julio 23, 2019

Despatriarcalización y Sistema Único de Salud


Por María Bolivia Rothe C *-.


La Despatriarcalización es un concepto de debate político que se establece simultáneamente como punto de partida y de llegada, en la medida que hace referencia a un proceso de transformación individual y social —de las comunidades, de las colectividades, de las instituciones y de las y los sujetos que interactúan en ellas— orientado a interpelar, trastocar, desordenar y desmontar las estructuras y relaciones de opresión que se basan en definir la diferencia sexual como marca de desigualdad sobre la cual se organizan las sociedades y culturas, haciendo prevalecer una serie de relaciones jerarquizadas y jerarquizantes de carácter patriarcal, heterosexista, adulto-centrista, colonial y de clase.

La Despatriarcalización tiene como objetivo final el desmontaje de las relaciones sociales de dominio de base patriarcal, pero no desde cualquier lugar, sino desde nuestra identidad: la identidad plurinacional. Para nosotras, despatriarcalizar no significa luchar contra los hombres, sino contra el sistema patriarcal que afecta a mujeres y hombres; despatriarcalizar es una lucha conjunta de mujeres y varones contra el patriarcado, sistema de dominación donde el poder masculino se reproduce en la familia y se extiende a todo el sistema político, social y cultural. El patriarcado es producto del capitalismo, es producto del colonialismo, tiene dos ejes fundamentales, la religión y la educación, reproduciéndose de manera perversa en la salud.

Por lo tanto, hablar de despatriarcalización desde el Sistema Único de Salud, supone desmontar las exclusiones en salud que son experimentadas y sufridas por las mujeres, históricamente sometidas a un sistema de salud centrado en la enfermedad, que nos imaginaba casi exclusivamente desde la esfera reproductiva (con una única función de procreación, crianza y cuidado) y que así estructuró durante casi 30 años, las modalidades de atención en salud, excluyéndonos de los beneficios más allá de la esfera reproductiva.

Aun así y a pesar de esto, sigue siendo Bolivia un país con altísimas tasas de mortalidad materna, enormes cifras de embarazo adolescente no deseado y abortos clandestinos mal practicados. ¿Por qué? Quizás deberíamos busca la respuesta no exclusivamente en el sistema de salud, sino también en la forma como el sistema liberal estructura las relaciones de poder entre hombres y mujeres, quienes, desde esa mirada, son los que durante años estructuraron y definieron el sistema sanitario.

La Despatriarcalización supone también la reorganización horizontal de los pactos relacionales y de desarticulación del poder. Desde el sistema de salud, estas relaciones de poder son de doble vía; por un lado, la soberbia del médico (a) que así mismo se considera como poseedor (a) de un conocimiento que le da poder sobre los pacientes, porque su saber es legitimado desde la propia sociedad que lo considera casi “mago” al poseer conocimientos exclusivos sobre el funcionamiento del cuerpo, por lo tanto, sobre el mecanismo de la vida, y por otro, la concepción machista y las relaciones de poder desiguales entre médicos y médicas.

Entonces el desafío pasa por la inclusión en el Sistema Único de Salud de una nueva visión respecto a la medicina en relación a las mujeres, no solamente en tanto pacientes, sino también en tanto médicas. Es necesario que las mujeres médicas nos detengamos a repensarnos y nos liberemos de ese constructo perverso establecido por el patriarcado, haciéndonos más sensibles y adoptando mayores acciones de sororidad con nuestras congéneres, porque tanto ellas como nosotras hemos sido presas de este sistema desigual y opresor.

Toca ahora y cuanto antes, desmontar las relaciones medicalizadas centradas en la enfermedad y dar paso a espacios horizontales de poder compartido, entre los profesionales de la salud y el pueblo en general, en el cual somos fundamentalmente las mujeres las que asumimos el rol de vigilancia de la implementación práctica del derecho ala salud. Y esto, a sesenta días de iniciado el SUS es fácilmente demostrable en los hechos: de cada 4 personas que fueron atendidas por el SUS, 3 son mujeres; esto expone la enorme exclusión a la que estaba sometida la mitad dela población boliviana, que encuentra ahora en el SUS, una oportunidad más para vivir bien.


* Feminista. Médica salubrista. Actual jefa de la Unidad de Promoción de la Salud del Ministerio de Salud.

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