marzo 22, 2019

¡Almagro renuncia!


Por Carla Espósito Guevara *-.


La última actuación de Almagro ha sido verdaderamente deplorable, en los últimos días desde Cúcuta, Colombia, apoyado por los presidentes de Colombia, Chile, el Vicepresidente de Estados Unidos y bajo los auspicios del grupo de Lima, ha conducido un fracasado operativo violatorio del derecho internacional y de los fundamentos de la propia Organización que él dirige.

Mientras la OEA establece que su objetivo es “afianzar la paz y la seguridad del Continente; prevenir las posible causas de dificultades y asegurar la solución pacífica de las controversias que surjan entre los Estados Miembros; organizar la acción solidaria de éstos en caso de agresión; procurar la solución de los problemas políticos Jurídicos y económicos que se susciten entre ellos, y promover, por medio de la acción cooperativa, su desarrollo económico, social y cultural”, él se dio justamente a la tarea contraria, a promover un operativo, abiertamente intervencionista, descaradamente injerencista que pudo concluir en un conflicto armado que involucrara peligrosamente a toda la región.

El operativo buscaba promover una caravana mal llamada “humanitaria” en Venezuela que suponía también una flagrante vulneración del principio humanitario de neutralidad. Desde la adopción de la Resolución 46/182 de la ONU en 1991, los principios de la ayuda humanitaria incluyen el consentimiento de los estados afectados y el respeto por la integridad territorial así como una estricta neutralidad.

Esto es justamente lo que la caravana no cumplía pues se trataba de una ayuda dirigida, parcial y manipulada políticamente, que intentaba violar la soberanía venezolana. Los containers de “ayuda” estaban dirigidos por países que claramente habían tomado parte por uno de los bandos. Tan es así que la propia Cruz Roja Internacional no participó del operativo, denunciando incluso el supuesto carácter “humanitario” de la operación así como el uso arbitrario de sus símbolos. Para nadie es secreto que la ayuda humanitaria, como la mal llamada “Responsabilidad de Proteger” se han convertido en la nueva forma de intervencionismo imperial en los asuntos internos de los Estados y Venezuela estuvo punto de ser otro escenario más de esta estrategia.

El objetivo que este operativo promovía, constituía un contrasentido en todos sus términos, darle la “democracia” a un país a través de un golpe de estado apoyado nada más y nada menos que por Sebastián Piñera, seguidor y discípulo de Augusto Pinochet, uno de los dictadores más sangrientos que este continente haya visto, por Armando Duque, quien dirige un país en el que se violan diariamente los derechos humanos de la manera más flagrante, en el que cada día muere asesinado en promedio un dirigente indígena, en el que ya murieron cerca de 300 niños por desnutrición en la Guajira ¿Realmente, no podían buscar mejores aliados?

Para vergüenza de sus promotores el operativo no prosperó, la deserción del ejército venezolano, que era condición sine qua non para que el operativo funcione, nunca ocurrió, el ejército venezolano, a excepción de unas cuantas bajas, se mantuvo firmemente chavista y el operativo tuvo que retroceder con el rabo entre las piernas, como vulgarmente se diría. Días después el propio grupo de Lima tuvo que retroceder en la temeraria idea en convertir la ayuda humanitaria en una intervención militar.
¿Qué lecciones deja la historia del fracasado convoy humanitario? La primera es la fuerza y vitalidad del chavismo, que pese al bloqueo y las adversidades, defiende su proceso a brazo partido. Que América Latina no quiere sentar un precedente intervencionista como mecanismo de solución de los conflictos internos de sus países. Que las nuevas instituciones regionales creadas por la derecha latinoamericana no tienen la fuerza suficiente ni los mecanismos para solucionar los conflictos emergentes en la región y que la gestión de Almagro es la peor y la más servil que hayamos visto a la cabeza de la OEA en la última década. Quizás la salida a la crisis venezolana apunte entonces en la dirección que México y Uruguay han señalado, por la vía del dialogo, mediado por garantes de la propia región, respetando siempre la soberanía nacional y los principios del derecho internacional.

* Socióloga.

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