octubre 14, 2019

Benedicto XVI culpa de los abusos en la Iglesia católica a la revolución sexual de la década de 1960

El papa emérito, Benedicto XVI, publicó un ensayo titulado ‘La Iglesia y los abusos sexuales’ en el que analiza las razones que derivaron en los abusos cometidos por miembros de la Iglesia católica y sitúa la raíz del problema en la revolución sexual que comenzó en la década de 1960.

Según explica en el texto, enviado al periódico alemán Klerusblatt, «en los veinte años entre 1960 y 1980, los estándares vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad colapsaron completamente», por lo que «surgió una nueva normalidad» en la que se produjo una «introducción de los niños y jóvenes en la naturaleza de la sexualidad». Una de las consecuencias de esta situación fue que «las películas pornográficas y con contenido sexual se convirtieran entonces en algo común», escribe.

«Entre las libertades por las que la Revolución de 1968 peleó estaba la libertad sexual total, una que ya no tuviera normas», continúa Benedicto XVI, quien agrega: «Parte de la fisionomía de la Revolución del 68 fue que la pedofilia también se diagnosticó como permitida y apropiada».

Jóvenes que crecieron en ese contexto también se sumaron al sacerdocio, por lo que reflexiona: «El extenso colapso de las siguientes generaciones de sacerdotes en aquellos años y el gran número de laicizaciones fueron una consecuencia de todos estos desarrollos». «En varios seminarios se establecieron grupos homosexuales que actuaban más o menos abiertamente, con lo que cambiaron significativamente el clima que se vivía en ellos», prosigue.

Frente a estos «cambios en la sociedad», Benedicto XVI expresa que «la teología moral católica sufrió un colapso que dejó a la Iglesia indefensa». «¿Por qué la pedofilia llegó a tales proporciones? Al final de cuentas, la razón es la ausencia de Dios», sostiene.

Fallas de la Justicia

Respecto de la reacción y la condena a los abusos, asegura que «había un problema fundamental en la percepción de la ley penal», ya que «el llamado garantismo» era considerado como «conciliar». Por ello, se debía «garantizar, por encima de todo, los derechos del acusado hasta el punto en que se excluyera del todo cualquier tipo de condena». Por lo cual, el «derecho a la defensa usando el garantismo se extendió a tal punto que las condenas eran casi imposibles».

Frente a estas situaciones, la «ausencia de Dios» a la que refiere Benedicto XVI derivó, según él, en «un mundo sin significado». «No hay estándares del bien ni del mal y solo lo que es más fuerte que otra cosa puede afirmarse a sí misma y el poder se convierte en el único principio. La verdad no cuenta, la realidad no existe», argumenta.

Por último, el texto critica los valores de la sociedad occidental: «Es una sociedad en la que Dios está ausente en la esfera pública y no tiene nada que ofrecerle. Y esa es la razón por la que es una sociedad en la que la medida de la humanidad se pierde cada vez más. En puntos individuales, de pronto parece que lo que es malo y destruye al hombre se ha convertido en una cuestión de rutina».

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