mayo 20, 2019

Juan Carlos Romero Flores (1958-2019): Periodista combativo en Santa Cruz de la Sierra


Por Luis Oporto Ordóñez-.


Nació en La Paz, el 24 de junio de 1958. Falleció en Santa Cruz de la Sierra el lunes 25 de febrero de 2019. Pasó su infancia en la zona populosa de “El Rosario” de La Paz. Vivió fuera del país en Suecia. Fue periodista y analista político muy reconocido y muy combatido. Luchador social de izquierda, candidato a alcalde de Santa Cruz por el Partido Socialista-1 (1999), director de Radio y Televisión “Sudamericana” y conductor de la Escuela Bolivariana de Cuadros “Ernesto Che Guevara”.

Desarrolló su trabajo periodístico en Santa Cruz de la Sierra, en una época signada por la intolerancia de sectores conservadores opuestos a la Asamblea Constituyente. Desde su trinchera de lucha política e ideológica libró sus batallas por la independencia política, justicia social y redistribución equitativa de los ingresos en Bolivia. Trabajó incansablemente para ver una nación fuerte y respetada. Con ese fin fundó el semanario independiente Alerta, en Santa Cruz, el 2006.

Desde su tabloide documentó ese proceso, denunciando la conspiración de la derecha (“Radiografía de la derecha boliviana”) y la abierta intromisión extranjera (“USAID permanente injerencia en Bolivia”), instando a tomar posición (“Ni golpe ni sumisión a EE.UU.”), combatió la discriminación e intolerancia (“Xenofobia y racismo: la ultraderecha en Latinoamérica”).

Siguió paso a paso el proceso político nacional, en su dramático y complejo tránsito de la República al Estado Plurinacional, que fue documentando de manera sistemática en las ediciones de Alerta, que retratan la dinámica política. En su editorial de septiembre de 2007, advertía que “La embajada norteamericana juega un rol trascendente, no sólo arma la estrategia, dibuja la táctica, sino que además está en plena fase de creación de nuevos métodos que está ensayando para desestabilizar al gobierno”.

Andrés Soliz Rada, el mayor exponente de la Patria Grande, caracterizó esa época de manera magistral: “Evo morales nacionalizó los hidrocarburos e impuso el papel hegemónico del Estado, con un manejo ordenado de la macroeconomía. Esta combinación le ha permitido ganar por dos tercios la elecciones de 2014 y vencer en ocho de los nueve departamentos”.

Era implacable en su análisis, orientado a los movimientos sociales: “La elecciones generales están cada vez más cerca y es preciso tomar en cuenta que la estrategia del imperio para con la izquierda suele ser legitimar la mentira, el descrédito, la guerra sucia, la muerte civil, el seguimiento a los líderes sociales, el seguimiento a los líderes populares (…) y todo argumento que sirva para escándalo mediático, que eclosionó con el ‘caso Zapata’, estrategia de difamación que cobró su rédito político en el referendo del 21 de febrero de 2016”. “El objetivo es tumbar al presidente”, denunció. Alerta publicó en junio de ese año: “Se cae la mentira.

Gabriela Zapata reveló que gente de Unidad Nacional pagó los servicios de sus abogados”, pero el daño ya estaba hecho. Convirtió al periódico en una palestra de la palabra y la acción. La coyuntura actual se caracteriza por la incursión de los “guerreros digitales” que fomentan el odio racial (“La batalla cultural, el odio ¿y después…?”), la acción de socavamiento de las “plataformas ciudadanas”, que enarbolan la bandera del 21F, desenmascara a actores políticos que financian o alientan esos grupos (“Tuto Quiroga y las plataformas ciudadanas”). Se puede afirmar que llegó al límite de la temeridad en un medioambiente político adverso.

Latinoamérica tuvo momentos de gloria en su objetivo estratégico de romper la hegemonía de Estados Unidos y el factor negativo de la Organización de Estados Americanos, proclive a acatar las órdenes del país más poderoso del planeta que siempre consideró a Latinoamérica como su “patio trasero”. Para ese fin crearon organizaciones como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), conformada por nueve países (dos de Sudamérica y cinco de Centro América y el Caribe); y la Unión de Naciones de Suramérica (UNASUR), organizada por 11 países de América del Sur, en una coyuntura irrepetible en la que “Seis exguerrilleros gobiernan en Latinoamérica”, “Estados Unidos y Cuba rompen el hielo”, y se avizoraba “El fin de la guerra en Colombia”. Ese andamiaje construido pacientemente se desmoronó con el insólito triunfo de Donald Trump.

Alerta denunció desde sus páginas centrales que “EE.UU. articula guerra civil en Sudamérica” (noviembre de 2017), desata la “Violencia e injerencia contra Nicaragua” (junio 2018), EE.UU. diseñó una nueva ofensiva continental (“Cinco estrategias estadounidenses contra la seguridad de los Estados de América Latina”), panorama matizado por la visita del Papa Francisco a Bolivia (“Biografía: el Papa Francisco”, “La iglesia católica por dentro y por fuera”), la convulsión social en Francia (“Decálogo de los chalecos amarillos”), el arresto en Bolivia del italiano Cesare Battisti, condenado en ausencia por un tribunal de Italia, a cadena perpetua (“Caso Battisti, crónica de una muerte anunciada”) y las amenazas contra Bolivia (“La guerra sucia contra la economía nacional”).

Mantuvo vigente hechos históricos de la historia política desconocida para las nuevas generaciones (“Golpe de Banzer. 21 de agosto de 1971”), y aquellos fundacionales del Estado Plurinacional, como las reformas neoliberales fallidas (“Impuestazo. Febrero negro 2003, dramático para el país, la democracia y el pueblo boliviano”), y la “guerra del Gas” (“Octubre de 2003: Derrota de las políticas neoliberales”), que cambiaron el curso de la historia política, económica y social de Bolivia. Su prensa fue inclusiva, analizó de forma permanente la historia y el presente de Santa Cruz, estudiando los “Orígenes de la izquierda cruceña”, denunciando de manera documentada “El poder económico de las élites cruceñas”, recuperando a sus héroes (“Andrés Ibañez y la revolución igualitaria”), enfatizando en el desarrollo regional (“Plan Bohan, antes y después en la economía cruceña”) y las luchas femeninas (“Mujeres del Oriente en la política”), por ejemplo.

Las últimas ediciones las dedicó a destacar el moderno desarrollo del país (“Baterías bolivianas para exportación a Alemania”) y de su región (“Industrialización: apuntamos a la era del Torio y el Grafiteno”), metales del futuro, el primero usado como combustible nuclear “menos peligroso que otros elementos” y el segundo “material maravilloso para allanar el camino para la energía eléctrica térmica barata”. Solo la muerte, artera y silenciosa, detuvo su labor incansable. Hoy descansa en paz, pero deja un legado imperecedero: su trinchera de análisis, de lucha, de combate, de Alerta. “Ha muerto el director de Alerta, que viva el director de Alerta”. Es nuestro deseo que el semanario continúe su labor informativa y analítica, pues ese es el legado al que nos referimos.

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