junio 16, 2019

Sobre la carta de López Obrador al rey de España: Ayer y hoy, ni perdón ni olvido


Por Julio A. Muriente Pérez-.


“…con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y templados, y estoy por decir que de monos a hombres”. Juan Ginés de Sepúlveda (Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, 1550)


El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), le envió una carta al rey de España, Felipe VI y al Papa Francisco, en la que reclama al Estado español que se disculpe por los atropellos y barbaridades cometidas en América, al conmemorarse el aniversario número quinientos del inicio de la conquista del imperio Azteca-Mexica, a cargo de Hernán Cortez, que se completó dos años después, en 1521.

Las reacciones no se hicieron esperar, sobre todo en ciertos sectores del lado español, que han pretendido defender, con diversas tonalidades, lo históricamente indefendible.

Lo que pierden de vista los “ofendidos”, es que las expresiones de AMLO, que sintetizan el sentimiento de millones de latinoamericanos y caribeños, así como de africanos y ciudadanos del tercer mundo en general, no es un asunto del pasado, sino que se relaciona directamente con la situación en que viven y sufren hoy multitudes en todo el mundo. Que no se puede tapar el cielo con la mano. Que los conquistadores no vinieron a conquistar almas ni ha traer cultura. Que llegaron armados hasta los dientes y arrasaron con todo lo que pudieron. Que nuestros pueblos, culturas y nacionalidades no existen gracias a ellos sino a pesar de ellos. Que no fue un acto de amor sino de codicia, de avaricia, de y prepotencia. Porque esa es la naturaleza brutal y despiadada de la conquista.

España ha llegado al descaro de proclamar, desde el año 1986, el 12 de octubre como Día de la Fiesta Nacional. Con desfiles y fanfarria, evocando la grandeza perdida, recordando aquel que fue su gran día de gloria —el del inicio de la conquista de América— y el primer gran día para desgracia de tantos.

Claro que la responsabilidad histórica no ha sido únicamente del imperio español. Que otros imperios europeos se repartieron el botín americano. Que la barbarie provino de diversos puntos de la muy culta y arrogante Europa. Que con América, África, Asia y Oceanía fueron tomados también para colmar los tesoros imperiales. Que posteriormente han surgido otras potencias imperialistas que han puesto de su parte en el saqueo del mundo.

Que se detengan por un momento a reflexionar estas monarquías famélicas, colmadas de nobleza pasada de moda, de reyes y reinas anacrónicos e inservibles y que reconozcan que en buena medida la pobreza, desigualdad e injusticia de todo tipo que sufre hoy buena parte de la humanidad es fruto y consecuencia de sus actos imperiales. Que entiendan que el oro, la plata y los diamantes que descansan en sus tesoros nacionales son el fruto del saqueo despiadado a continentes enteros. Que si hoy enfrentamos tantas tribulaciones, se debe en gran medida a lo que comenzó a suceder aquel desgraciado 12 de octubre de 1492.

Entonces, quizá, podremos platicar con cierta calma y sostener las relaciones más cordiales. Mientras el pasado esté tan presente en nuestras diversas realidades nacionales, culturales y humanas, y no haya asomo de rectificación y reconocimiento, no habrá perdón ni olvido.

* Catedrático Universidad de Puerto Rico (UPR) y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.

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