julio 23, 2019

Alta funcionaria de ONU por multiplicar esfuerzos en pro Agenda 2030

Buenos Aires-. La excanciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa, primera mujer de Latinoamérica en asumir como presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas, llama hoy a poner un poco el acelerador en busca de lograr los objetivos de la Agenda 2030.

Recién llegada a Buenos Aires para participar en la II Conferencia de Alto Nivel de la ONU sobre Cooperación Sur-Sur, dialogó en exclusiva con Prensa Latina sobre esta cita, a la que asistirán desde este miércoles más de mil 500 delegados, sobre los retos para alcanzar las metas de la Agenda y sobre cuánto se ha avanzado en la región en materia de igualdad de género.

Con una larga trayectoria política, Espinosa ha sido ministra de Relaciones Exteriores de Ecuador en dos ocasiones, de Defensa Nacional y de Patrimonio Cultural y Natural y cumple seis meses de asumir como titular de la Asamblea General, un rol que ha sabido llevar con orgullo como mujer.

-¿A 40 años de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cooperación Técnica entre países en desarrollo, cuáles son los principales desafíos de la Cooperación Sur-Sur para promover el comercio en los tiempos actuales que corren?

-Lo que hemos transitado es muchísimo y esta es una oportunidad para evaluar lo hecho en estos 40 años y proyectar cuáles son los desafíos que tenemos por delante. Lo que ha hecho la Cooperación Sur-Sur es servir de amalgama para la integración, el diálogo, el entendimiento y la construcción de agendas comunes.

Este mecanismo saca lo mejor de nuestros pueblos. Hay desafíos, creo que acoplar la cooperación en los nuevos escenarios por ejemplo al cumplimiento de la agenda 2030 y los objetivos de desarrollo sostenible y también en este nuevo momento a un cambio de una geopolítica del mundo.

En 40 años las economías emergentes, los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), han cambiado un poco la correlación de fuerzas a nivel mundial, vemos potentes iniciativas por ejemplo en la creación de un fondo entre China, Brasil y Sudáfrica para fortalecer la capacidad de los países de adaptarse a los efectos del cambio climático, a los desastres, una suerte de gran fondo para situaciones de crisis y emergencias.

En estos años el comercio a nivel mundial ha crecido a un promedio del ocho por ciento mientras entre los países del sur ha aumentado al 13 por ciento. Las posibilidades en materia comercial e inversiones son gigantescas entre los países del sur global.

Pero también, señala, está el desafío de la cuarta revolución industrial, es decir las nuevas tecnologías, muchos de esos países están en la vanguardia. Sería una manera de garantizar el acceso a las nuevas tecnologías a los más pequeños, que están en la periferia mediante un sistema de acceso que sea mucho más benévolo, basado en la solidaridad y la cooperación.

-¿Cuánto ha aportado la Cooperación Sur-Sur entre los países a la generación de empleos?

-Ha sido un generador de empleos. Los proyectos de cooperación agrícola, por ejemplo, mejoran la situación de las comunidades en el campo y combaten la desnutrición, potencian la soberanía alimentaria y crean fuentes de empleos en el sector rural.

Bajo los principios de solidaridad, de no injerencia, de adaptación a la forma de cooperación al contexto nacional, ha beneficiado directamente a los pueblos y eso ahora tiene una nueva oportunidad de relanzamiento con esta conferencia en Buenos Aires.

Es mucho lo que hemos aprendido, parte de la declaración política de la Conferencia será incluir un sistema como de reporte voluntario. Necesitamos un banco, un catálogo de oferta y demanda de Cooperación Sur-Sur para saber por ejemplo si alguno quiere mejorar su diseño de atención de salud pública, cuales son los países en la vanguardia.

Uno de los ejemplos exitosos muy concreto fue la cooperación de Cuba para combatir el ébola en África con un gran ejército de médicos de esa isla. Hoy, cuando hay una situación de desastre, un terremoto, sabemos que se puede contar con Cuba, por ejemplo. La Cooperación Sur-Sur no es solo de las grandes economías.

Otro ejemplo es la experiencia cubana para erradicar el analfabetismo, su cooperación y presencia ha sido vital para muchos países en este sentido o la Alianza Solar Internacional para cambiar la matriz energética y contribuir en la lucha contra el cambio climático, uno de los grandes ejemplos de cooperación.

Hay un fondo para emergencia de atención de desastres, adaptación y creación de resiliencia, entre Sudáfrica, Brasil e India que son proyectos gigantescos, al que pueden acceder países que están atravesando este tipo de situaciones.

En este momento hay un ejemplo muy importante a raíz de la puesta en vigor del pacto global de las migraciones, un proyecto de los países del triángulo norte liderado por México, donde están Guatemala, El Salvador y Honduras, un plan integral de manejo de la migración, atendiendo los casos estructurales. Ejemplos hay incontables, transferencia de tecnología, en el campo agrícola, en educación y salud, el catálogo es infinito.

-¿Qué espera de esta II Conferencia sobre Cooperación Sur-Sur?

-Hay dos partes, una es el debate político de los Jefes de Estado y ministros, que marcan la cancha sobre cómo ven la proyección de la cooperación Sur-Sur y la adopción de la declaración final de la conferencia, que fue previamente negociada y proyecta lo que será este mecanismo en los años siguientes y como acoplarla a la agenda 2030 y los nuevos escenarios.

La otra serán los más de 100 eventos paralelos, en los que se encuentran las condiciones regionales, la sociedad civil, el sector privado, los gobiernos, para discutir y abordar temas mucho más específicos de la cooperación en materia ambiental, en temas agrícolas, en migración, una suerte de gran feria de conocimiento, inteligencia e intercambio en cooperación.

-Uno de los temas de la agenda de este evento está referido a la equidad de género. ¿Cuánto se ha avanzado en este sentido y cuánto falta para finalmente lograr esa igualdad?

-El tema de empoderamiento de las mujeres es parte de la agenda 2030, creo que hemos avanzado muchísimo en este sentido desde muchos frentes producto de la lucha de las mujeres en los distintos países, rompiendo estereotipos, probando que somos capaces de estar en lugares de tomas de decisión.

No solo se trata de la participación en el escenario político, es la reducción de las brechas salariales entre hombres y mujeres, romper los estereotipos para que estemos presentes en espacio de toma de decisión que tradicionalmente han sido para los hombres. Más mujeres juezas, más en las fuerzas armadas.

El tema no es solo número, cifras y porcentajes sino el rol de la posición de la mujer en la sociedad. Las féminas siguen recibiendo el mismo trabajo por un salario menor que los hombres, la brecha salarial a nivel mundial es de alrededor del 20 por ciento todavía, su participación en la economía también se ve limitada por estereotipos.

En el tema de la discriminación y la violencia contra las mujeres existe al menos una conciencia social y marcos jurídicos y regulatorios en casi todos los países, Ahora el problema es que se cumpla.

El tema de la violencia es un problema que no logramos detener, porque es de cambio social y cultural, es algo preocupante la cifra de femicidios por ejemplo en nuestra región.

Las mujeres hemos comprobado más de una vez que somos capaces de hacer lo que sea y que tenemos igual o más capacidad y potencial que los hombres para hacerlo, pero las sociedades siguen siendo conservadoras, machistas, discriminadoras, y en América Latina no hay que cavar muy hondo para saber que eso sigue estando presente. En estos momentos, por ejemplo, en la región no hay ni una mujer presidenta, solo una, la de Trinidad y Tobago (Paula-Mae Weekes, desde el 19 de marzo de 2018), vicepresidentas hay algunas. Necesitamos más mujeres en la política.

-¿Qué espera del documento final de la Conferencia?

-La negociación del documento final fue muy complicada, tuvimos que concertar las voces de socios del norte con las posiciones del G77 para ver cuál es el camino intermedio, de cómo reportar y documentar los éxitos y el impacto de la Cooperación Sur-Sur, de volver a repensar y fortalecer la agenda.

Pero también incluir la cooperación triangular donde los actores de los países de las economías más desarrolladas tienen un rol que cumplir, de dejar muy claro este lema de que la Cooperación Sur-Sur no remplaza la Cooperación Norte-Sur y que hay un compromiso del 0,7 del Producto Interno Bruto de las economías para ayuda oficial al desarrollo y muy pocos países del norte están cumpliendo esto.

El tema de la cooperación triangular ha probado ser tremendamente eficaz, tenemos este proyecto por la energía solar con India y Francia como gestores principales para impulsar el uso de energías renovables. Tenemos el banco de tecnología para los países menos adelantado, inaugurado el año pasado en Turquía.

Esperamos un documento político que sea una especie de hoja de ruta y a hacer una suscripción política de los principios de la Cooperación Sur-Sur basados en la solidaridad, en la cooperación, el respeto a la soberanía de cada país y a sus situaciones y necesidades particulares, a fomentar esos valores de la ONU y tener una carta de navegación para el futuro.

-¿Cómo marcha la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible?

-Tendremos la oportunidad en septiembre próximo de realizar la primera cumbre bajo la Asamblea General para evaluar los avances de la agenda 2030. Ya tenemos alguna información inicial. Parece que tenemos que multiplicar los esfuerzos para cumplir el compromiso, estamos yendo despacio y en muchas cosas retrocediendo y eso es preocupante.

Estaremos al límite del cuarto año en septiembre y tenemos solo hasta el año 2030. No es mucho tiempo, casi 10 años para cumplir con lo que nos comprometimos. Creo que hay que ponerle un poquito de acelerador.

-¿Como ha asumido la responsabilidad de ser la primera mujer latinoamericana al frente de la Asamblea General de la ONU?

-Es un honor y privilegio. Competí para esta posición con otra mujer candidata de la región y eso habla bien de nuestra región. También las mujeres sentimos que podemos demostrar que somos capaces y hacer el doble. Podemos ejercer con calidad y eso es una gran responsabilidad, sobre todo en un escenario global que es muy complejo.

Estamos viendo muchas disidencias del multilateralismo, mucho descreimiento y falta de confianza en la capacidad del sistema multilateral de responder a los grandes retos globales, cuestionamientos incluso sobre la eficiencia de la capacidad de respuesta de Naciones Unidas.

Es un trabajo complicado pero estamos dando toda la energía y cuidado para rescatar y recuperar al multilateralismo y el rol de la ONU.

Después de la segunda guerra mundial la ONU fue lo que construimos como la casa del multilateralismo y como el espacio para garantizar la paz y la seguridad mundial, el respeto a los derechos humanos y el desarrollo y sobre eso tenemos que trabajar.

Ahora vemos el nacionalismo, el unilateralismo o te preocupas del mundo o del interés de tu pueblo, estamos viviendo en esa época de falta de fe y de confianza en el sistema multilateral. Eso es lo que estamos contrarrestando, probando que sí podemos hacer, transformar, ejecutar y lo estamos haciendo.

La ONU es un gran elefante, somos capaces de generar políticas en líneas normativas para los Estados, generar espacios para que todas las voces sean escuchadas, para enfrentar temas que no pueden ser resueltos por un Estado, por muy grande y poderoso que sea.

La inmigración internacional necesita un instrumento como el pacto global de las migraciones, el cambio climático necesita una instancia como la convención de cambio climático de la ONU, el terrorismo necesita de una acción concertada porque es un fenómeno trasfronterizo y transnacional, combatir la pobreza y la desigualdad no es de un país solo, afecta a todos.

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