octubre 14, 2019

En octubre ¿Evo contra quién?


Por Oscar Silva-.


La gran interrogante con miras a las elecciones generales del próximo mes de octubre es con qué porcentaje de la votación ganara Evo Morales y cuál será la fuerza legislativa que logre acumular para sus próximos cinco años de gobierno. Otra duda, no menos importante es cuál será la fuerza minoritaria más importante en el país.

Para absolver la segunda duda, están aún en carrera dos candidaturas, la de Mesa por un lado y la Ortiz, por el otro. El resto de los postulantes no tienen la menor opción de lograr un mínimo resultado favorable. No se trata de clarividencia sino de una lectura objetiva de la realidad, sin apasionamientos de ningún tipo.

Mesa inicio su campaña con enormes auspicios, e hizo abrigar en la oposición, la posibilidad de convertirse en la cabeza de oposición y ser un serio contendiente al presidente Morales e, incluso, de poder ganarle en una segunda vuelta.

A seis meses y días de las elecciones sabemos que eso es muy poco probable.
Primero porque Mesa no logró quitarse de encima su pasada vinculación no solo con el neoliberalismo, sino principalmente con el “gonismo”, sino también porque ha encarado su campaña de manera errática, no solo con graves deslices desde las redes sociales, sino mostrando una total desconexión con la realidad del país, al tratar de vestirse de poncho, aporcar la tierra o bailar ritmos populares.

Un segundo elemento que ha contribuido de manera dramática a este bajo de Mesa en las expectativas sin duda ha sido la grave situación al interior del gobierno municipal de La Paz, a la cabeza de Revilla (su principal aliado sin duda) y sobre la cual, al margen de suspender a Siñani, ni él ni su agrupación CC han dicho absolutamente nada, denotando un silencio cómplice demasiado evidente, que permite suponer que no quiere cortar su principal fuente de suministro de fondos para su campaña.

Podríamos agregar que su acompañante de fórmula, como buen tecnócrata de ONG, no ha logrado contribuir en absoluto a un incremento en su imagen ni menos en la votación, ni siquiera en su supuesta zona de influencia, el departamento de Santa Cruz, debido a su inexistente capacidad de generar expectativa política y a las contradicciones en las que ha entrado en varios temas con su propio candidato presidencial sobre importantes temas nacionales.

Pero el mas importantes de todos los factores que han llevado a una debacle de la candidatura mesista es la ausencia total de una propuesta diferente. No hay programa, no hay discurso, no hay propuesta. ¿Entonces de qué candidatura hablamos? ¿El nombre o la imagen intelectual o comunicacional de una persona serán suficientes para enfrentar a un presidente como Evo Morales? Todo parece indicar que no.

En todo caso, la candidatura de Ortiz, más allá de la ridiculez de su denominación, es mucho más política. Su objetivo claramente no está centrado en ganar en estas elecciones, sino en constituir una polaridad geográfica que pueda derivar hacia adelante, tras el retiro de Evo (2025), en un bipartidismo (derecha e izquierda supuestamente) que exija alternancia, en los marcos de una democracia estrictamente formal.

Esa es una de las causas de porque sube Ortiz en las preferencias electorales, porque si bien no tiene una propuesta alternativa al MAS, plantea una mirada al futuro desde una visión de oposición no solo ideológica, sino particularmente geográfica e incluso étnica. En ese sentido es más coherente que el resto de la oposición. Sin embargo, tropieza con un fuerte desinterés de un colectivo que debería ser fundamental en su propuesta política, el empresariado cruceño y que ha jugado en muchos momentos de la vida nacional un rol determinante. El porqué de este desinterés parece por demás claro: a los empresarios les ha ido mejor que a nadie con este modelo, con este gobierno; ¿y si les va también porque tendrían que pensar en cambiarlo o en apoyar a alguien que quiere cambiarlo, así provenga de su misma clase?

Quien obtenga el segundo lugar en las elecciones no es demasiado importante en esta coyuntura, pero puede marcar un horizonte particular en la vida política del país. Ratificar el monopartidismo, en el marco de la democracia formal, o apuntar a un bipartidismo que pretenda la alternancia como forma de juego político electoral, a partir del 2025.
En esta elección y en el siguiente periodo legislativo, para garantizar un gobierno un sólido como el que se ha tenido en los últimos trece años, resta saber con qué porcentaje de la votación ganara Evo y que le significara ello en la composición de la Asamblea Legislativa Plurinacional. El resto no cuenta.

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