mayo 27, 2019

El Robo, una película que perturba a los privatizadores


Por José Galindo *-.


“Matemos al mensajero”, fue seguramente lo primero que les vino a la cabeza a los principales medios de comunicación que hoy han cerrado filas para evitar una última postulación de Evo Morales a la presidencia cuando se estrenó el documental gubernamental El Robo, que va más allá de la anécdota y la revisión histórica para señalar a los culpables del saqueo de las principales empresas del país durante la última década y media del siglo pasado. Y estos culpables, de cientos sino miles de muertes por violencia, desnutrición y pobreza ¿Tendrán éxito? ¿Se puede borrar el pasado? ¿Somos tan estúpidos y manipulables? ¿Se ha logrado acallar las voces que denuncian este acto de traición a la patria?

La película El Robo fue financiada por el gobierno y desarrollado por la consultora mexicana Neurona a partir de los hallazgos de una comisión legislativa cuyo objetivo fue investigar en profundidad los pormenores del proceso de privatización de la economía boliviana, ejecutado por diferentes gobiernos del periodo neoliberal.

La investigación de los procesos de privatización y “capitalización” —un eufemismo para entregar las empresas estatales estratégicas a las transnacionales—, empezó en la segunda mitad del período legislativo 2010-2015, con el senador Adolfo Mendoza como uno de sus principales “sabuesos” y continuó con los actuales miembros de una comisión de la Asamblea Legislativa plurinacional. Es decir, se revisaron durante años miles y miles de papeles para probar, con documentos, el saqueo de nuestros recursos que los gobiernos del neoliberalismo hicieron impunemente. De eso no dicen nada los opinadores y escribidores que critican la película boliviana.

Sí, fue financiado por el gobierno y sí, se lo hizo con un móvil político: enterrar por fin los restos de una élite, responsable de la enajenación de nuestros recursos naturales y el saqueo de nuestras empresas, que hasta el día de hoy se niega a morir.

Más allá de lo que todos ya sabíamos, que es que se vendió el país a precio de gallina muerta, la labor de nuestros parlamentarios logró identificar 50 nombres de personas que se beneficiaron ilegal e inconstitucionalmente a partir de sus conexiones con el poder de ese entonces. Ese es el mensaje, ese es el hallazgo. Lo demás, el preámbulo. ¿Valió la pena? Sí, categóricamente sí valió la pena. Porque el periodo que se vivió, con sus altos y bemoles, no debe repetirse so pena de caer nuevamente en una espiral de pobreza y exclusión. Aunque al parecer no son pocos los que sienten nostalgia por aquellos dulces días en los que había gente, mucha gente, para comprar.

No deja de ser curioso que los opinadores de varios de estos medios de comunicación se hayan limitado a comentar acerca de la empresa que realizó el documental y no se hayan pronunciado sobre su contenido, a no ser para criticar detalles y no el mensaje del documental en sí. Y mucho más curioso aun cuando los principales ideólogos de la oposición se han dado la libertad de formular categorías pseudocientíficas para catalogar al actual gobierno y a su modelo económico.

“Capitalismo de camarillas”, lo llaman, como si fuera una novedad que los empresarios siempre tratan de arrimarse al poder para asegurar sus ganancias. Como si el capitalismo funcionará de forma abstracta o como una máquina, y no con personas de carne y hueso, con camarillas. Como si Dick Cheney no hubiera sido un vicepresidente empresario que se benefició con la invasión de Irak. Es posible que el capitalismo tenga más limitantes institucionales en otras partes del mundo, pero el Crony Capitalism o Capitalismo de Camarillas parece ser sólo una faceta más de la personalidad de El Mercado, la de la mano invisible sin la cual, para los ideólogos liberales, no puede funcionar.

Lo central

Vamos al grano. En sus últimos minutos, el documental señala: “La participación de empresarios privados en la política nacional como ministros, como viceministros… hay varios casos en los que viendo estas redes podemos identificar que…” (se cambia de entrevistado) “se han consolidado unos grupos empresariales muy fuertes, muy poderosos económicamente hablando…” (se vuelve a cambiar de entrevistados, por el gusto al drama seguramente, no los podemos culpar, son comunicadores) “…y muchos de esos personajes todavía están vigentes y viven alrededor de nosotros…” “uno de los nombres que más destaca de los implicados es un exministro del gobierno de Jaime Paz Zamora: el señor Samuel Doria Medina…” “Doria Medina (comienza a narrar la voz en off) fue asesor económico de Jaime Paz Zamora y luego ministro de Planeamiento y Coordinación, desde donde coordinó la enajenación de gran parte de las empresas públicas. También era presidente de la Sociedad Boliviana de Cemento S.A., de la cual también era el accionista mayoritario. Entre los socios de SOBOCE figuran Fernando Romero Moreno, ministro de Planeación y Coordinación, y casualmente socio del CitiBank y el Grupo Visa, entre cuyos socios también figuraba Goni… (y los nombres desfilan y desfilan…) Otro socio de SOBOCE fue Flavio Claros Escobar Llanos, sub secretario de Desarrollo Socioeconómico, y fungió como representante legal de Doria Medina en la compra de FACEP (empresa privatizada) en la que también participó Susana Doria Medina Auza, hermana de Samuel; Giovanny Pacheco Fiorillo, hombre de confianza de Doria Medina en Soboce, fue coordinador de Doria Medina y Gerente de FACEP cuando ésta fue privatizada…” “Luego de hacerse con las empresas cementeras de Sucre y de Tarija Samuel Doria Medina (entra otro entrevistado) llega a copar el mercado del cemento como empresario cementero durante la década del noventa…”.

Y así, y así, los nombres van por Kuljis, Garafulic, nuevamente Sánchez de Lozada… tres o cuatro más… Oscar Bonifaz Gutiérrez, ¡y más y más! Nos dicen que son casi 50 nombres, de personas, que participaron en el proceso de privatización y enajenación de los bienes públicos bolivianos mientras eran empresarios y al mismo tiempo funcionarios públicos. Es difícil perderse en esta parte, pues el poder y el mundo del dinero empresarial se observan nítidamente entrelazados: y esto es lo importante, lo que el documental denuncia y lo que quieren acallar los medios de prensa tradicionales. Eran políticos que vendían las empresas del Estado a precio de gato muerto en el nombre del bienestar y el porvenir de la patria, y al mismo tiempo eran empresarios que ganaban jugosos dividendos por este servicio que le prestaban al país. (Se estaban vendiendo a sí mismos una ganga, para el que no entienda, y eso es malo) ¿Nadie está indignado? Porque sí es así tal vez sí merecemos pasar por esto nuevamente, para que esta vez sí deje huella…

Porqué el silencio

Pero, en fin, los defensores del periodo neoliberal que no tienen la valentía de decirlo de frente critican a El Robo de que se haya tratado de marear la perdiz con fotografías de funcionarios y militantes oficialistas disfrazados de aguerridos campesinos. No debería sorprender a nadie esas críticas. La pregunta es ¿por qué nadie dice nada sobre lo central del documental, sobre el crimen que se acaba de revelar? Y eso es porque para el boliviano de a pie, para la mayor parte de la población que no tiene tiempo de pensar en el pasado y menos aún para tratar de interpretarla teóricamente, estas son aguas de otro río.

Y a los pocos días de proyectarse la producción, los opinadores del neoliberalismo usaron algunos hechos de corrupción registrados en el actual gobierno para alimentar el prejuicio de cuando un político llega al poder, es más que legítimo que trate de beneficiarse económicamente mientras pueda hacerlo. Lo cierto es que esa es una burda maniobra para esconder o tratar de enterrar un período de nuestra historia reciente que de la mano del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional empobreció al país y a la inmensa mayoría de los bolivianos y bolivianas.

Nuevamente, volvemos a la tesis de que hay algo mal en la forma en la que hace política y se hacen negocios en Bolivia y en el resto del mundo, que ya no cree ni en la democracia como forma de gobierno porque ya no creen en ninguna forma de gobierno. El neoliberalismo mató la democracia, pues solo la convirtió en una herramienta para legitimar la concentración de la riqueza y la transnacionalización de la economía. Acá la indiferencia sí mata, pues si se logra acallar este mensaje no hay más que esperar que una nueva tanda de políticos empresarios, si hipotéticamente el país volviera a ser conducido por los de “antes” disfrazados de ciudadanos, se vuelva a repartir el Estado pedazo a pedazo con alguna nueva justificación muy parecida a la cursilería de “Bolivia se nos muere”. Se nos ha hecho costumbre.

La crítica

Cuando salió la película y la investigación legislativa estaba esperando críticas que se esmeren en matizar y relativizar sus hallazgos; estaba esperando que los teóricos del capitalismo de camarillas explicaran porque es peor cuando el capital que aceita esta máquina es chino que cuando es estadounidense; estaba esperando que alguien diga algo sobre el mensaje del documental… pero luego llegó Rafael Archondo, con estas joyas:

1. “La empresa con la que Raúl Garafulic operó en Bolivia no es BRISA, sino PRISA y es tan famosa en España que cuesta creer que los investigadores del gobierno la confundan con el viento”.

¿En serio Rafael? ¡¿En serio?! ¡¿Una letra es tu crítica a un proceso que señala nombres, que señala culpables?! Ok, tal vez la siguiente sea más seria…

2. “En 1985, el MNR y ADN no votaron juntos para hacer presidente a Víctor Paz Estenssoro. Lo hicieron el MNR y el MIR. La ADN se unió al carro en la formación del gobierno, no en su concepción”.

Podría decir que el orden de los factores no altera el producto, pero creo que tu gusto por el detalle es comprensible y es serio, pero fuera de ello ¿Era la misma coalición independientemente de quien se haya unido antes o después, no? ¿No?

3. “Ivo Kuljis no fue ni ministro de Gobierno ni ministro de Finanzas, sino de Desarrollo Productivo”.

Pero era ministro, Rafael, era ministro… y empresario… en un proceso de privatización.

4. “Que Alfonso Revollo haya tenido un hermano trabajando en la Shell, no es indicio de nada, es un dato inútil dada la presencia marginal de la petrolera anglo holandesa en el proceso”.

¿Por qué no les dices eso a Favian Siñani y a su esposa? Estoy seguro que él apreciaría mucho esta defensa…

¿Y te olvidas de la extorsión que Revollo le hizo a un banquero para que siga aportando plata al MNR bajo amenaza de que si no lo hacía le cerraban el banco, lo que finalmente sucedió?

5. “Qué COMSUR haya sido vendida a la empresa suiza Glencore tampoco es indicio de enajenación alguna”.

Pero sí es indicio que COMSUR haya sido la empresa de Goni, que era presidente del país, mientras era parte de esta empresa ¿No?

6. “Es una vergüenza que los productores de ‘El Robo’ no hayan podido conseguir una foto de Antonio Sánchez de Lozada, excontralor y hermano de Goni”.

¿Hubiera sido un mejor documental con la foto de Antonio? Bueno, más allá de eso, tú lo dijiste: “excontralor y hermano de Goni”, quien era presidente. Me pregunto cómo reaccionaría la gente si el actual contralor fuera el hermano de Evo.

7. “Que Fernando Salazar Paredes haya sido parte de los directorios de las capitalizadas no es nada cuestionable, porque él ocupó funciones públicas varios años antes”.

Entiendo, era un político empresario profesional… profesional en aprovechar sus cargos.

8. “Una de las investigadoras confunde la TDE (Empresa Transportadora de Energía) con una inexistente TDH”.

Ok, ésta si me convence… ¡Que devuelvan el dinero de la investigación y acá no pasó nada!

En fin, las críticas a El Robo, película a la que no vamos a dejar de observarle problemas de producción, no debería hacernos perder de vista, como lo hace con los escribidores del neoliberalismo, que la crítica de la crítica es escribir en la memoria colectiva el saqueo impune de nuestros recursos naturales que, a nombre de democracia y libre mercado, cercenaron nuestra ya débil soberanía nacional.

Tal vez deberíamos privatizar todo de nuevo… para aprender de verdad.


* Es politólogo.

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