de navegar por el Canal de la Mancha (“el continente aislado por la niebla”), sólo que esta vez la niebla lleva anclada un par de años y no hay visos de que vaya a aclarar. Theresa May lleva dos años corriendo como un hámster en una rueda, intentando ganar tiempo, pero de momento lo único que ha hecho es quedarse en el mismo sitio. Bueno, en el mismo sitio no, porque la niebla ha invadido hasta el palacio de Buckingham y más allá de Dover no se ve un carajo.

El propio Churchill siempre tuvo problemas con la democracia, no sólo desde que apoyó a Mussolini y a Hitler, sino sobre todo cuando el pueblo británico decidió quitárselo de encima a base de papeletas a pesar de su enorme popularidad durante la Segunda Guerra Mundial. Había dicho de su oponente, el laborista Clement Attlee: “Es un hombre modesto, y no le faltan motivos para serlo”.

En efecto, aquel hombre modesto intentó que Gran Bretaña entrara en la Guerra Civil Española a favor del bando republicano y, tras su victoria en las elecciones de 1945, nacionalizó el Banco de Inglaterra, los ferrocarriles, el gas, la electricidad y la industria minera, creó el Servicio Nacional de Salud, abandonó Palestina y concedió la independencia a la India.

El brexit ha puesto al pueblo británico al borde del abismo con uno de esos órdagos mitológicos que echábamos a nuestros padres en la adolescencia. “Pues ahora me voy de casa” decías muy digno, y preparabas la mochila, te hacías un bocadillo y salías por la puerta resuelto a no volver, pero regresabas a las cuatro o cinco horas, apenas empezaba a anochecer, después de haberte zampado el bocadillo y dispuesto a emprender negociaciones con tal de permanecer bajo techo. Es que ahí fuera, en los suburbios de Europa, hace frío y una niebla que no se ve el Big Ben a dos palmos.

* Público.

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