marzo 22, 2019

Sobre el derecho humano a la salud


Por Fernando Rodríguez Ureña *-.


Vivimos un tiempo extraño, tiempo en el que todo se ha instrumentalizado, tiempo en que todo tiene un valor de uso y cambio, tiempo de la mercantilización de todo lo existente en las esferas del Estado y la sociedad.

En esta perspectiva, todo se transforma, hasta los valores y principios, los derechos y las libertades, que mercantilizados son susceptibles de entrar, en la disputa comercial. El mercado y sus deformaciones capitalistas lo han cubierto todo y teñido también todo, con sus contradicciones inherentes a su naturaleza misma.

tes y retrasadas, los derechos humanos, sufren impactos producidos justamente por las desigualdades que generan. En sociedades desiguales, consecuentemente se produce el ejercicio desigual de los derechos humanos. Y eso por la sencilla razón que sociedades desiguales, producen ciudadanos desiguales.

Y esa desigualdad no sólo se produce en los derechos de segunda generación que tienen carácter progresivo sino hasta en los derechos de primera generación, que teóricamente son autoejecutables: vgr. ¿Un rico tiene el mismo acceso a la justicia que un pobre? Teóricamente sí, pero prácticamente no. ¿Un propietario de medios de comunicación, tiene las mismas condiciones de acceso a la información que un ciudadano que sólo consume la verdad producida por ellos? Por supuesto que no. ¿En un tiempo que se hace culto al fundamentalismo, es posible ejercer el derecho a creer en algo ajeno a lo impuesto por el sistema? Pregúntenles a los no cristianos en occidente.

Sin embargo, en este tiempo, se pretende hacer de los derechos humanos, una religión, donde el deber ser y su idealización se pretende imponer, olvidando que estos han sido estudiados, teorizados y reflexionados hasta producir una doctrina aceptada por el sistema de las naciones, sin excepción, ya que pueblos, culturas y religiones los asumen con sus respectivas reservas. En consecuencia, también los derechos son banalizados en su esencia.

Es así de contradictorio el discurso de un estamento que estaba muy venido a menos en la sociedad boliviana: el estamento de los médicos. No hacen cinco años atrás, estos eran duramente atacados por el conjunto de la sociedad boliviana, por su afán mercantil y transformar una profesión de servicio en un negocio muy lucrativo; por los casos de negligencia médica que eran y son defendidos corporativamente; por la ausencia de calidad y calidez en el servicio; por el endiosamiento de muchos profesionales de la salud, especialmente los médicos.

Resulta que hoy, todo eso se ha olvidado por que en la agenda se ha impuesto un conjunto de pre juicios, que tienen como origen una concepción que no mide consecuencias en sus aseveraciones, con el único fin de mantener los privilegios de esa “cáfila de hombres adinerados y felices, que lucran y se enriquecen con el dolor de la gente”.

Los atacados por su mal trato y pésima calidad profesional, pasaron de villanos a héroes gracias a las redes sociales.

Primero con que los médicos cubanos les quitaban el trabajo. Después con que los estudiados en Cuba, no eran médicos y sino técnicos y no tenían la formación de los bolivianos. Tercero con que la infraestructura que tenían no era la adecuada, exigiendo dar énfasis a las especialidades (una actitud muy liberal), olvidando que el análisis y solución del proceso salud/enfermedad comienza por la clínica y el análisis de las condiciones en que sede la distribución social, con presupuestos exiguos en comparación con otros sectores.

Gracias a las redes sociales y la guerra mediática en la que estamos sometidos, se dio esa metamorfosis, usando principalmente a los jóvenes estudiantes de medicina, como su primer eslabón de actuación. Grandes movilizaciones sin otro sentido que el calentar las calles, excitando los sentidos de los jóvenes que entendían, porque así se había agendado, que ejercían sus derechos.

Si vamos al fondo del derecho a la salud, los principios que lo rigen, dicen que es un derecho progresivo, es decir, que no se puede realizar por decreto, sino que este se va desarrollando en la medida que el Estado asume sus responsabilidades en los marcos de los principios de Limburgo.

Estos señalan que se produce la violación de los derechos progresivos, cuando un Estado no despliega hasta el máximo de sus posibilidades, presupuesto para su realización; cuando sostiene y mantiene normas que impiden su ejercicio; cuando produce políticas que traen como consecuencia, el retroceso de metas logradas; cuando no informa a los mecanismos de seguimiento; cuando no incorpora en sus políticas públicas las recomendaciones de los mecanismos de seguimiento; cuando en la medida de sus posibilidades, no incorpora en sus políticas, las recomendaciones de los relatores especialistas.

Resulta pues, que el Estado Plurinacional de Bolivia, ha decidido actuar honrando su compromiso de reconocer la salud como un derecho humano entendiéndolo como derecho universal y gratuito, como reza en su Constitución Política y la doctrina de sus principios reconocidos internacionalmente.

Le está otorgando un marco jurídico y un presupuesto desde el estado central para su ejecución, y buscando el aporte de los gobiernos sub nacionales y locales, en la lógica de construir un sistema, teniendo como antecedentes además, que cada año, estas instancias de gobierno revierten dinero al TGN porque no tienen capacidad de ejecución.

Por consiguiente, el Estado Plurinacional de Bolivia, no está violando el derecho a la salud, sino todo lo contrario, lo está honrando y desarrollando y eso lo podría constatar cualquier organismo de derechos humanos.

Esta es una prueba más de como los derechos humanos y en ese caso, el derecho a la salud, los adversarios al gobierno de Evo Morales lo han convertido en un arma política, en un nuevo momento del golpe suave, en su fase de calentamiento de calle.

Salud Universal y gratuita alcanzados por Decreto como quieren los médicos, es una falacia. Salud como derecho humano progresivo es lo que corresponde como un eslabón más de la profundización del proceso de cambio, hacia el socialismo comunitario.


* Sociólogo. Militante Guevarista.


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