junio 17, 2019

Venezuela Bolivariana: Ellos solo creen en la paz de los sepulcros


Por Julio A. Muriente Pérez * -.


Como sabemos, los gobiernos de Cuba y Estados Unidos anunciaron la reanudación de relaciones diplomáticas en diciembre de 2015.
El gobierno saliente del republicano Dwight Eisenhower había roto relaciones con la naciente revolución, en los primeros días de enero de 1961, en vísperas de la invasión mercenaria de abril de ese año, que había sido diseñada, organizada y financiada por Washington, y finalmente ordenada por el presidente entrante, el demócrata John Kennedy. Lo que vino después fue agresión, amenazas, bloqueo, acoso. Para el gobierno de Estados Unidos —republicanos y demócratas son la misma cosa— era inadmisible que su neocolonia caribeña, tomada como botín de guerra en 1898, escapara del redil. Mucho menos que tuviera la insolencia de proclamar el socialismo, justo antes de la fracasada invasión por Playa Girón.

Hay que analizar con detenimiento la declaración hecha por el presidente estadounidense, el demócrata Barack Obama, cuando hizo pública la decisión de su país de reanudar relaciones diplomáticas con Cuba. Entonces reconoció que, habiendo utilizado todas las formas imaginables a su alcance, en más de medio siglo Estados Unidos no había logrado derrotar a la Revolución Cubana. Que habían decidido reanudar relaciones a ver si así lograban su objetivo de siempre. La decisión de Washington no fue una rama de olivo, ni suponía el reconocimiento del carácter irreversible, independiente y soberano, de la Revolución Cubana. Todo lo contrario.

No ha pasado mucho tiempo para que hayamos podido constatar los verdaderos objetivos de Estados Unidos hacia Cuba, que han sido los mismos, desde el primero de enero de 1959. La actitud beligerante del gobierno del republicano Donald Trump, ha retrotraído las cosas a la intolerancia de la Guerra Fría. Lo mejor de todo es que despeja confusiones y vanas ilusiones en quienes por un momento confiaron en que Estados Unidos respetaría a Cuba, como país libre de decidir su destino.

Pues bien, de la misma manera que ha sido contra Cuba Revolucionaria. lo es contra Venezuela Bolivariana. Para ellos, el problema está en lo de “Revolucionaria” y “Bolivariana”. Si sesenta años después siguen obstinados en no dejar piedra sobre piedra en la tierra de Martí y Fidel, también pretenden arrasar la tierra del Libertador. No, el problema mayor no es quien esté presidiendo cada uno de estos países. El problema son los valores y aspiraciones que esos dirigentes representan y defienden.

Ellos solo creen en la paz de los sepulcros, la que han impuesto a sangre y fuego por tanto tiempo en Nuestra América y en tantos otros países del planeta. Han correspondido a la invitación hecha por el gobierno de Noruega a entablar conversaciones de paz, porque durante los pasados meses han sido duramente derrotados, en todas sus artimañas, agresiones y amenazas. No les ha quedado otra opción.

El gobierno venezolano, por su parte, ha hecho lo que era su deber hacer; es decir, acudir a la invitación de diálogo. De ninguna manera es un ejercicio de candidez del gobierno Bolivariano. No es que tenga demasiadas esperanzas en que de ese diálogo salga algo positivo. Pero ha demostrado fehacientemente que desea la paz verdadera, que pasa por el respeto a la soberanía nacional e independencia y en rechazo a toda injerencia externa.
Ha demostrado además, y esto es lo fundamental, que el poder verdadero —no el “poder” virtual que pregonan hasta el cansancio los medios de comunicación internacionales, cómplices de la agresión y la farsa— radica en el gobierno legítimo que encabeza el presidente Nicolás Maduro, las Fuerzas Armadas Bolivarianas y el pueblo organizado cívica y militarmente. Y ese no se rinde.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.

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