abril 22, 2019

La pedagogía del abrazo: en memoria de Iván Nogales Bazán


Por Fernando Rodríguez Ureña *-.


Cuando Iván nos proponía el arte que se hace abrazo, nos recordaba la actitud de los antiguos trajinantes, que en sus viajes recorrían el/los territorios, materiales e inmateriales que siendo uno sólo, a la vez eran muchos y articulados, expresando la identidad en la diferencia, como la isla que es parte del archipiélago.

Iván, cuando transitaba, transcurría por el tiempo y el espacio, lo hacía con la actitud del filósofo que iba buscando la pluriversalidad de la totalidad, compuesta por varias narrativas que se expresaban en gestualidades discursivas corporizadas y a la vez develadoras del ajayu de los seres y las cosas.

Iván nos interpelaba nuestro estar en el mundo, interpelaba el sentido de nuestros actos que por individuales que sean, nos decía que tienen un sentido y orientación colectiva, y por eso, producen una situación que nos toca, nos impacta, nos importa, porque siempre y de alguna manera, transforma nuestra cotidianeidad.

Iván, como los antiguos trajinantes, nos traía a la memoria a los llameros y sus caravanas, que intercambiaban en sus viajes por los diversos pisos ecológicos, de los andes a los mares, un conjunto de productos no solamente materiales, sino también artefactos culturales, intercambiados entre los habitantes de los diferentes pueblos de las rutas, en una suerte de trueque de dones que por tanto, significan también trueque de espiritualidades, de concepciones creativas. Iván nos proponía en suma, un trueque de poyesis.

Iván nos presentó una obra, la gran narrativa de su vida, como un conjunto de libretos, con tal magia, que podías abrazarla indistintamente, desde cualquiera de sus partes, pues constituyó un conjunto de actos tejidos de ideas y conceptos entrelazados de tal manera, que siempre te llevaban a arribar a la unidad del acto y la palabra, a la totalidad de la obra: su vida misma.

Ese conjunto de episodios eran el mapa, la carta de las rutas que te conducían al abrazo, que como el amanecer, se re inaugura todos los días en un eterno renacer.

La metodología del conocimiento que nos propuso Iván, el abrazo, re constituye el nuevo encuentro entre los seres y las cosas, entre los individuos y la sociedad, entre la sociedad y los seres, inertes o no, que hacen al tiempo y el espacio, pero también implican a las almas, a los espíritus: es un mapa para comprender la vida así como la muerte, que no es sino, como nos habría dicho el, la continuación de la vida en otra vida.
Iván en su pedagogía del abrazo, promueve la develación del actor que podemos ser tú, yo y nosotros, siguiendo el genial concepto del maestro Liber Forti que señalaba que “cada persona es una clase especial de artista”.

Iván nos convocaba y sigue convocando a ser ese cuerpo con identidad, soberanía e independencia, que descoloniza su relación con la otredad, que deja de ser exclusivamente humana, para convertirse en respeto a la otredad cósmica, en el tiempo y el espacio, como expresión de respeto por las jathas, de las semillas, materiales e inmateriales, en movimiento o inertes, que danzan en el fuego de las eternidades.

Iván, el maestro, filósofo, director y actor del teatro de la Vida, desde el estar/estando, desde el Trono del Pachacuti, desde la dimensión de lo eterno e inconmensurable, nos invitó y sigue invitando a que levantemos nuestro telón, y haciéndonos cargo de nuestros cuerpos, iniciemos en cerrado abrazo nuestro migrar al centro, hacia el Taypi.

Iván Nogales Bazán nos obsequió a lo largo de la obra de su vida, el mapa para re inventar la condición humana.

Y por eso seguramente, sabiendo el legado que nos dejaba, se fue con tanta serenidad y tranquilidad en su rostro. Fue un actor genial, pues, pese al catafalco y las flores, y la noticia de su partida sin despedida, el seguía vivo y desde donde estaba, nos miraba con ese entrecerrar de ojos tan propio de él.

Esa expresión de paz, pensé que también tenía otro componente: cerraba el círculo del final abierto que dejó la partida de Claudio, nombre de guerra de Indalecio, su padre, guerrillero ajusticiado y desaparecido en Teoponte: Iván había concluido su larga espera.

Los subversivos del monte y las tablas, felizmente abrazados, finalmente se habían re encontrado.

¡Hasta siempre… querido hermano!


* Sociólogo. Militante Guevarista.

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