agosto 20, 2019

Assange y Snowden frente a la arquitectura de la opresión y espionaje


Por Nicolás Canosa *-.


Poco tiempo ha pasado desde que el presidente ecuatoriano Moreno entregó a Julián Assange a las autoridades británicas, en sintonía con los intereses de Estados Unidos, que no perdonan que el fundador de Wikileaks haya revelado documentos con las prácticas de tortura empleadas en Guantánamo, las violaciones a los derechos humanos y asesinato de civiles cometidas en Irak, Afganistán, entre otros documentos secretos. Snowden, quien reveló el espionaje global que hace la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) sigue exiliado en la Federación Rusa, imposibilitado de regresar a su país.

El fenómeno del espionaje global, el rol de los servicios de inteligencia y la vigilancia masiva en el marco de lo que se comienza a denominar como un “complejo securitario digital”, está abriendo nuevos escenarios para el “campo de la guerra” como para el “campo de la política”. El epicentro de este dispositivo que se despliega y consolida a nivel mundial es Estados Unidos. Aquí se sostiene que no reemplaza sino que convive —y construye poder— junto al “complejo militar industrial”, término utilizado por Eisenhower en su discurso de despedida como presidente en 1961, en el que advertía el peligro de la “influencia injustificada” de este sector para el futuro de EE.UU. y sus “posibles efectos desastrosos” [1].

Ramonet sostiene en su libro “El imperio de la vigilancia. Nadie está a salvo de la red global de espionaje” [2] que el ciber-espacio se constituye como un “quinto elemento”, dando lugar a nuevas formas de concebir la defensa y las estrategias de seguridad de un país/región y que, en efecto, ha nacido un nuevo complejo securitario-digital que adquiere cada vez mayor relevancia, el cual consiste en una alianza entre las mayores empresas privadas globales de la Internet y la principal potencia militar: EE.UU.

El espionaje, incluso masivo, no es nuevo. Luego de la segunda guerra mundial Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Canadá habían diseñado un programa de intercepción de comunicaciones a nivel global (UKUSA). Lo que resulta destacable es el perfeccionamiento constante, la sofisticación y el alcance de estos sistemas de vigilancia y de obtención de información tanto para la persecución/acción política como para los réditos de las empresas que utilizando la información vertida, conocen mejor los gustos e inclinaciones de sus posibles consumidores. Categóricamente, el español sostiene que “en la era de Internet, la vigilancia se ha vuelto omnipresente y totalmente inmaterial, imperceptible, indetectable, invisible. Además, ya es, técnicamente, de una excesiva sencillez” [3].

Un hecho no menor es que la más conocida de las doce agencias de inteligencia de los Estados Unidos (la CIA) haya sido vulnerada, en apariencia por agentes propios, revelando miles de documentos secretos. Santiago O’Donnell resume que “se trata de una serie de instructivos, escritos en clave informática, con programas de virus y troyanos para pinchar con la última tecnología todo tipo de teléfono, computadora y televisor inteligente, incluyendo comunicaciones justo antes y después de ser encriptadas en smartphones de iPhone y Android por personas que pensaban que sus comunicaciones eran seguras precisamente porque eran encriptadas” [4].

Por otro lado, merece una breve caracterización otra de las agencias más importantes de EE.UU., que gracias a las revelaciones de Snowden, hoy podemos conocer mayores elementos de su capacidad de despliegue. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) “emplea directamente a unos 30.000 agentes, y dispone de aproximadamente 60.000 personas más, reclutadas por empresas privadas. De todos los presupuestos destinados a los servicios secretos estadounidenses, el más importante es el de la NSA” [5].

Además, realizó acuerdos con decenas de empresas telefónicas, de ingeniería informática y electrónica y con servicios de inteligencia de otros países para obtener mayor y mejor cantidad de información. Ante lo cual, se refuerza la advertencia que hicimos al comenzar el artículo y nos impone la necesidad de tomar conciencia acerca de los condicionamientos y ausencia de verdadera privacidad que nos traen las nuevas redes sociales y tecnologías de la comunicación, dominadas por grandes empresas de la comunicación y la web, sin responsabilidad real ante los usuarios.

En este marco, no podemos dejar de subrayar un acontecimiento que demuestra como el fenómeno del espionaje y de la infiltración de los servicios de inteligencia se vuelven centrales en el escenario geopolítico, condicionando las relaciones internacionales de los países, como también los movimientos en la escena política nacional. Un caso paradigmático en nuestra región fue el espionaje masivo que realizó EE.UU. —mediante el programa de vigilancia de las comunicaciones de la NSA— al gobierno de Dilma Rousseff en Brasil, develado por Snowden, lo cual generó un conflicto diplomático y la suspensión de un viaje hacia el país del norte por parte de la presidenta destituida en el año 2016. El comunicado de la Presidencia brasileña fue contundente: “Las prácticas ilegales de interceptación de las comunicaciones y datos de ciudadanos, empresas y miembros del gobierno brasileño constituyen un hecho grave, que atenta contra la soberanía nacional y los derechos individuales, y es incompatible con la convivencia democrática entre países amigos” [6].

Como señala Snowden, estamos ante una minuciosa y peligrosa “arquitectura de la opresión”. Esta es la esencia del complejo securitario-digital, que todo indica tendrá cada vez más incidencia en este siglo. Estamos transitando una acelerada revolución digital, en la cual las redes sociales poseen enorme trascendencia y podemos pronosticar que esta tendencia se elevará, tanto para el espacio personal y las relaciones sociales de los seres humanos, así como para los fenómenos políticos nacionales e internacionales.

El rumbo de la mundialización está en disputa y como contrarrestar estas tendencias desde una lógica solidaria y humanista que no contribuya a la cultura del descarte [7], al decir de Francisco, constituye un gran desafío para este siglo XXI, en el cual los pueblos, respetando y aceptando la pluralidad de identidades e historias, debemos ser los protagonistas.


* Lic. en sociología (UBA). Miembro de la REDH Capítulo Argentina. Integrante de la comisión de integración regional y asuntos internacionales del Instituto Patria.


1 En: http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-3/fuentes/la-guerra-fria/el-complejo-industrial-militar-segun-eisenhower
2 RAMONET, Ignacio (2016). El imperio de la vigilancia. Nadie está a salvo de la red global de espionaje. CABA: Capital Intelectual.
3 O’DONNELL, S. Un duro golpe para la CIA. Página 12. En: https://www.pagina12.com.ar/25002-un-duro-golpe-para-la-cia
4 Idem [2].
5 Idem
6 Recuperado de: http://www.lanacion.com.ar/1620782-dilma-rousseff-suspendio-su-visita-oficial-a-eeuu-por-el-escandalo-del-ciberespionaje
7 PAPA FRANCISCO (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. CABA.

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