febrero 26, 2020

La necesidad política de escribir


Por Francisco García-.


En un contexto nacional de gradual polarización, donde cada vez más las posiciones políticas terminan invadiendo los espacios culturales y cotidianos, uno se pregunta: ¿cuál puede ser la necesidad de escribir en un periódico? Esta duda toma más interrogantes cuando aquél que tiene que escribir en el periódico no es una persona mayor y con muchas experiencias por compartir, ni un intelectual de prestigio y tampoco un dirigente político a quien determinada gente respalda. Vemos pues, que aquél que tiene que escribir en el periódico no es más que un joven estudiante de universidad pública y es ahí donde uno se pregunta ¿Qué es lo que puede aportar alguien como él al enorme debate político coyuntural? ¿Qué de nuevo hay en las palabras de alguien quien recién empieza a entender el mundo?

Sin duda estas preguntas intimidan y bajonean a muchos de nosotros, los jóvenes, pues vivimos pensando en que carecemos de experiencia, de saberes y de recursos. Mas se nos presenta en este momento una oportunidad muy rara y casi única en la historia de nuestro país, el habernos vuelto la manzana de la discordia del escenario político. En estos últimos años, los jóvenes nos hemos vuelto ese sector de la población al que todo el mundo quiere convencer, pero a muy pocos les interesa comprender.

Digo esto último porque, a nombre de los jóvenes, diferentes partidos políticos han elaborado discursos para volver a ganar adeptos, esencialmente jóvenes. De la noche a la mañana, ciertos partidos políticos vinieron a imponer a la juventud cuáles eran nuestras consignas, qué era lo que defendíamos y hasta cómo deberíamos hacerlo. Nos fabricaron guiones, nos impusieron el orden y el mando que a ellos les convenía y lanzaron a sus esbirros a los medios de comunicación a decir que éramos “ciudadanos auto-organizados y auto-convocados”.

En el otro lado, el indio que ha cambiado Bolivia deja en claro que la juventud es la única capaz de tomar el control del Proceso de Cambio y guiarlo así a las nuevas transformaciones. Lamentablemente, quienes están bajo su mando no siempre entienden esto y, malinterpretando una posición revolucionaria, creen que lo que se tiene que hacer es “conquistar” a los jóvenes con regalos. Puedo afirmar que esta actitud, más honesta y sincera que la anterior, también genera el rechazo de todo joven. Digo esto en tanto que los jóvenes, más que valorar una relación clientelar, valoramos la relación entre iguales, recuperando así la postura revolucionaria del líder de ese Proceso de Cambio, que también nos pertenece.

De esta forma, como hemos visto, es que los jóvenes nos hemos vuelto el elemento central de todos y cada uno de los partidos políticos actuales y, cada cual, a su modo, ha tratado de “ganarse a la juventud” a partir de regalos, promesas o engaños. Sin embargo, el error que se ha cometido en casi todos los casos es el mismo: “hablar por los jóvenes” en vez de escucharlos.

Es por esta razón que considero, en tanto joven, que ha llegado el momento de un cambio y eso implica la necesidad de hacernos escuchar. Pero hacernos escuchar tiene que ir más allá de los guiones propuestos o de las consignas armadas. El hacernos escuchar tiene que implicar hacer conocer nuestro profundo deseo de cambiar el mundo, de tener un país mejor, pues, aunque la gente no lo crea, los jóvenes también somos capaces de grandes cosas, como lo han demostrado los Pingüinos en Chile y las guardias rojas en China.
De esta forma convoco, de forma humilde y sincera, a todos los jóvenes a formar parte activa de los cambios en este país. Pero los convoco a hacerlo desde lo que sabemos hacer, desde el arte, la cultura, la música y las acciones. Puesto que es en la tarea que tenemos todos de hacernos escuchar, donde se encuentra también la necesidad política de escribir.

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