marzo 22, 2019

Todas somos una


Por María Bolivia Rothe C. *-.


Es extenuante tener que volver cada vez sobre lo mismo; parece que vivimos en una sociedad sorda, ciega y muda. No sé si a propósito o porque estamos tan adormecidos del alma, que ya no importa.

El acoso, ya sea sexual, político, verbal o psicológico, es una de las formas más perversas de dominación y exclusión en una sociedad que no puede gestionar la presencia de mujeres en su quehacer cotidiano, más allá del rol reproductor y de cuidado.

Es una enorme y aberrante paradoja que en el Estado más progresista de América en materia de género, aún tengamos que estar lidiando con hechos de misoginia y maltrato a la mujer de manera cotidiana y repetitiva. Algo muy grave no logramos identificar y resolver. Debemos escarbar más aún en las mentes y en el seno mismo de la sociedad en su conjunto para encontrar las respuestas.

No basta ya con la denuncia; no es suficiente la condena social ni la moral. No es suficiente que las mujeres salgamos al frente para gritar, una y otra vez, que no estamos pidiendo favores ni concesiones. ¡Faltaba más! Las mujeres hemos labrado, palmo a palmo y con mucho más esfuerzo y mérito que cualquier hombre, nuestros espacios en el mundo, ya sean estos políticos, profesionales u de otra índole. Esos espacios son nuestros, no son una limosna, una dádiva o una concesión.

Estamos hartas y cansadas de repetir, una y otra vez que no solamente somos reproductoras de vida (esta función debería ser, en todo caso, absolutamente optativa y no un requisito para existir y ejercer ciudadanía); las mujeres hemos demostrado nuestra solvencia en la construcción del tejido social a lo largo de los años y hemos contribuido de manera crucial en la historia de las naciones y Bolivia, por supuesto, no es la excepción, todo lo contrario; las luchas Revolucionarias por la emancipación de nuestro pueblo, han estado marcadas por la participación de mujeres que fueron protagonistas en primera línea y que conjuntamente los varones, contribuyeron y se hicieron cargo de la construcción de un sentido común lleno de significados que hacen finalmente al núcleo revolucionario que nos sustenta.

Las lideresas de este Estado Plurinacional, independientemente de su edad, extracción social, color de piel, vestimenta, idioma o creencias religiosas, somos las que sustentamos el núcleo de las luchas que se libraron durante todo el proceso de acumulación histórica que desembocó en el nacimiento de esta nueva manera de hacer Patria, grande y para todas y todos.

Es necesario entender la contribución valiosa y comprometida de la mujer boliviana en este nuevo tiempo; esto significa, mínimamente, no conformarse con normativa que, a la luz de los hechos, acaba siendo tan útil como papel mojado, sino sobre todo y por encima de la retórica y las conmemoraciones vacías, practicar desde la cotidianeidad el respeto entre iguales y la no discriminación, entendiendo de una vez por todas, que las mujeres también tenemos un espacio en la sociedad que ni la violencia ni el acoso podrán arrebatarnos, porque nuestro territorio conquistado, será defendido con la misma fuerza con la que construimos una mejor sociedad boliviana.

Estamos y estaremos para siempre. Nuestra capacidad de lucha y denuncia es igual o más grande que nuestro amor por esta Revolución Democrática y Cultural que ayudamos a parir y de la cual somos parte imprescindible.

* Médica salubrista, militante del proceso de cambio.

Be the first to comment

Leave a Reply

%d bloggers like this: