agosto 20, 2019

Una necesaria reforma militar y policial


Editorial La Época-.


En las últimas semanas, la generalidad de los medios de comunicación ha registrado noticias sobre la Policía Nacional desde una perspectiva de crónica amarilla, llena de anécdotas y de una falta de profundidad. A esa línea informativa y editorial hay que sumar la manifiesta intención de muchos de ellos de producir efectos políticos negativos en el gobierno.

Partamos reconociendo que la institución del verde olivo vive un momento muy difícil de su vida. Pero ese momento no es de ayer ni de hace pocos años. Su origen hay que encontrarlo hace más de década y media, junto a la crisis que afectó al conjunto de la institucionalidad del viejo Estado. La crisis de Estado, que empezó a expresarse en el año 2000 y que alcanzó sus máximas expresiones en febrero y octubre de 2003, también tuvo efectos en la Policía.

Con la Asamblea Constituyente, producto de la insurgencia indígena campesina, obrera y popular, una parte fundamental del andamiaje institucional empezó a reconfigurarse de manera distinta. La crisis del sistema político y del sistema de representación se resolvieron con la incorporación de un concepto más amplio de la política y de la democracia. El reconocimiento de que en Bolivia había una democracia intercultural, como síntesis de las democracias representativa, participativa y directa-comunitaria, ha permitido la más rica ampliación de derechos.

Con la Asamblea Constituyente una nueva institucionalidad estatal empezó a construirse en medio de la vieja institucionalidad, con el riesgo inevitable para las revoluciones no surgidas del poder de las armas que algunos niveles de lo nuevo se contaminen de lo viejo. Estamos hablando, sobre todo de las prácticas acumuladas por años que son difíciles de cambiar.

Hay que admitir que, dada la relación de fuerzas en el país en los años de la Constituyente, los destacamentos de hombres armados como diría Lenin para referirse a la Policía y las Fuerzas Armadas no siguieron el camino de la construcción de una nueva institucionalidad. Se produjeron cambios a nivel de los antes llamados poderes del Estado que, bajo la concepción de que el poder y la soberanía es un solo y reside en el pueblo, dio lugar al surgimiento de los órganos del Estado.

Los procesos constituyentes son complejos y un Estado no se desmonta de la noche a la mañana. Sin embargo, no hay revolución política que se profundice si no se operan transformaciones en el aparato de estado, lo que implica asumir el desafío de hacer cambios en las fuerzas armadas y la policía. Se trata de dos instituciones que monopolizan el uso de la fuerza legítima del Estado y que deben de adecuarse a la dinámica del Proceso de Cambio.

No se puede ignorar una realidad. La Policía Nacional y las Fuerzas Armadas necesitan de reformas profundas. Que hagan suya la consigna de Patria o Muerte ¡venceremos! no quiere decir que sean todavía instituciones revolucionarias. Hay que consolidar los aspectos positivos acumulados durante décadas, desmontar y exterminas los malos e incorporar prácticas y una concepción moral nueva. Hay buenos policías para eso. A los malos se los debe separar.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. Morales instruye actuar con todo el peso de la ley con policías que tengan algún vínculo con el narcotráfico | La Época- Con sentido de momento histórico

Leave a Reply

%d bloggers like this: