junio 19, 2019

Narcoestado, tráfico de drogas y conspiración política (I)


Por Fernando Rodríguez Ureña *-.


Instalada como está la matriz comunicacional de Bolivia Estado Narcotraficante, tarea exitosamente desplegada por las redes sociales y los medios de comunicación masiva nacionales e internacionales, toca comprender cuales son las características y categorías que implica esta definición y en qué medida se aplican o no al Estado Plurinacional de Bolivia.

¿Son los supuestos “carteles de la droga en Bolivia”, organizaciones que como su nombre lo indica, se han posicionado territorialmente y controlan espacios donde han generado un gobierno propio?

¿Vivimos una realidad similar a los casos de Medellín, Cali, Sinaloa, territorios que son considerados por sus propios estados como poderes que actúan no legal, pero sin duda realmente, con libertades y garantías para la producción, distribución y comercialización de la cocaína?

Entonces, si así fuera, ¿cuál es el involucramiento del sistema financiero y la banca en esta inocultable actividad, que mueve centenas de millones de dólares?

En consecuencia con los anteriores requisitos, ¿como es que el Estado Plurinacional de Bolivia se auto protege y convierte la actividad económica del narcotráfico en un negocio más, como la minería, los hidrocarburos o la agroindustria?

Si estas condiciones aplicaran al Estado Plurinacional de Bolivia, ¿sería coherente que estallaran escándalos como el que se ha producido en los últimos meses, afectando a nuestras instituciones?

La construcción de la matriz mediática del Narco Estado es inconsistente, pero resulta muy eficiente en las guerras de cuarta generación, que toman variables de la realidad y las manipulan para crear “realidades virtuales” donde la otra parte la ponen los intereses imperiales (vgr.: recordar caso Zapata).

Con esto no queremos tapar el sol con un dedo y ocultar que la actividad ilícita del narcotráfico es una realidad que enloda a personas e instituciones y que además desde el siglo pasado es usada para producir efectos políticos.

Un primer ejemplo, del uso político del narcotráfico en nuestra historia, es la obligada renuncia de Juan Lechín Oquendo a la vicepresidencia en el gobierno del MNR (1962), cuyo presidente era Paz Estensoro.

Lechín materializaba el Cogobierno de la COB, léase el cogobierno de los obreros, que se habían constituido en el poder dual que pretendía avanzar hacia la consecución de su proyecto histórico de clase, al interior del proceso nacionalista de la revolución del 1952.

Una conspiración de la Embajada norteamericana, envolvió a Lechín con un hecho relacionado al uso y comercialización de drogas que obligó su renuncia, “evitando el avance de la amenaza comunista”.

Desde entonces, el narcotráfico es parte de los métodos de las agencias norteamericanas como elemento de conspiración contra gobiernos ajenos a sus intereses, dada que Bolivia es productor de la materia prima para la producción de la cocaína.

Pero paradójicamente, es también parte de su asociación delictiva, como lo demostraron funcionarios de los gobiernos de Banzer, Jaime Paz, Paz Estensoro, durante los cuales, se comprobaron casos explícitos de incentivación y protección al narcotráfico.

Lo evidente es que si hay un Narcoestado en el planeta son los Estados Unidos, a través de sus agencias como el Departamento del Tesoro, la CIA, la DEA y por supuesto su Banca.

Sino, preguntémonos como es que se salvó al sistema financiero de EE.UU. en la crisis financiera del 2008.

Fue el dinero de origen delincuencial relacionado al narcotráfico el que amortiguó el impacto de la crisis en bancos estadounidenses como los JP Morgan, Goldman Sachs, Wells Fargo, Citibank.

El periódico británico The Guardian, citando fuentes de funcionarios de organismos de la ONU (el jefe de la unidad antidroga de la ONU en 2009) señaló “que los 352 mil millones provenientes de orígenes ilícitos que lavaron los bancos estadounidenses durante 2008, mantuvieron el sistema financiero a flote a la altura de la crisis mundial”, añadiendo que “El producto del crimen organizado era el único capital líquido de inversión disponible para algunos bancos al borde del colapso del año pasado (…) Los préstamos interbancarios (en EE.UU.) se financiaron con dinero proveniente del comercio de drogas y otras actividades ilegales”.

Según investigación de William Serafino (Misión Verdad. 04 Mayo 2019), se afirma que “Un informe del año 2011 de la división antidrogas de la ONU reveló que los carteles de droga estarían lavando en el sistema financiero global aproximadamente 1,6 billones de dólares, lo que corresponde al 2,7 del PIB mundial.

Según la misma ONU, de esos 1,6 billones, 580 mil millones se lavan anualmente en el sistema financiero estadounidense, con base a datos de 2009”.

En una próxima nota, señalaremos qué bancos norteamericanos tienen relación con esta actividad, del verdadero Narcoestado.


* Sociólogo. Militante Guevarista.

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