agosto 24, 2019

Crisis estructural de la economía-mundo capitalista


Por Rosario Aquím Chávez-.


Según Wallerstein, para analizar el sistema-mundo moderno es necesario considerar sus tres puntos de inflexión: el largo siglo XVI, durante el cual el sistema-mundo moderno aparece como economía-mundo capitalista; la revolución francesa de 1789, en tanto acontecimiento mundial que posibilitó el surgimiento de una geocultura que luego fue dominada por un liberalismo centrista, y la revolución mundial de 1968 que presagió la larga fase terminal del sistema-mundo moderno actual y que socavó la geocultura liberal centrista que mantenía unificado al sistema-mundo. [1]

¿Por qué se produce la crisis estructural de la economía-mundo capitalista? Para Wallerstein, los sistemas históricos son sistemas vivos (enfoque biologista de las ciencias naturales), y como tales nacen, crecen, desarrollan y mueren, siguiendo ritmos cíclicos y tendencias seculares. En su proceso de desarrollo, los sistemas se expanden y se contraen, generando contradicciones internas o problemas que el propio sistema no puede resolver. Cuando esto ocurre, estamos hablando de una crisis sistémica, es decir, una crisis entendida no como simple dificultad, sino como dificultades que no pueden ser resueltas al interior del sistema y que requieren de soluciones externas.

En estos casos lo que ocurre es que el sistema se bifurca, creando dos soluciones alternativas posibles a la crisis. Es decir, dos opciones históricas que demandan decisiones de los actores sociales colectivos, respecto a: enfrentar el hecho inevitable de abandonar el sistema existente por que ya no funciona adecuadamente o, asumir el desafío de construir un nuevo sistema. Esta bifurcación, genera un tipo de transición caótica, cuyo resultado resulta ser muy incierto. La crisis sistémica, puede durar entre 25 a 50 años, produciendo oscilaciones bruscas en las estructuras y procesos conocidos, generando angustia, ansiedad, violencia, conflictos sociales entre quienes intentan conservar sus privilegios adquiridos y su rango jerárquico y quienes creen poder posicionarse de distinta manera, en los nuevos escenarios posibles, pero inestables.

Esta crisis sistémica, se cree que comenzó con la revolución mundial de 1968, que removió los cimientos del sistema-mundo, puso fin a la hegemonía liberal, desarticuló la geocultura que mantenía interconectadas a las instituciones políticas y perforó la base de la economía-mundo capitalista. Sin embargo, el impacto de estos hechos, no es suficiente para explicar la profundidad de la crisis. Son las tendencias estructurales, que tienen que ver con el incesante deseo de acumulación de la economía-mundo capitalista la que ha precipitado la crisis sistémica irreversible.

Para poder acumular de forma incesante, los capitalistas deben incrementar el precio de venta de sus productos y reducir sus costos de producción. Sin embargo, los precios de los productos no se pueden elevar arbitrariamente, porque existen por un lado competidores que pueden vender más bajo, y por otro, un nivel efectivo de demanda, cuyo poder de compra es limitado (está restringido por el ingreso). Esto coloca a los capitalistas ante el dilema: desean maximizar sus ganancias tanto como sea posible, para ello deben minimizar la cantidad de excedentes que los demás reciben, esto implica, no pagar lo que deben a sus empleados, lo que a su vez disminuirá la demanda efectiva.

Algunos tienen que distribuir la plusvalía creada o no habrá compradores para sus productos. Esto significa, que hay un límite implícito en los niveles de los precios de venta, que no se puede alterar, por lo que, para garantizar la acumulación, no queda más que recurrir a la búsqueda de nuevas formas de reducción de los costos de producción.
En el sistema-mundo contemporáneo, los costos de producción se han ido elevando a nivel mundial en el transcurso del tiempo, “reduciendo de hecho el margen entre los costos de producción y los posibles precios de venta”, esto ha ocasionado la reducción del promedio mundial de la tasa de ganancias, que es uno de los indicadores más fuertes de la crisis sistémica.

Por otro lado, respecto a los tres costos de producción, que se deben pagar para cualquier producto: la remuneración al personal que trabaja, la compra de insumos y los impuestos creados por los estados; éstos, también se han ido incrementando en los últimos 500 años, contribuyendo a la reducción de las ganancias. En el caso del pago a los empleados, pese a que existen leyes que fijan el salario, en la mayoría de los lugares, éste está librado a la oferta y la demanda y casi siempre, se paga por debajo de su costo real. Sin embargo, poco a poco y gracias a la organización, a la educación y a las políticas de algunos estados, los empleados a través de sus sindicatos están logrando mejoras laborales, que impactan sobre los costos de producción, obligando a las empresas a desplazarse hacia otras zonas, en lo que se conoce como “fábrica desplazada”, en busca de menores costos de producción. Esta estrategia del capital, sin embargo, se está agotando debido a que, con el tiempo, las zonas de desplazamiento se han vuelto escasas.

En lo que se refiere a la compra de insumos (maquinaria y materias primas), la economía-mundo capitalista ha logrado mantener el bajo costo de los mismos, debido a que hay otros tres costos, que nunca ha pagado: los costos de eliminación de residuos, los costos de renovación de materias primas y los costos de infraestructura (carreteras, puentes, servicios de transporte de los productos, etc.). Con el agotamiento de los espacios para el “tirado” de los desechos y desperdicios tóxicos, la escasez de recursos naturales renovables y no renovables, evidenciada por la crisis ambiental mundial, y el uso irresponsable y negligente de la infraestructura pública, surge la pregunta: ¿Quién paga todos estos costos? ¿La colectividad, a través del incremento de los impuestos, o los empresarios capitalistas que tiran los desperdicios y usan la infraestructura y las materias primas? Lo justo sería que sean los segundos, a través de la internalización de costos; con lo que se incrementarían una vez más los costos de producción.

Finalmente, en relación a los impuestos, la pregunta es parecida a la anterior: ¿Quién paga impuestos y cuánto? Sabemos que los impuestos sobre todo se invierten en seguridad, infraestructura y en beneficios para la ciudadanía como salud, educación y seguridad social, de ahí que, la carga impositiva se haya ido incrementando en forma constante. Podemos decir, entonces, que en los últimos 50 años estos tres costos —remuneración, insumos e impuestos—, se han ido incrementando y continuarán haciéndolo sin pausa. Como los precios de los productos no se han podido incrementar al mismo ritmo, lo que tenemos es, una reducción drástica de las ganancias.
Para resumir, podemos decir, en palabras de Andrés Piqueras “que, desde las crisis económico-ecológicas de los años 70 del siglo XX, la dinámica virtuosa de acumulación capitalista en las sociedades centrales del Sistema, se abría detenido, y que la posterior ofensiva neoliberal no habría sido sino una prolongación financiero-especulativa de la agonía”. [2]

1 WALLERSTEIN, Immanuel. Análisis de Sistemas-Mundo. Una introducción. Traducción de Carlos Daniel Schroeder. Siglo XXI Editores México, 2006 p. 10
2 Piqueras, Andrés. La humanidad frente a su holocausto, en www.rebelión.org, 26.04.08

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