agosto 20, 2019

Judas Moreno un producto atípico de la estrategia contra los gobiernos de izquierda y progresistas


Por Yassuri Yamilet-.


Mucho se ha escrito, se escribe y se seguirá escribiendo sobre la estrategia conjunta del imperialismo norteamericano, otras potencias imperialistas que le “siguen el ritmo” y las oligarquías latinoamericanas, destinada a recuperar, a toda costa, el monopolio del poder que históricamente ejercieron en la región.

Su objetivo es clausurar, de manera definitiva, los espacios democráticos abiertos por los movimientos populares y las fuerzas políticas de izquierda y progresistas en la lucha contra el neoliberalismo en las décadas de 1980 y 1990, que las llevó a ocupar crecientes espacios en las instituciones del Estado, primero en gobiernos locales y legislaturas nacionales, y después, a partir de la primera elección de Hugo Chávez a la Presidencia de Venezuela, en los gobiernos nacionales de más de una decena de países.

A través de las “guerras” económica, mediática, parlamentaria, jurídica y otras, crearon las condiciones para el derrocamiento mediante golpes de Estado “de nuevo tipo” o la derrota electoral, según el caso, de los gobiernos de izquierda y progresistas de Honduras (2009), Paraguay (2012), Argentina (2015), Brasil (2016) y El Salvador (2019), y en la actualidad recrudecen al máximo el cerco y la presión contra Venezuela y Nicaragua, con miras a hacer lo mismo contra Bolivia, si el presidente Evo Morales es reelecto en los comicios de octubre del presente año y, por supuesto, contra Cuba. No está a salvo Uruguay, aunque por sus características, allí la desestabilización imperialista y reaccionaria es más discreta y sutil, pero no menos peligrosa.

En casi todos los países donde el gobierno de izquierda o progresista fue derrotado, le sucedió, legal o ilegalmente, también según el caso, un gobierno de la derecha neoliberal. Hay dos desenlaces atípicos:

  • En El Salvador, nació y triunfó una tercera fuerza política con una posición crítica, tanto contra el partido de izquierda en el gobierno, como contra el partido de derecha que durante 20 años (1999-2009) gobernó con políticas neoliberales.
  • En Ecuador, resultó ser el nuevo candidato presidencial del movimiento progresista que buscaba mantenerse en el gobierno el que, una vez que asumió la Presidencia de la República, “se dio vuelta” y emprendió un sistemático, meticuloso y vertiginoso desmontaje y reversión del proceso conocido como la Revolución Ciudadana, tanto en política interna como exterior. Es él quien, en lugar de las fuerzas políticas de la derecha neoliberal reconocidas como tales, con derroche de traición y sadismo, ejecuta las “guerras” económica, mediática, parlamentaria, jurídica y otras.

El problema es que quien cumple tan ignominioso y despreciable papel se llama, nada menos que, Lenín Moreno. El nombre no le pega. Por eso propongo que convoquemos a una gran campaña internacional de twitters a esa persona, invitándolo a que vaya ante un notario y se lo cambie por el nombre que sí le corresponde: Judas Moreno.

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