agosto 20, 2019

Ruta de la antipatria y la conspiración

Varios legisladores opositores ratificaron su pedido para que EEUU intervenga en asuntos internos de la democracia boliviana. Con esa postura, ellos se mantuvieron fieles a la corriente antipatriótica que conspiró contra los libertadores, contra el Mariscal de Zepita, que apoyó el Tratado de 1904, se recicló en la oligarquía de la plata, en los barones del estaño, en los neoliberales, en el golpe cívico-prefectural de 2008, en la Masacre de Porvenir y ahora recorre la ruta de la desestabilización.

Los opositores no dudaron en contactarse con la empresa estadounidense Dark Horse Political, cuya vicepresidenta es Eva Sara Landau, quien escapó a Estados Unidos para no ser procesada tras haber sido una de las activistas más importantes del intento de golpe cívico prefectural de 2006-2008 y del proyecto del separatismo en Bolivia.

Esta forma de proceder no es nueva, forma parte de una ruta histórica de la antipatria que se manifestó en diversos momentos.

Se encarnó, por ejemplo, en Casimiro Olañeta, quien arremetió contra José Antonio de Sucre; en los asambleístas, quienes en su afán de “usufructuar ellos solos de la nación que todavía consideran su feudo” cuestionaron la propuesta para que Bolívar organice el sistema de tributos y rentas, según escribió Carlos Montenegro en su libro Nacionalismo y coloniaje.

La antinación también se evidenció en el motín de José Miguel de Velasco y en la campaña chilena contra el gobierno del Mariscal Andrés de Santa Cruz, el impulsor de la Confederación Perú-Boliviana y quien dirigió el país por una década en la cual, según Montenegro, “se multiplicaron las riquezas materiales de Bolivia y se colmó de fortuna histórica a la patria”.

El ‘olañetismo’ se recicló en la oligarquía de la plata, en el siglo XIX, en los barones del estaño y — según Andrés Soliz Rada— en quienes suscribieron el Tratado de 1904, que cedió el Litoral a Chile.

La corriente antipatriótica, bajo el pretexto de que “Bolivia se nos muere”, luego impulsó entusiasta el período neoliberal, que se instauró mediante el Decreto 21060 y los siguientes gobiernos de derecha que enajenaron las empresas del Estado.

En los últimos años, la antipatria se visibilizó en el plan separatista de Bolivia y en los vínculos de sus actores con los legisladores que suscribieron la carta para que el presidente de EEUU, Donald Trump, intervenga en asuntos internos del país.

En ese sentido, Eva Sara Landau actuó con la asambleísta opositora Carmen Eva Gonzales, “quien también impulsó el separatismo en el país y lideró la Masacre de Porvenir, en Pando, legisladora que funge como la cabeza del grupo de diputados y senadores que envió la misiva”, dijo el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, en una entrevista con radio San Gabriel, de la ciudad de El Alto.

“La carta es escrita deliberadamente, además pensada deliberadamente, se supone desde Estados Unidos, la idea viene de Estados Unidos, hacen firmar la carta, se gestiona con una consultora y detrás de esto están los mismos personajes que impulsaron el golpe cívico-prefectural y la aventura separatista en Bolivia del año 2006 al 2008”, además de agentes norteamericanos que responden a agencias de seguridad de EEUU que no quieren ver que Bolivia crezca y se desarrolle, sostuvo el ministro.

Explicó que ese es el primer núcleo de todo este intento de destruir el país, y los que dirigen este proyecto de ataque son los políticos de la oposición: Samuel Doria Medina y Tuto Quiroga, quienes se han convertido en los “enemigos públicos” del Proceso de Cambio.

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