julio 23, 2019

El Culto de la Crisis


Por Juan José Bedregal *-.


Es domingo y los feligreses están ansiosos por leer los sermones repetitivos de sus líderes, que proclaman la cercanía del apocalíptico evento que se acerca ya que los herejes populistas no los escuchan. Estos líderes publican sus fanáticas declaraciones en matutinos que les dan el título de “líderes de opinión” y “expertos”, aparentemente infalibles e incuestionables.

Sus seguidores son activos en las redes sociales, donde actúan como toda una secta: tienen lemas que repiten sin cesar en sus conversaciones; si algún “hereje” se atreve a replicarles con argumentos lógicos, saltan indignados a defender su fe; y cuando se quedan sin respuesta, sólo vuelven a recitar sus mantras, acompañados de insultos contra quien no comparta su creencia.

Los gurúes de este culto son igual de intolerantes con los “infieles”. Bloquean inmediatamente a quien opine en su contra y luego presumen de haberlo hecho, con los aplausos de sus seguidores por haberse deshecho de algún “comisario del statu quo” que los perseguía. Al estilo de la Inquisición, llaman a sus fieles a bloquear, denunciar y atacar a aquellos cuyas ideas les resulten molestas.

El nuevo culto profetiza la crisis (así, en abstracto); fundamentalmente económica, aunque su lógica se está ampliando al ámbito político y social. Estos “expertos” y medios de comunicación inducen una sensación de “crisis” en la mente del público, sin importarles ya que las variables macroeconómicas y sociales de la economía boliviana muestren que existe estabilidad y crecimiento.

Los líderes del “Culto de la Crisis” llevan una década profetizando algo que nunca ocurre. Sin embargo, la prensa, radio y TV los presentan analizando variables económicas y sociales como si nada; emiten criterios erróneos, dicen medias verdades y hasta mienten frontalmente. Algunos medios no sólo tienen a estos “pastores de la crisis” como columnistas, además redactan sus notas y editoriales según su credo, sin importarles si falsean datos, definiciones y conceptos. En estos templos, la crisis es un dogma y para algunos jefes de redacción no existe criterio técnico que pueda refutarlos.

Los feligreses se distinguen por ser radicales o desinformados. Los radicales están esperando la crisis económica desde que a alguien se le ocurrió nacionalizar los hidrocarburos en 2006, llevan 13 años inculcando a sus familiares y amigos esta creencia, y son los primeros en decir que ya no hay empleo ni dinero mientras gastan Bs100 en un par de hamburguesas. Los más desinformados siguen al culto porque creyeron en la prédica de algún columnista dominical y ahora temen que sigamos el camino de Venezuela, por lo que exigen reformas económicas que siguen el camino de Argentina.

Advierto al lector que no se puede razonar con un miembro del Culto de la Crisis. No creen en estadísticas ni los estudios que les contradigan, aduciendo que quien les discuta es miembro del gobierno, masista, pagado por gil y mil motivos. Estos calificativos los dirigen por igual contra organismos internacionales, revistas especializadas en economía e incluso ganadores del Premio Nobel. Según sus preceptos, si alguien destaca el buen desempeño de la economía boliviana, es un hereje y debe ser atacado.
Cierro con una pregunta: ¿será que, tras anunciar por años una crisis que nunca llegó, ahora quieren crear esa crisis en la mente del público, como el marketing crea la necesidad de consumir un producto? El Culto de la Crisis está lavando cerebros por todo el país. No se deje engañar.

* Economista de la UMSA con Mención en Análisis Económico, exdirigente estudiantil y estudioso de los movimientos políticos y sociales.

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