agosto 22, 2019

“Evo quiere acabar con lo poco que queda de democracia”


Por Delfín Arias Vargas (*) / Editorial Cambio-.


A poco más de cuatro meses de las elecciones generales fijadas para el 20 de octubre, un analista político lanzó, a través de CNN, una insostenible consigna política: “Evo quiere acabar con lo poco que queda de democracia”.

Se trata de Carlos Toranzo, quien, manifiestamente y pese a vender un perfil de analista independiente, hace mucho tiempo tomó partido por una oposición que ansía bloquear, o al menos desacreditar, un nuevo triunfo electoral del presidente Morales.

La multitudinaria concentración del 18 de mayo, que copó gran parte de la superficie de la pista de 4 kilómetros de largo por 45 metros de ancho del aeropuerto de Chimoré, en la que Evo demandó el voto mayoritario del pueblo para completar la transformación de Bolivia, despertó los demonios de una oposición carente de programa de gobierno, aunque atiborrada de estratagemas antidemocráticas orientadas a engatusar al electorado.

“Hermanos, quiero decirles, ¿por qué cinco años más (de gobierno)? Para terminar las grandes obras. ¿Por qué cinco años más Evo? (…) Para garantizar esta liberación para toda la vida”, sostuvo aquel día Morales dirigiéndose a la gran concentración humana.

Evo repasó los objetivos alcanzados durante sus 13 años de gobierno, relievó la fortaleza, el crecimiento y el liderazgo de la economía boliviana en Sudamérica, la industrialización de los recursos naturales, los proyectos hidroeléctricos en marcha, la construcción de cientos de kilómetros de carreteras pavimentadas, además de obras de infraestructura productiva, educativa y de salud, entre otras.

También reveló que entre sus planes de desarrollo está la instalación de una planta de petroquímica en Tarija, con una inversión de más de 1.000 millones de dólares, y una millonaria inversión en la instalación de 41 plantas para la industrialización de litio a gran escala, entre otros macro proyectos.

Sin embargo, la propuesta de Evo para que el pueblo respalde con su voto 5 años más de gobierno para concluir las megaobras que apuntalarán el desarrollo boliviano, para la oposición es “atentar contra la democracia”.

A todas luces, una torpeza política que intenta desconocer que la soberanía del Estado proviene del pueblo, el que, al final de cuentas, definirá en las urnas y con su voto si aprueba o desaprueba la propuesta del candidato oficialista.

No obstante, Toranzo expuso en CNN un país sin servicios básicos, sin salud ni educación, con la justicia al servicio del Gobierno, que exporta cocaína en las narices del Estado y con una democracia en una profunda crisis institucional.

“Según Morales, él necesita este cuarto mandato para terminar lo que llama sus grandes obras, las obras que empezó ya hace 13 años, porque él siente que ya existe toda la fuerza para consolidarlo. ¿A qué se refiere y qué fue lo que no pudo consolidar en los 13 años anteriores?”, preguntó el periodista de CNN.

Toranzo respondió que bajo el gobierno de Evo las exportaciones se multiplicaron por 13 veces, las importaciones por 12 y la renta petrolera por 10, pero “no hay salud”, “en Bolivia es un horror enfermarse”, “la educación es mala”, “no hay saneamiento básico” y “la justicia está cooptada por el poder político”, al igual que el Legislativo y el Tribunal Supremo Electoral.

También descalificó al secretario General de la OEA, Luis Almagro, quien, durante su visita a Bolivia, destacó la institucionalidad democrática y a contra pelo de lo que esperaba la oposición, aseguró que “decir que Evo Morales no puede participar en las elecciones sería absolutamente discriminatorio”.

“Lo más grave es que el señor Almagro visitó Chimoré, el centro de la producción de coca. Hay un circuito entre Chimoré y San Pablo de venta de cocaína”, imputó Toranzo.

Además, condenó que durante su visita al trópico de Cochabamba, el Secretario General de la OEA se pusiera “guirnaldas de coca”, y opinó “que el Chapare es el lugar donde el 95% de la producción de coca se destina a la producción ilícita de pasta base y clorhidrato” de cocaína.

“¿Qué es lo que quiere entonces Morales, acabar qué? Acabar con lo poco que queda de democracia. No se trata de acabar obras, sino acabar con la libertad de prensa, con la libertad de expresión, con el derecho a la disidencia”, machacó el analista de marras.

No obstante, la exitosa implementación —con resultados positivos— del nuevo modelo económico, social, comunitario y productivo desmiente categóricamente los dichos de Toranzo y pone las cosas en su verdadero sitio.

Toranzo dijo que “la educación es mala”, mentira. Mientras que en 2005 se contaban 15.527 unidades educativas, en 2018 ese número llegó a 16.733; además de otras 5.000 unidades educativas construidas y/o ampliadas a cargo del programa Bolivia Cambia Evo Cumple.

Si en 2005 el sistema educativo mantenía 100.273 maestros con ítem; hasta 2018 esa cifra subió a 146.856 maestros, y la tasa de abandono escolar se redujo de 4,5% en 2005 a 1,5% en 2018. Entonces, la educación no es mala.

“No hay salud, en Bolivia es un horror enfermarse”, otra mentira. En los últimos 13 años se construyeron 1.061 nuevos establecimientos de salud, está en marcha un vasto plan de construcción de hospitales con una inversión de 2.100 millones de dólares (14.616 millones de bolivianos) y se crearon 18.550 nuevos ítems para atender la demanda de los servicios de salud.

El 1 de marzo, el presidente Morales puso en vigencia el Seguro Único de Salud (SUS) en más de 3.100 establecimientos de salud de primer nivel, en 77 hospitales de segundo nivel y en 33 de tercer nivel, exceptuando los nosocomios de Santa Cruz, cuyo gobernador, Rubén Costas, antepone sus intereses políticos a la atención médica gratuita del pueblo cruceño.

Y como si fuera poco, la 72 Asamblea de la Organización Mundial de Salud (OMS), realizada hace un par de semanas en Ginebra, Suiza, celebró la implementación del SUS para preservar la salud de las y los bolivianos.

Ahora bien, sostener que en Bolivia “no hay saneamiento básico” es otra enorme falacia. Si en 2005, solo 4 millones de personas tenían acceso al saneamiento básico, en 2018 esa cifra trepó a 6,8 millones de personas, es decir, hubo un incremento del 70%.

Toranzo vuelve a faltar a la verdad cuando echa sombras a las políticas de erradicación de coca y de lucha contra el narcotráfico, cuyo logro es reconocido por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por su sigla en inglés), y por la Unión Europea.

Entonces, cuestionar la visita de Almagro a Chimoré —otrora base militar de Estados Unidos en Bolivia—, que se haya colgado una guirnalda de hojas de coca y especular sobre un supuesto “circuito entre Chimoré y San Pablo de venta de cocaína” es una infamia.

En ese sentido, la acusación de que “Evo quiere acabar con lo poco que queda de democracia”, cae por su propio peso. Durante la visita de Almagro, la Cancillería firmó con la OEA un acuerdo para que el organismo hemisférico —que ya certificó la transparencia de 18 procesos electorales— supervise, controle y garantice la transparencia de las elecciones del 20 de octubre.

Es otra descomunal mentira que el analista sostenga que Evo quiere acabar con “la libertad de prensa, con la libertad de expresión, con el derecho a la disidencia”. No es cierto, nunca antes hubo tanta libertad para que la oposición ejerza su derecho a la libertad de expresión e incluso apelando a la mentira: los ejemplos están ahí.

En este contexto, el pedido de Evo para que el pueblo apoye su proyecto de país no solo fortalece la democracia, sino que envía un mensaje claro a quienes en nombre de ella pretenden desacreditarla.

La democracia se fortalece con la verdad, con el respeto al adversario político, a la pluralidad de voces y a la disidencia, con el pleno ejercicio de la libertad de conciencia, de expresión y de prensa, con transparencia, y con políticas y propuestas electorales orientadas a beneficiar al pueblo.

A la democracia no se la fortalece si se la instrumentaliza para alcanzar objetivos espurios, con estrategias de desgaste del adversario político, con acusaciones que transgreden la verdad, con desinformación orientada a manipular al electorado ni con falsas poses políticas.

Entonces, es difícil seguir sosteniendo que la oposición actúa en el marco de los principios y valores democráticos, cuando la realidad desvela que apuesta por la descalificación, la falacia y la impostura.


(*) Comunicador social y público en democracia

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