abril 19, 2019

Las ilusiones del PIB


Por Carla Espósito Guevara *-.


El informe presidencial del veintidós de enero se centró en los logros económicos de la gestión del MAS ya que, en efecto, su gestión tiene logros económicos nada despreciables y reconocidos por los organismos internacionales, como la reducción de la pobreza extrema, la eliminación del analfabetismo, mejoras en la desigualdad. Uno delos datos destacados es el crecimiento del PIB que tuvo un ascenso notable, pues se incrementó paulatinamente desde el 2001 que era 1,68 llegando a 6,15 el 2008, año al que tocó un pico para luego descender, debido a la caída de los precios del petróleo, y estabilizarse en 4,2 en promedio.

Creo, sin embargo, que es importante hacer una reflexión en torno al PIB en la medida en que, me parece, se está asumiendo ingenuamente que su crecimiento equivale a desarrollo, en el sentido menos economicista del término, y pensar que existe una relación automática entre ambos sería un error. Desde hace varias décadas vienen desarrollándose reflexiones en torno a la pregunta de si el PIB es o no un indicador o una medida de bienestar y la respuesta no siempre es positiva.

El PIB es un indicador que mide el crecimiento económico de un país, es decir, mide toda la producción económica de toda índole, realizada por individuos, empresas y el gobierno en una única cifra bruta. Ahora bien, es verdad que con mayor crecimiento se puede hacer más cosas que sin él, pero el crecimiento económico, a secas, no siempre equivale a mayor bienestar social, en otras palabras, el crecimiento cuantitativo, no siempre equivale a crecimiento cualitativo y esto por varias razones.

La primera, es que el crecimiento a secas no se traduce automáticamente en superación de las desigualdades y esto supone desigualdades de todo tipo, como las sociales, de género y las desigualdades étnicas. Por otro lado, el PIB falla al dejar de tomar en cuenta los costos sociales y medioambientales del llamado “progreso”. Una de las mayores críticas es que no permite verlos márgenes de daño ambiental que una economía produce. Otra es que el PIB pude medir como crecimiento económico procesos de flexibilización laboral que aumentan las tasas de crecimiento del capital y disminuyen las capacidades de negociación de los trabajadores.

Debido a estas limitaciones se crearon otras medidas alternativas, no del todo satisfactorias es cierto, pero que intentan medir otros aspectos como el índice de desarrollo humano. Recientemente se crearon comisiones de estudio del PIB como la iniciativa Mas Allá del PIB promovida por la Unión Europea. En 2012, Río+20 se centró en nuevas medidas y objetivos, sentando las bases para la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Desde la sociedad se debaten otras medidas que tratan de valorar servicios intangibles como el trabajo doméstico, las tareas de cuidado de niños, ancianos o enfermos dentro del hogar debido a la falta de acceso público a servicios de cuidados de calidad, que se ha denominado como la Economía del Cuidado que está cobrando cada vez más relevancia dentro de los movimientos feministas como un indicador que podría ayudar a superar las desigualdades de género.

Como bien dijo Joseph Stiglitz: “Lo que medimos afecta lo que hacemos. Si nos centramos solo en el bienestar material, por ejemplo, en la producción de bienes, en lugar de en la salud, la educación y el medio ambiente, nos distorsionamos de la misma manera que estas medidas se distorsionan; Nos hacemos más materialistas”. quizás esto explique descuidos notables en el tema de la salud y la educación en Bolivia pues mediciones inadecuadas parecen haber conducido a políticas deficientes en varias áreas.

No debe olvidarse que a inicios de la gestión del MAS y en los años previos a la constituyente, este debate estuvo presente cuando se discutía que tipo de desarrollo estábamos buscando, pero en algún momento se abandonó por una suerte de idolatría del PIB, que apreció como la medida mágica. Nunca es tarde para retomar discusiones sanas que podrían trasformar positivamente la calidad de vida de nuestra sociedad y que podrían ayudar a reconsiderar ideas de progreso ya muy desgastadas.


* Socióloga.


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