junio 17, 2019

A la oposición se le cae la esperanza


Editorial La Época-.


Hace algo más de dos semanas, un show político fue montado por el ex presidente Jorge Tuto Quiroga, y el presidente del Comité Pro Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, en la Casa de Nariño, cuando se reunieron con el presidente Iván Duque, para presentarle una cantidad de firmas y la solicitud de que ese Estado pida a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte-IDH), la “opinión consultiva” de si la reelección es o no un derecho humano.

Con esa acción política, amplificada por sus actores y con el respaldo de algunos medios de comunicación, nacionales e internacionales, se pretendía que la candidatura del presidente Evo Morales para las elecciones del 20 de octubre fuera catalogada de ilegal e ilegítima, que es el eje central discursivo de la oposición. Colaborados por el ex presidente colombiano Andrés Pastrana y tomando como fundamento el resultado del 21 de febrero de 2016, los dos políticos –uno, que no tiene ni sigla partidaria, pero es activista internacional contra los procesos de izquierda en la región, y el otro, que se refugia en un ente cívico para hacer política-, aseguraron que los gobiernos de Colombia y Brasil iban a interponer el recurso ante la Corte-IDH, con sede Costa Rica, de manera inmediata.

El tiempo ya no les alcanza. Aunque no se puede tener absoluta seguridad, es evidente que Duque y Bolsonaro han escuchado a sus afines ideológicos, pero políticamente han decidido no presentar ningún recurso ante esa instancia del Sistema Interamericano. Las razones de esa decisión son varias, van desde el convencimiento de que hay suficiente materia de jurisprudencia internacional que avala la sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) del 28 de noviembre de 2017 (Casos Oscar Arias y Juan Orlando Hernández de Costa Rica y Honduras, respectivamente) hasta los problemas internos que enfrentan ambos mandatarios en sus países por causas económicas, institucionales y políticas. Duque y Bolsonaro miran impotentes como sus grados de popularidad hacen aguas todos los días por la aplicación de un modelo neoliberal y por medidas de corte facistoide que están generando rechazo de amplios sectores de la población. Para peor de ambos mandatarios, corrientes internas dentro de cada uno de sus gobiernos los obliga a estar más preocupados de como evitan el descalabro que en meterse en problemas externos.

De hecho, Duque fue una pieza fundamental de la estrategia estadounidense contra el gobierno venezolano de Nicolás Maduro, pero el fracaso de su implementación (como el 23 de febrero y el 30 de abril), lo ha colocado en mala situación interna, agravada por el rechazo de la sociedad colombiana a su intención de echar abajo los acuerdos de paz entre el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP).

Una de sus peores derrotas ha sido la liberación del dirigente del partido Farc, Jesús Santrich, contra quien se montó una operación fallida de querer involucrarlo en una actividad de tráfico de drogas hacia los Estados Unidos después de firmarse los acuerdos.

En síntesis, volviendo a la acción de la derecha boliviana. La iniciativa de Quiroga y Camacho, que no es otra que el plan de la oposición boliviana, se cae a pedazos y con eso su esperanza de querer ganar las elecciones de octubre “desde afuera y con los de afuera”.

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