junio 16, 2019

Desempleo juvenil, flagelo en crecimiento en América Latina


Por Ivette Fernández*-.


La Habana-. La juventud es un divino tesoro excepto para los más de 10 millones de jóvenes que en América Latina y el Caribe permanecen sin empleo.

El mítico verso de Rubén Darío no se cumple para uno de cada cinco jóvenes que en la región busca trabajo sin éxito, según estableció recientemente una investigación realizada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Mientras los niveles estimados de desempleo en la región rondan el 7, 8 por ciento, el estudio afirma que la tasa de desocupación promedio para los jóvenes entre 15 y 24 años en la región se situó en 19,6 por ciento al cierre del tercer trimestre del pasado año.

Así, de acuerdo con el Panorama Laboral de América Latina y el Caribe 2018 de la OIT, la tasa de paro en este sector casi triplica el nivel de desempleo promedio en toda la región.

Esto debe ser una señal de alarma pues amenaza el presente y las expectativas de millones de jóvenes entre 15 y 24 años que no encuentran oportunidades de empleo y cuyas aspiraciones de movilidad social se ven truncadas, estableció el análisis.

Y es que, en comparación con las cifras del año precedente, cuando concluyó en 18, 3 por ciento, este indicador creció en más de un punto porcentual.

El dato del 2017, calificado como el peor en una década, representó, a su vez, una subida de más de tres puntos porcentuales en relación a 2016, según manifestó la Oficina de la OIT para América Latina y el Caribe.

Ya en ese entonces, estimó que se podría definir a la situación como dramática pues, adicionalmente, la población juvenil enfrenta una tasa de empleo informal estimada en 56 por ciento para la región.

Para mejorar la situación laboral de los jóvenes, afirmó, es necesario abordar deficiencias en áreas como: educación y entrenamiento, políticas activas de mercado de trabajo, promoción del talento y capacidad empresarial, derechos laborales y desarrollo productivo y tecnología.

La desocupación juvenil, que en la región se mantuvo en el 14 por ciento entre 2012 y 2014, se ha agravado durante los últimos años sin que haya perspectivas de mejora a corto plazo, estiman analistas

En un contexto de mayor ajuste financiero durante 2018, donde 33 países revisaron sus pronósticos de crecimiento y 20 de ellos la establecieron a la baja, las posibilidades en el mercado laboral parecen contraerse.

Asimismo, las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), apuntan a tasas de expansión para 2018 de 1,2 y 1,3 por ciento respectivamente, ambas, por debajo del 2,2 por ciento que se proyectaba en octubre del año 2017.

De acuerdo con el más reciente informe de la OIT, entre otros factores, la pérdida de impulso económico en América Latina y el Caribe se debe, en primer lugar, a una caída en la cotización de las materias primas a partir del segundo trimestre de 2018 que, a raíz de la disputa comercial entre China y Estados Unidos, adquirieron un carácter volátil.

Según la Cepal, citada en el análisis, las monedas de 16 economías de la región se han debilitado. En ese contexto, entre 2017 y 2018, la tasa de desocupación aumentó en 10 países y se redujo en siete.

Por naciones, abunda el reporte, el desempleo juvenil presenta una amplia diversidad.

En Guatemala, por ejemplo, solo uno de cada veinte jóvenes está desocupado lo que contrasta con la situación de Santa Lucía donde casi uno de cada dos jóvenes está sin empleo.

Según reza el análisis, Brasil también posee cifras alarmantes tanto que, si se excluyese del cálculo total, la desocupación juvenil alcanzaría 12,7 por ciento en lugar del 19,6 por ciento reportado.

Por otra parte, mientras en 2017 la tasa de desocupación juvenil superó los veinte puntos porcentuales en seis países, esos indicadores sumaron otras dos naciones del área al cierre del tercer trimestre de 2018.

Estas son Colombia (20,2), Belice (21,3), Jamaica (23,9), Argentina (24,9), Costa Rica (26), Uruguay (26,1), Brasil (29) y Santa Lucía (43,3).

Las mujeres jóvenes resultan ser las más desfavorecidas de acuerdo con la OIT. Sus tasas de ocupación son menores, sus índices de desocupación más elevados y la prevalencia de empleos precarios las afecta de manera desproporcionada.

Por ello, apuntó la investigación, es esencial mejorar la infraestructura de oportunidades para jóvenes de ambos sexos mediante políticas sociales y de empleo apropiadas, que permitan garantizar sociedades inclusivas y sostenibles, y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

A juicio de la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, los empleos generados en Centroamérica son insuficientes para atender a la población joven que se incorpora al mercado laboral, lo que desencadena en que miles de ellos emigren.

Los empleos son insuficientes para una subregión que es joven y en la que más de 600 mil jóvenes buscan ingresar al mercado de trabajo cuando únicamente en esta zona se generan alrededor de 250 mil nuevos puestos de trabajo, aseveró recientemente en un evento a propósito del tema.

Según confirmó el Atlas de la Migración en el norte de Centroamérica, recientemente lanzado en Marrakech por la Cepal y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los jóvenes menores de 24 años provenientes de áreas rurales constituyen la mayor parte de la emigración de esa zona regional.

Bárcena señaló que la mitad de los migrantes recientes son jóvenes que no alcanzan los 24 años y, de ellos, el 25 por ciento corresponde a niños y jóvenes menores de 20 años.

Para combatir la desocupación juvenil, la Oficina de la OIT para América Latina y el Caribe estimó recientemente que es preciso priorizar el acceso a la educación y a la capacitación.

Otra área clave, agregó, estriba en el diseño de las políticas activas para el mercado laboral donde se incluyan servicios de empleo, asesorías y el uso de guías o consejeros sobre opciones de carrera.

Son esenciales, también, la implementación de las políticas que estimulen y desarrollen la demanda de empleo por parte de las empresas, que van desde políticas de desarrollo y diversificación productiva hasta la creación de un ambiente propicio en ellas. El futuro del trabajo para los jóvenes debe ser asumido como una tarea conjunta de la política pública, del sector privado, de los movimientos sindicales, de las organizaciones de jóvenes y de la sociedad civil en general, concluyó.


*Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina


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